Siempre nos han gustado las historias en las que el pequeño se impone al grande. Si éstas van acompañadas de un balón, pues aún nos atraen más. La estética, lo moderno y lo cool quedan a un lado para que el romanticismo que todo aficionado al fútbol lleva dentro resalte por encima del resto. Nos cautivaron los éxitos de Otto Rehhagel al frente del Kaiserslautern y de la selección de Grecia. El verano pasado también quedamos prendados de un grupo de islandeses que demostraron que el nombre de detrás de la camiseta es lo de menos cuando amas al escudo que luce al frente de ella. Unos meses antes aprendimos que soñar despiertos, como lo hicieron Claudio Ranieiri y compañía, mola mucho más que hacerlo cuando estás durmiendo. ¿Para qué engañarnos? Siempre hemos sido más de David que de Goliat. Y probablemente el primer ‘David’ del fútbol fue Brian Clough, aunque con su carácter altivo demostraba que se creía más grande que Goliat.

Como futbolista destacó a medias. Habitual de la Second Division vistiendo las camisetas del Middlesbrough y del Sunderland, eso de irse al eterno rival parecía preocuparle más bien poco. Era un delantero con olfato goleador, escurridizo entre los imponentes centrales británicos, que también tuvo su oportunidad con los pross, aunque se quedó únicamente con dos internacionalidades. Con 29 años decidió colgar las botas por culpa de una lesión de rodilla. Nacía el Brian Clough entrenador. Tenía el mismo estilo chulesco de cuando era jugador. Pocos amigos en el vestuario y salidas de tono a mansalva, pero un gen ganador insaciable y un buen compañero de viaje, Peter Taylor, el único que entendía y toleraba la complicada personalidad de Brian desde que sus carreras se unieran en su paso por el Middlesbrough.

INICIOS EN LOS BANQUILLOS

Cuando su rodilla dijo basta mediada la temporada 1964/65, el entrenador del Sunderland, George Hardwick, le ofreció la posibilidad de entrenar a los juveniles de los Black Cats. A Clough le gustó la idea de sentarse en el banquillo y, ya desde el principio, parecía que se le daría bien el asunto clasificando al equipo juvenil para la final de la FA Cup. Al verano siguiente el Hartlepool United de la cuarta división inglesa llamó a la puerta y aceptó. Pero necesitaba a su compañero, a su gran confidente, para iniciar su aventura de entrenador. Que Peter Taylor fuera el entrenador del Burton Albion no fue problema, le arrancó de ese banquillo y se lo llevó al suyo. Era el punto de partida de una dupla que, aun teniendo sus idas y venidas, acabaría formando parte de la historia del fútbol inglés.

 

“Si Dios hubiera querido que jugáramos al fútbol en el cielo, le habría puesto césped”, decía para dar a entender que la pelota debía jugarse a ras de suelo.

 

En Hartlepool iniciaron un recorrido juntos. Quizá los resultados no acompañaron, pero pusieron los cimientos de lo que sería en unos años la conexión Clough-Taylor. El primero, amo y señor de la preparación de los partidos y de la motivación de las plantillas. Y su ayudante despertó un ojo clínico para detectar a jóvenes talentos a lo largo y ancho de las Islas Británicas. No se le escapaba ni uno, casi siempre acertando en sus fichajes. El mejor ejemplo fue John McGovern. Se lo llevaron al Hartlepool con 16 años y les siguió en sus aventuras por Derby, Leeds y Nottingham.

DERBY COUNTY, PRIMER ÉXITO

En 1967, después de dos años en Hartlepool y de algún que otro rifirrafe con el presidente del club —el primero de muchos— comenzó una nueva etapa en el Derby County. Escalaba hacia la élite desde el banquillo de un equipo de la Second Division, donde se encontró con el multimillonario presidente Sam Longson, que le dio toda la potestad para hacer y deshacer los cambios que se le ocurrieran para sacar al equipo de la zona baja de la tabla. Lo consiguió a través de una idea clara de juego: fútbol de posesión, vistoso y con mentalidad atacante, rehuyendo del juego brusco y directo con el que se suele etiquetar al fútbol que se practica en el lugar donde se creó este deporte y del que se mostró crítico durante toda su carrera en los banquillos. “Si Dios hubiera querido que jugáramos al fútbol en el cielo, le habría puesto césped”, decía para dar a entender que la pelota debía jugarse a ras de suelo. Tras un primer año en el que se consiguió el objetivo de salvar la categoría, en el segundo vinieron las alegrías para The Rams, aunque los éxitos no estuvieron exentos de momentos críticos en la relación entre Clough y Longson.

La primera de tantas polémicas vino de la mano del fichaje de Dave Mackay, histórico extremo zurdo del Tottenham que con el Derby County pasaría a jugar de líbero por imposición del técnico. Así era Clough. Él lo quería a toda costa y pagaría lo que fuera por Mackay. 14.000 libras al año, el mejor sueldo de un futbolista en Inglaterra en esa época, fueron el motivo del desencuentro entre entrenador y presidente. Longson no sabía los números que se bajaraban en la operación y al enterarse el cabreo fue monumental. Un futbolista de segunda cobrando el dinero que nadie cobraba en la First Division parecía una locura. Y lo era. Pero la jugada le salió bien y ese mismo año el Derby County volvía a la máxima categoría del fútbol inglés con un Mackay imperial en su nueva posición.

Las próximas dos temporadas se establecería en la parte alta de la tabla. Un meritorio cuarto puesto en el primer año y un noveno al curso siguiente. Mientras, Brian Clough iba contratando y despidiendo a futbolistas a su antojo, sin importarle lo que dijeran los de arriba, que se tiraban de los pelos con cada una de las excentricidades del entrenador. Aun así le aguantaban porque sabían que con él los éxitos llegarían. Daba igual lo que hiciese, al final siempre se salía con la suya. Y en la temporada 1971/72, la tercera consecutiva en la First Division, hizo campeón de liga al Derby County, la primera en sus 88 años de historia. Aquella liga se la llevó después de una lucha frente a frente contra el Leeds United de Don Revie, el mejor equipo de Inglaterra por aquel entonces y archienemigo de Brian Clough. Su mala relación inició en un enfrentamiento en la FA Cup cuando el Derby aún merodeaba por los campos de segunda. A Clough no le gustaron las formas de Revie y le cruzó de por vida. Criticó hasta la extenuación los éxitos de aquel Leeds, al que se le apodaba Dirty Leeds (Sucio Leeds) por las malas maneras de sus futbolistas sobre el césped y el estilo brusco y agresivo con el que se establecieron en la cima.

 

Clough demostró que en esto del fútbol lo de ser pequeño o ser grande puede ser muy relativo.

 

Su último servicio dirigiendo al Derby County fue clasificarlo para las semifinales de la Copa de Europa al año siguiente de conquistar la liga. Ahí se topó con la Juventus de Turín entrenada por el checo Čestmír Vycpálek. 3-1 en casa de la Vecchia Signora y 0-0 en Inglaterra. El sueño del Derby County acababa con una frase de Clough a los periodistas transalpinos tras el encuentro: “Yo no hablo con cabrones tramposos”. Al dejar The Rams, se unieron al ambicioso proyecto del Brighton & Hove Albion, que tenía en mente repetir la historia que protagonizaron en Derby. Clough duró un solo año ahí tras una mala temporada en la que luchó por no descender a la Fourth Division. Llegarían un par de movimientos inesperados en su carrera: la primera separación con Peter Taylor, que decidió seguir en el club dos años más, y la vinculación con el mayor de sus enemigos, el equipo al que más odiaba.

44 LOCOS DÍAS EN LEEDS

La destitución de Alf Ramsey al frente de la selección de Inglaterra dejó las puertas abiertas a un banquillo muy deseado por cualquier técnico inglés. Brian Clough sabía que su estilo déspota no encajaba excesivamente bien con los dirigentes de la Football Association, por lo que no se veía como candidato a ocupar el puesto de seleccionador. “Estoy seguro de que los mandamases de la selección de Inglaterra creían que, si me contrataban y me confiaban el empleo, me pondría a dirigir el cotarro. La verdad es que son muy listos: eso es exactamente lo que habría hecho”, decía sobre su posible designación. Al final, fue su ‘querido’ Don Revie el elegido después de catapultar al Leeds hasta la cumbre del fútbol del país. Ese movimiento de fichas dejaba al club de Yorkshire sin entrenador. E incomprensiblemente, después de innumerables críticas de unos a otros, Brian Clough era presentado como entrenador del Leeds United.

No se entendía nada. ¿Por qué el Leeds ha contratado al hombre que ha intentado desprestigiar sus últimos éxitos? ¿Por qué Brian Clough se va al equipo del que tanto ha criticado su estilo? La respuesta a la primera se desconoce; la de la segunda pregunta se la hizo llegar Clough en el primer entrenamiento a su nueva plantilla. “Hasta donde yo sé, podéis tirar todas esas medallas que habéis ganado estos años a la basura, ya que las ganasteis todas robando”. Claro y rotundo, aunque una entrada un tanto curiosa para alguien que quiere lograr títulos con sus recién conocidos pupilos. Con ese inicio era difícil que jugadores y entrenador congeniaran, más aún cuando los futbolistas del Leeds, liderados por Johnny Gilles y Billy Bremner, le profesaban un cariño especial a Don Revie, el hombre que les había guiado hacia los mejores momentos de sus carreras futbolísticas.

El arranque con el Leeds no fue bueno. Perdió el primer título de la temporada, la Charity Shield, ante el Liverpool y se veía que ni Clough se sentía a gusto con sus jugadores ni ellos acababan de aceptar la idea de que él les entrenase. Pasaron 44 días de amarga convivencia en Elland Road hasta que los jugadores y la directiva mantuvieron una reunión definitiva. Brian Clough estaba fuera del club tras 44 días en el cargo. Su despedida fue al más puro estilo Clough: “Hoy es un día muy triste… para el Leeds United”.

En 1975 empezaría su andadura en el Nottingham Forest. Volvía a un club de la Second Division. Volvía a lo que a él se le daba bien. Un club humilde, sin las exigencias de la presión por parte de la prensa, la afición o la directiva y el poder necesario para construir un equipo fiel a sus ideas y a su estilo de juego. Pero, sobre todo, se reencontraba con Peter Taylor a partir de su segundo año en Nottingham —donde nació Taylor—, el fiel compañero sin el que Clough sentía el mayor de los vacíos. Juntos de nuevo, volvieron los días de gloria. La gloria de un Nottingham Forest ya conocida por todos. Campeón de la First Division en 1978 y dos veces campeón de la Copa de Europa en 1979 y 1980. Unos logros que a Brian Clough le valieron el respeto de las futuras generaciones del fútbol inglés y el reconocimiento como uno de los mejores técnicos que han salido de las Islas Británicas. Quizá no era el más simpático de la clase, aunque tampoco pretendía serlo, pero demostró que en esto del fútbol lo de ser pequeño o ser grande puede ser muy relativo.