Las Navidades de 2015 no fueron las más dulces para los aficionados del Chelsea. Desde que Roman Abramovich se instalara en Stamford Bridge hace más de una década, los ‘blues’ se habían acostumbrado a cantar el tradicional Auld Lang Syne del año nuevo británico en los primeros puestos de la tabla. Pero hace doce meses la historia había cambiado. El equipo andaba coqueteando con el descenso a la Championship y los mismos hombres que habían ganado la Premier League hacía medio año parecían haber olvidado sus cualidades. Diego Costa ya no marcaba, Eden Hazard desaparecía partido tras partido y el resto de la plantilla seguía la estela de sus mejores jugadores. La situación era tan insostenible que la única alternativa pasaba por destituir a Jose Mourinho y el portugués no llegó ni a celebrar el Boxing Day sentado en el banquillo. El relevo provisional era Guus Hiddink, que maquilló la temporada con un décimo lugar en la competición inglesa, cayendo ante el París Saint-Germain en los octavos de final de la Champions League.

Stamford Bridge cerraba por vacaciones en mayo y el club necesitaba un entrenador que pudiera revertir los fracasos en éxitos de nuevo. El elegido fue Antonio Conte. Después de tres ‘scudettos’ consecutivos con la Juventus —que sigue reinando en Italia camino de la sexta Serie A desde 2012— y tras dos años dirigiendo a la selección italiana, en los que disputó la Eurocopa’16 llegando a cuartos de final, el nuevo reto del transalpino era devolver al Chelsea a su lugar, al sitio donde había acostumbrado a verse año sí y año también, en la lucha por los títulos.

Tras la confirmación de Antonio Conte como nuevo técnico ‘blue’, el mercado de traspasos estival también trajo consigo a tres futbolistas que se han instalado de pleno derecho entre los elegidos habituales de las alineaciones del técnico italiano. A mediados de julio se hizo oficial la llegada de uno de los jugadores que revolucionaron la Premier League la temporada pasada. N’Golo Kanté, que se ensalzó como uno de los héroes de la gesta del Leicester de Claudio Ranieri, fue la primera apuesta que llegó a Stamford Bridge para dotar de mayor consistencia al centro del campo con sus innumerables recuperaciones y su incansable trabajo en la medular. Para terminar de confeccionar al equipo se sumaron dos fichajes de última hora. El primero de ellos, un viejo conocido de la afición del Chelsea: David Luiz, que volvía al club tras su paso por el París Saint-Germain para reforzar el centro de la zaga. Y la otra incorporación, Marcos Alonso, venía de la Fiorentina para ocupar el carril zurdo de la defensa.

 

Un año después, con las Navidades de nuevo en el horizonte, ya nadie recuerda aquel Chelsea que deambulaba sin rumbo en la parte baja de la clasificación

 

La Premier League arrancaba con el Manchester City y el Manchester United en el escaparate después de las grandes inversiones de los dos clubes del noroeste de Inglaterra. Con Pep Guardiola y Jose Mourinho como nuevos inquilinos de sus respectivos banquillos, y con las estelares contrataciones de Ilkay Gundogan, Zlatan Ibrahimovic o Paul Pogba, parecían los equipos a batir este año. Chelsea, Arsenal y Liverpool aguardaban expectantes en un segundo plano, sabedores de que en una liga tan competitiva con la suya todo puede pasar.

West Ham, Watford y Burnley eran los tres primeros rivales del equipo dirigido por Antonio Conte en liga y los resultados invitaban al optimismo. Nueve puntos de nueve posibles, siete goles a favor y dos encajados. Todo parecía andar sobre ruedas, pero las dudas pronto se instalarían en el este de Londres con el paso de los encuentros. Un empate fuera de casa ante el Swansea podía entrar dentro de lo establecido, aunque las dos derrotas que se consumaron en las siguientes jornadas hicieron saltar las alarmas, más aún cuando se producen contra dos rivales directos como Liverpool y Arsenal. Los ‘reds’ de Jurgen Klopp encerraron al Chelsea en la primera mitad gracias a una intensa presión en campo contrario que derrumbaba una y otra vez los intentos de salir con el balón controlado de los londinenses. El 0-2 con el que finalizaron los primeros 45 minutos, con goles de Lovren y Henderson tras sendas segundas jugadas, permitió a los de Liverpool minimizar los riesgos en el segundo tiempo y esperar agazapado atrás en busca del contragolpe. Bien colocados en defensa, dejaron pocos espacios para que los de Conte crearan peligro con el balón en su dominio y solo concedieron un gol materializado por Diego Costa.

Ocho días después esperaba el Arsenal, ese equipo que enamora con su fútbol y aspira a todos los títulos en septiembre, pero que con cada mes que tachamos en el calendario va perdiendo fuelle y se va disipando progresivamente cualquier posibilidad de lograr algo en mayo. Una historia que en el Emirates Stadium conocen al dedillo. Y la mala suerte del Chelsea era que les tocaba disputar el Gran Derbi de Londres en septiembre, el mes de los sueños para los ‘gunners’. El equipo de Arsène Wenger pasó como un rodillo sobre los ‘blues’ y solo necesitaron el primer tiempo para sentenciar el encuentro. Ante un Chelsea con escasez de ideas, el Arsenal fue totalmente opuesto a su enemigo íntimo. Fluidos con el balón en posesión y activos en la recuperación y en el contraataque, los ‘gunners’, liderados por unos inspiradísimos Alexis Sánchez, Alex Iwobi y Mesut Özil, aprovecharon todas las carencias del equipo de Antonio Conte para hacer disfrutar a su afición. El primer gol llegó tras un error garrafal de Gary Cahill en la salida del balón cuando pasaban los primeros diez minutos del partido. Alexis aprovechó el mal pase del central para convertirlo en gol con una sutil definición por encima de Thibaut Courtois. Mientras el Chelsea aún se recomponía del tanto que abría el electrónico, Theo Walcott ya había puesto el 2-0 en el marcador tras una sensacional combinación de Özil e Iwobi al borde del área para que Héctor Bellerín sirviera en bandeja el gol al extremo inglés. Un gol al contragolpe de Mesut Özil a falta de cinco minutos para concluir la primera parte cerraba el encuentro y sacaba a relucir las carencias del Chelsea de Antonio Conte. Se distanciaba cada vez más del Manchester City de Guardiola, que solo conocía la victoria tras seis jornadas de liga disputadas.

 

Desde que recuperó la defensa de tres, el equipo de Conte ha encajado solo dos goles en los últimos once choques, que le han valido para adjudicarse el récord de victorias consecutivas del club en la Premier

 

El técnico italiano no daba con la tecla y el buen inicio del curso se había desvanecido después de tres jornadas sin ganar. El próximo rival era el Hull City y Antonio Conte inició un encuentro por primera vez con el sistema que tan buenos resultados le dio en su etapa al frente de la Juventus. Ya con David Luiz y Marcos Alonso acoplados al ritmo del resto de la plantilla —llegaron en la cuarta jornada del campeonato—, dejó atrás la defensa de cuatro hombres compuesta habitualmente por Ivanovic, Cahill, Terry (hasta que David Luiz estaba disponible) y Azpilicueta y pasó a formar con tres centrales y dos carrileros en las bandas como en sus años de ‘bianconeri’. Victor Moses es su nuevo Stephan Lichtsteiner y Marcos Alonso se ha convertido en la opción para la banda izquierda como en su día lo fue Kwadwo Asamoah. Y César Azpilicueta, David Luiz y Gary Cahill cada vez se asemejan más a ese pack de centrales italianos integrados por Andrea Barzagli, Leonardo Bonucci y Giorgio Chiellini. Desde el primer día que recuperó la versión más purista de su particular librillo de entrenador las victorias empezaron a caer uno tras otra, como si se tratara de un problema matemático que Conte resolvió para encontrar la fórmula de un Chelsea ganador casi por inercia.

ChelseaHull City, Leicester, Manchester United, Southampton, Everton, Middlesbrough, Tottenham, Manchester City, West Bromwich, Sunderland y Crystal Palace. Uno tras otro han ido cayendo cuando este reconvertido Chelsea se cruzaba en sus caminos. Victorias de todo tipo y de todos los colores. Pero solo victorias. Las ha habido ajustadas, como ante Middlesbrough (0-1), Tottenham (2-1), West Bromwich (1-0), Sunderland (0-1) y Crystal Palace (0-1); también han llegado triunfos de prestigio contra rivales como United (4-0) y City (1-3); o goleadas repletas de buen juego frente a Everton (5-0) y Leicester (3-0). El único punto en el que conectan todas ellas es la solidez defensiva que ha alcanzado el equipo desde que Conte recuperó la defensa de tres, encajando únicamente dos goles en los últimos once choques, que le han valido para adjudicarse el récord de victorias consecutivas del club en la Premier League al superar los diez partidos seguidos que vencieron los ‘blues’ de Jose Mourinho en la temporada 2004/05.

Un año después, con las Navidades de nuevo en el horizonte, ya nadie recuerda aquel Chelsea que deambulaba sin rumbo en la parte baja de la clasificación. Tampoco se acuerdan de que Diego Costa solo llevaba tres goles a estas alturas, diez menos que este año, ni se les pasa por la cabeza que Eden Hazard desaparecía del mapa cada fin de semana ahora que vuelve a rendir como se espera. Conte ha recuperado la mejor versión de sus jugadores, del mismo modo que se ha reencontrado con el Antonio que diseñó un equipo campeón en Turín y que este año alegrará las fechas navideñas a la afición de Stamford Bridge al verse, de nuevo, por encima de todos en la tabla.