El Cholo Simeone acabó el último partido de la Europa League en la tribuna. Un aristócrata futbolístico pasó a formar parte del pueblo, a perderse en él, convertido en partisano revolucionario agarró una bufanda rojiblanca y con el pitido final la blandió al viento.

Por encima y debajo de él, la gente lo observaba como al César. Pero este emperador no da el tipo de dictador enaltecido y violento, no hace gestos con el pulgar para pronunciar su veredicto. Las guerras europeas se libran ahora a lo Cicerón, en praderas verdes perfectamente confeccionadas. El deporte rey, como lo llaman sus secuaces, ha heredado solo la parte moralista de las luchas armadas.

Me he subido a la grada para recordaros que debemos mirar constantemente las cosas de un modo diferente, parecía decir el Cholo, como si él fuera el profesor John Keating y la hinchada una panda de adolescentes con un potencial único para la literatura. El club de los poetas muertos. “Oh Capitán, mi Capitán”. Aunque esta vez la poesía es un grito y la muerte la antesala de la resurrección. El Atleti se presenta así a los exámenes finales, arrastrando convicciones.

 

“Para entender lo que pasa, hay que haber llorado dentro del Calderón, que es mi casa, o del Metropolitano”

 

El fútbol no se creó para triunfar, sino para calmar la rebeldía social, dicen los teóricos. Pero el Cholo sigue en la tribuna y acaba de marcar su equipo, y de nuevo con la palabra de John Keating recuerda a sus alumnos que deben luchar por encontrar su propia voz, que no deben considerar solo lo que crea el autor o el teórico, que consideren lo que piensan ellos. “No se limiten a saltar como conejos, miren a su alrededor”.

El manual del ‘Pupas’ tiene un prólogo apocalíptico y el Cholo lo recita a gritos, sabiendo que las derrotas derriban murallas pero también levantan convicciones. Él sabe que con el dolor se escriben mejor las historias, entonces la literatura se convierte en un instinto de supervivencia de aquello que no se quiere olvidar. “Para entender lo que pasa, hay que haber llorado dentro del Calderón, que es mi casa, o del Metropolitano”, donde ahora llora un niño con su papá de la mano.

Simeone solo necesita pronunciar el prólogo, quienes atienden saben el resto de la historia tan bien como él, porque ellos llevan toda su vida escuchando esa música, tanto en el infierno como en el cielo. El partisano, el pibe de los tacos, el nuevo loco, el más utópico de los indios. Diego Simeone lleva ya una década luchando contra las reglas, pero sobre todo contra el establishment de la pelota, aquel que ahoga a los rivales con políticas austeras.

Lo dijo el Calderón: “Orgullosos de no ser como vosotros”. El establishment disfrutó de aquello creyendo que hacían apología del cinismo. Hay veces que los hipócritas no ven más allá. El Cholo, un enviado icónico de la leyenda rojiblanca, con la bufanda al viento y levitando sobre el Metropolitano… “¡qué manera de vivir!”. Ahora tienen que volver a escribir la historia, pero pase lo que pase no dejarán de ser originales.