No cabe duda, los marineros ingleses que pisaban Suecia cada cierto tiempo a finales del Siglo XIX apoyarían a la selección sueca. O, al menos, sería la única por la que se sentirían representados. Ocurriría, aunque dudaran los más puristas, porque los suecos son mucho de tomárselo todo con moderación como reza su estilo de vida o los seguidores de la corriente sueca de vida llamada Lagom. Esta forma de entender las cosas consigue que los suecos maticen todo, que se desvivan por los grises. Como ocurrió en Brasil 1950 o está ocurriendo en Rusia 2018. Con George Raynor y Janne Andersson. Un tercer puesto y, por el momento, unos cuartos de final en un Mundial. Inglaterra y Suecia. Suecia e Inglaterra. Aquí el orden altera el nexo. También el resultado. Lo pudo haber cambiado todo Pozzo en 1912, pero el destino les obligó a cruzarse cada cierto tiempo. Como en el día de hoy.

 

“Los suecos no soportan la idea de que su juego sea dominado por dos chicos ingleses”
Roy Hodgson

 

Una Suecia exuberante tras salir ilesa de la guerra tocó la puerta de su vecina Inglaterra preguntando por sal y terminó compartiendo cama con George Raynor. Curioso, debido a que, en 1940, cuando Inglaterra quiso sal, Suecia se negó a ayudarla negándoles el paso de sus tropas a través del país nórdico para ayudar a Finlandia. Una escena erótica que resultó ser la primera semilla del fútbol sueco. El resultado de aquello fue que George Raynor pasaría de enseñar disciplina táctica a ser el padre de su balompié, su primer entrenador profesional. Una selección dirigida por un inglés que se haría con aquel bronce implementando la WM y el marcaje al hombre. Fue todo un revolucionario táctico con un combinado sueco que también pasaría a la historia por ser el primero en esbozar un ‘proto’ 4-4-2 en el fútbol. Estas influencias durarían hasta la década de los 60.

 

El profesionalismo llegaría en 1967 y, con él, la figura en la sombra de Lars Arnesson. En ese momento pudo haber mermado la influencia inglesa en Suecia, debido a que como encargado de unificar el estilo futbolístico quiso adquirir como referencia el líbero alemán. Caló porque funcionó, consiguiendo el quinto lugar en la Copa del Mundo de 1974. Aún así, se dieron una serie de circunstancias para que el fútbol inglés volviese a reinar en Suecia, siendo además literal. Decisiones tales como que un autócrata como Eric Persson abdicase en favor de profesionalizar el Malmö FF, su club. El país nórdico no gozaba de nuevas ideas en lo relativo al fútbol, así que, otra vez, se volvió a recurrir a los ingleses. Un prestigioso banquero como Hans Cavalli Björkman contrató a Bobby Houghton y, el mismo Bobby, contrataría a Roy Hodgson. Ambos procedentes de la escuela de Allen Wade y ambos dueños del fútbol sueco durante aquellos años. La Santa Trinidad del fútbol anglosajón en Suecia.

 

“Tanto Bobby como yo introducimos menos ‘fútbol inglés’ y sí un estilo diferente de defender”
Roy Hodgson

 

El líbero perduraba y el marcaje se perdía, pero los matices seguían venciendo. En palabras del estudioso del fútbol nórdico Tomas Andersson, incluso los suecos se llegaron a preguntar si la belleza en el fútbol estaba reñida con el resultado. Era lo que habían mamado. Progresivamente, Suecia se quiso volver a quitar de encima todo lo anglosajón y formalmente la SvFF declaró que el fútbol inglés no sería jugado ni enseñado. Tanto Bobby como Roy se vieron forzados al exilio futbolístico para terminar entrenando juntos al Bristol City, algo así como si Graham Potter y Ståle Solbakken tuviesen que marchar por decreto al Swansea (equipo por el que ha fichado Graham) siendo los entrenadores más influyentes del fútbol nórdico.

 

Aún cortando todas las flores, las raíces pervivieron y, de esas mismas, emergió Sven-Göran Eriksson. Un convencido de las ideas anglosajonas por su etapa más amateur en la que fue entrenado por un pupilo de Bobby Robson y Bob Paisley como Tord Grip, que más tarde acogería a un lesionado Eriksson como técnico asistente en el Degerfors. Convirtieron el agua en vino al igual que Roy con el Halmstads y consiguieron el ascenso a lo que sería en la actualidad la Superettan (2ª). De ahí al IFK, donde quizá siempre se le sacaron defectos debido a que cada cierto tiempo volvía a sobrevolar, con razón, aquel debate sobre la belleza. En ‘Little London’ se aburrieron de ganar y, desde entonces, a Suecia le persigue de por vida un 4-4-2 con una victoria bajo el brazo. Hasta hoy.

 

El destino marca que el enlace en Rusia sea para siempre. Ello quizá dependa de una victoria que Suecia debe ver como factible. Porque se enfrentan a una selección inglesa a la que se le puede hacer daño, sobre todo, por su escasa creatividad en estático. Esto desemboca en que efectivos como Lingard o Kane tengan que actuar de espaldas ante una zaga que anticipa a las mil maravillas o que conceda demasiadas transiciones a una Suecia con un Ekdal y un Forsberg en estado de gracia. De hecho, Albin Ekdal es el tapado que más daño puede hacerle a Inglaterra, por ser tan férreo ante el giro rival sobre la frontal del área e incluso tener cintura cuando le consiguen girar. Si deslumbra con la misma destreza que mostró ante Suiza, Emil Forsberg estará siempre conectado al partido. Y si el mediocentro sigue mostrando el mismo acierto y nivel de agresividad que ante el combinado helvético, el lado creativo (Augustinsson, Forsberg y Toivonen) de Suecia será una amenaza constante. Existen razones para creer ante la Inglaterra de Southgate en un partido en el que el 4-4-2 lo pondrán los suecos, otra vez.