Cuando él tenía un mes y dos días, su padre estaba de fiesta en París tras una noche que acabó por todo lo alto con casi 20.000 devotos gritando su nombre y el de sus colegas. No sería un capítulo glorioso para una guía de padres, pese a que Gustavo ya había tenido a su primer vástago justo dos años antes y contase con nociones básicas del ‘oficio’.

Diego (8 de abril de 1995) nació en Zaragoza, pero con dos años cambió el cierzo por la lluvia, La Romareda por Stamford Bridge y el club de una región por uno de tantos en Londres. Pero sus primeros recuerdos futbolísticos le sitúan en White Hart Lane. “Me acuerdo de ir a ver a mi padre jugar, especialmente en el Tottenham. Iba con toda mi familia los sábados”. Como muchos jóvenes, la pelota rodó para que Diego construyese el paso de su infancia a la adolescencia. “En mi casa es todo fútbol. Todos los días hay algún partido. En ese ambiente crecí, queriendo ser como mi padre o mi hermano mayor. Era mi sueño poder jugar al fútbol y que fuese mi trabajo”.

Pero la saga se remonta a una generación superior. El abuelo, Washington Poyet, fue internacional por Uruguay en baloncesto, Gustavo tomó el relevo cambiando de disciplina (mantuvo la planta) y Diego quiere sentir la camiseta charrúa en su pecho. Aunque en este caso ha contado con más opciones.

URUGUAY, LA CASA DE LOS POYET

Español de nacimiento, con pasaporte inglés por residencia y también uruguayo, el actual jugador del West Ham United tomó una decisión al respecto en 2015. En septiembre del pasado año fue convocado por Inglaterra Sub-20 de cara a un encuentro amistoso, pero Diego paró el movimiento. Necesitaba elegir. “Jugué unos partidos para Inglaterra [sub-16 y sub-17], pero llega un momento en el que tienes que decidir porque me estaban llamando de Uruguay e Inglaterra y en un momento le dije a mi padre que no quería viajar más con la inglesa porque podían decir ‘decidió jugar con la inglesa, ya no le llamo de Uruguay’ o ir a la uruguaya sin decir nada en Inglaterra…así que les dije a las dos que por unos meses no quería decidir nada porque tenía ofertas de los dos muy buenas. Los dos me decían que sólo eran amistosos y que no pasaba nada porque después podía cambiar, pero no quería hacer eso más. Ahora he decidido ir con Uruguay”.

Diego (8 de abril de 1995) nació en Zaragoza, pero con dos años cambió el cierzo por la lluvia, La Romareda por Stamford Bridge y el club de una región por uno de tantos en Londres

El centrocampista de contención se ha enfundado la zamarra charrúa por primera vez en marzo de 2015, en un amistoso de Uruguay sub-20 ante Francia, así como un torneo internacional en Coimbra frente a Uzbekistán y el combinado luso. ¿España nunca tanteó a un jugador nacido en su territorio y que desde bien joven creció en las categorías inferiores del Charlton Athletic bajo el destello del recuerdo de su padre? “No, España nunca [me ha llamado]. La selección española sabemos todos lo que es, es impresionante la forma con la que juegan, el fútbol que a mí me gusta. Hubiese sido lindo que me llamasen, pero con lo difícil que es y los jugadores que hay… El problema que tuve cuando era joven [categoría sub-16 o sub-17] es que me llamaba la uruguaya pero no podía ir por la escuela al tener que viajar tan lejos. Si me hubiese llamado España me hubiese interesado muchísimo…”.

DEL CHARLTON AL WEST HAM

A los 11 años, en 2006, Diego entró en la academy del Charlton como el ‘extranjero’ y se fue en 2014 como un producto de calidad de los ‘addicks’ y siendo un ídolo de la afición. Recibió el premio al mejor jugador del año pese a debutar en enero. Acabó contrato y cambió de camiseta, pero sigue en Londres. No suma ni una decena de partidos con los ‘hammers’, pero Sam Allardyce frenó su salida como cedido al confiar en él. Poyet va a luchar. Cuenta con la fuerza de los martillos de su club y el gen charrúa de una patria de menos de cuatro millones de habitantes que impresiona al mundo del fútbol.