El partido de disputó en el Estadio Nacional de Lisboa, porque el José Alvalade, campo habitual del Sporting de Portugal, estaba en obras. En el banquillo de los lisboetas se sentaba el argentino Alejandro Scopelli, que aquel mismo verano había llegado a Portugal procedente del Español. En Sarrià se hizo famoso por suministrar oxigeno a los jugadores para mejorar su forma física. Un tipo innovador, a la altura de una competición que se inauguró aquel día de forma experimental e improvisada. Los partidos, por ejemplo, no tenían fechas fijas. Y como los clubes no tenían iluminación en los estadios, los encuentros se disputarían en días festivos. Pero, con todo, el torneo siguió adelante. Y ya van 60 años.

La del 4 de septiembre de 1955 fue una tarde de fútbol entretenida. Antes del primer cuarto de hora, el local Joao Batista Martins marcó el primer gol en la historia de la competición. Pero los yugoslavos respondieron con dos goles de Milos Milutinovic, uno antes del descanso y, otro, justo después. Milos, por cierto, era el hermano mayor del entrenador trotamundos Bora Milutinovic.

Ya entrada la segunda parte, Quim devolvió la igualada al marcador. Pocos minutos después, el capitán del Partizan, Stjepan Bobek, volvía a poner a los serbios en ventaja. Sería Martins, otra vez, el que marcara de nuevo para los portugueses, dejando el marcador en ese 3 a 3 para la historia. Además de goles, el choque también tuvo sus momentos de tensión. Se pudo ver al primer expulsado en la historia de la competición: fue el jugador del Sporting José Galaz, que, según el colegiado, se había pasado de la raya con las protestas.

En la vuelta, el Partizan ganó por 5-2 y pasó la eliminatoria. En cuartos le esperaba el Real Madrid, futuro campeón. Los serbios fueron capaces de ganar a los madridistas en Belgrado, por 3 a 0. Aquel partido siempre será recordado por la nieve que había sobre el terreno de juego. Pese a la goleada, el Partizan no pudo superar los 4 goles de ventaja que Di Stéfano y compañía traían de la ida.