Los italianos nunca han llevado bien lo de marcarse un Erasmus (futbolístico, claro está). Cuando cruzan más allá de los Pirineos, del mar Tirreno o del Adriático para probar nuevas aventuras lejos de casa, parecen otros. Los goles no entran, las asistencias dejan de llegar al compañero y los regates se pierden entre piernas enemigas. Pocos transalpinos han triunfado lejos de Italia; muchos resultaron un fiasco, véase los casos de Cannavaro, Zambrotta, Cassano o tantos otros; y los Totti, Del Piero, Baggio y compañía fueron los más sabios y acertaron con la decisión de quedarse en casa. A Ciro Immobile le pasó lo que a la gran mayoría le sucedía al atreverse a vivir un tiempo en un país extranjero. Las dudas, la irregularidad y las suplencias estuvieron a la orden del día cuando vivió en Dortmund y en Sevilla. Ahora que está de vuelta en su querida Italia, su fútbol ha resurgido.

Con 23 años fichó por el Torino y marcó tantas dianas como primaveras tenía entre liga y copa. Fue el año de su consolidación en el calcio después de un sinfín de cesiones. Entonces, Robert Lewandowski ponía rumbo al Bayern de Múnich y el Borussia Dortmund llamó a la puerta del Torino para fichar a Ciro. El equipo de Jurgen Klopp necesitaba a un hombre que ocupara el vacío del polaco y llegó Immobile, pero los goles no vinieron consigo, se quedaron en tierras transalpinas. Jugó hasta 34 encuentros durante el único curso que estuvo en el Westfalenstadion y solo celebró una decena de dianas. Al acabar la temporada, la puerta por la que entró a inicios del anterior verano fue la misma por la que salió.

La solución podría haber sido volver a casa, pero se dio a sí mismo una segunda oportunidad para demostrarse que eso de ver al guardameta rival recogiendo el balón de su portería podía hacerlo en cualquier rincón del mundo y no únicamente en Italia. Aterrizó en el Sánchez Pizjuán con ese propósito y la ilusión le duró hasta poco más allá de las campanadas de Nochevieja. En medio año como sevillista solo vio portería en cinco ocasiones y en enero preparó las maletas para volver, como cedido, al lugar donde empezó todo, al Torino, para recuperar esa sensación que empezaba a notar ajena a él: ser el capocannoniere de su equipo, la referencia en el ataque.

En su breve retorno a la ciudad piamontesa dejó unos registros similares a los de su estancia en Sevilla y al finalizar el préstamo fichó por la Lazio. Desde que viste la camiseta laziale ha vuelto el Immobile que todos conocían en Italia antes de su fallido intento de triunfar en el extranjero. Ciro es ese que cuando pisa el área no se pregunta qué hacer, sino que resuelve las dudas dejando el balón reposar en la red. Es el mismo de antaño, el que vive con el gol entre ceja y ceja, el que se pelea por cada balón sin importarle quien sea el defensa de turno y el que cruzaría tierra, mar o aire para hacer lo que más le gusta, que es sencillamente meter la pelota dentro de la portería.

Y si el año pasado ya demostró que el Ciro Immobile que enchufó más de una veintena goles con el Torino en la 2013/14 había vuelto, este año está batiendo todos sus registros. El hat-trick ante el Milan y los dobletes contra Genoa, Hellas, Juventus y Cagliari son prueba de ello. Cumplidas once jornadas en la Serie A ha visto portería en 14 ocasiones, más que nadie en Italia. Y a sus devastadores números de cara a portería hay que sumarle que se ha convertido en un asistente de lujo. Aunque a sus compañeros les saque de quicio su egoísmo en alguna jugada en la que el gol es su único objetivo, él saca a relucir los números y cierra bocas. Mis compañeros me dicen que nunca les paso el balón y que solo pienso en marcar goles”, recordó tras su hat-trick de asistencias ante el Benevento. Porque no le basta con ser el capocannoniere de la Serie A, ahora también encabeza la lista de asistentes de la liga con seis pases de gol.

Quizá el fútbol que se despliega en Alemania no estaba hecho para Ciro. Como tampoco se sentía a gusto en el estilo técnico y de toque que predomina en España. Fue volver a Italia y recuperar todo aquello que siempre le caracterizó antes de cruzar la frontera. Los chutes vuelven a entrar, las asistencias llegan a sus aliados y su fútbol brilla de nuevo. Que la Lazio haya conseguido nueve victorias en los once primeros encuentros ligueros no es fruto de la casualidad y que el casillero de goles a favor sume 31 dianas, tampoco lo es. Parte de la culpa de los registros del conjunto laziale, los mejores en su historia, la tienen los goles de un Ciro Immobile que vuelve a reventar redes en su país, el único lugar en la tierra que comprende el fútbol del actual capocannoniere de la Serie A.