Minuto 96. 3-3 en el marcador. Y una falta lejana como última vía para sumar los tres puntos y poner tierra de por medio en la clasificación. Hace poco más de un mes, cuando eran rayas azules y granas las que le vestían, era impensable que en aquel panorama Paco Alcácer se convirtiera en el héroe de la jornada. El fin de semana pasado, en cambio, el goleador de Torrent abandonó el Signal Iduna Park con el balón bajo el brazo tras otra tremenda actuación con el Borussia Dortmund. Qué cosas, cómo cambia el fútbol -y la vida- de un día para otro.

Desde que abandonara el césped de Mestalla para dar un salto en su carrera marcando goles en el Camp Nou, Paco Alcácer se pasó dos años esperando. Esperando a que algún día Neymar, Suárez o Messi le dejaran participar en sus recitales, esperando a que Luis Enrique hiciera cambios en el once, esperando a que Ernesto Valverde confiara en sus goles. Esperó tanto que Munir El Hadadi volvió de sus dos años de Erasmus -uno precisamente como recambio de Alcácer en el Valencia y el otro con buenas actuaciones en Mendizorroza- y, entonces, el Barcelona se dio cuenta que solo había hueco para uno como teórico relevo de Luis Suárez. En otro de los tantos giros de guion que protagoniza el club azulgrana cuando se abre la ventana de traspasos, el valenciano, fichado por 30 millones dos veranos atrás, se marchaba cedido al Borussia Dortmund y el canterano de La Masia volvía a tener un hueco en la plantilla.

Fichas por el Barça y parece que todo va a ser increíble. Un palmarés envidiable, jugar al lado de Messi, marcar goles a mansalva, ser el delantero centro de uno de los mejores clubes del mundo. Y, de repente, ves que no todo era tan bonito como pintaba en un inicio. Ahí es cuando el fútbol te odia.

 

Ha vuelto a ser ese delantero brutalmente inteligente de movimientos, capaz de crear espacios con sus desmarques y sus balones al hueco y con un don especial para dejar en la red cualquier balón que carezca de propietarios

 

Por suerte, Dortmund se presentó como la vía de escape perfecta. Adiós a competir con Luis Suárez, adiós a las prisas y la inmediatez que exigen en can Barça, adiós a la desconfianza de verse apuntado en la lista de suplentes o en la de no convocados semana tras semana. “Decidí buscar minutos fuera. En el Barça, con Luis Suárez, Messi o Dembelé es complicado jugar”, aseguró el delantero en su regreso a la Selección.

Sin un ariete puro en las filas del Borussia antes de su llegada, la oportunidad de reencontrarse con su juego estaba enfrente de sus ojos y Alcácer no la ha desaprovechado. Ha vuelto a ser ese delantero brutalmente inteligente de movimientos, capaz de crear espacios con sus desmarques y sus balones al hueco y con un don especial para dejar en la red cualquier pelota que carezca de propietarios en el área rival. Así, reencontrándose consigo mismo, ha superado todas las cifras goleadoras que había registrado en el pasado.

Lucien Favre le ha regalado tres ratitos en este arranque de curso en la Bundesliga, los únicos que ha podido disputar debido a molestias musculares, y el valenciano ha respondido incluso mejor de lo esperado. Gol en su debut ante el Eintracht para cerrar el partido. Doblete a domicilio contra el Bayer para poner los dos últimos goles en el marcador (2-4). Y, tras jugar y marcar en su único partido como titular en Champions, si aún no les había parecido suficiente su irrupción en el fútbol alemán, Alcácer arregló con un hat-trick el trabado partido contra el Augsburgo volviendo a salir desde el banquillo.

Cuando pensaba estar tumbado en el barro, apareció el Borussia Dortmund, le dio galones y empezó a jugar como los ángeles. Enchufa cada balón que toca, tiene en el bolsillo a la afición desde el primer día y se ha situado como el máximo goleador de la Bundesliga habiendo jugado apenas 81 minutos, una octava parte del tiempo que lleva el balón rodando en el presente campeonato. Ahí es cuando el mismo fútbol que aparentaba odiarle en sus días azulgranas, hoy le sonríe de nuevo.

“Lo que está claro es que un jugador con confianza es mejor que uno sin confianza”, resaltó el propio futbolista. Las diferencias entre el Alcácer que saltaba al Camp Nou para aprovechar las pocas oportunidades que le llegaban y el Alcácer que está devorando el fútbol alemán son evidentes. Y este cambio le ha valido para enfundarse la Roja y para desquitarse de los fantasmas del pasado. Quizá todo sea tan sencillo como eso, creer en uno mismo.