El perfil del mediocentro creativo tradicional ha evolucionado tras la retirada de maestros como Pirlo o Xavi, este segundo a punto de colgar las botas en Catar. Ahora, los Modric, Fàbregas, Trigueros, Ander Herrera o De Bruyne, entre otros, son ejemplos de un nuevo paradigma de centrocampista: un jugador con la capacidad de asociación de los grandes peloteros que al componente pasador le añade un mayor despliegue que antaño.

Un cerebro sin posición ni origen claro

A lo largo de la historia, todo gran equipo ha tenido en sus filas un gran cerebro en el centro del campo. Un director de orquestra capaz de organizar todo su entorno, de leer y entender posicionalmente al resto de jugadores que lo rodean, a la vez que controla el juego desde el medio. Esa figura a la que se atribuyen tópicos como “mano derecha” y “extensión del entrenador sobre el campo”. Sin embargo, al perfil convencional del centrocampista metrónomo se la exigen hoy nuevas tareas. Los nuevos ejemplares de esta especie, que amenazaba con extinguirse tras la retirada de referentes como Xavi o Pirlo, han mutado hacia un nuevo estilo. Este selecto grupo se ha visto obligado a transformar sus características para adaptarse a las nuevas exigencias del fútbol contemporáneo. Al carácter pausado que solía definir a este tipo de piezas, ahora se les añade la capacidad de llegar al área, desplegarse por todo el frente e incluso aportar cifras goleadoras nada desdeñables. Hemos pasado del centrocampista posicional que organiza al todocampista organizador –acéptese el bautismo patillero–. Una figura que se reinventa para irrumpir cada vez en más equipos de las principales ligas europeas.

 

Hemos pasado del centrocampista posicional que organiza al todocampista organizador. Una figura que se reinventa para irrumpir cada vez en más equipos de las principales ligas europeas

 

Su ubicación en el campo no parece del todo definida. Quizás porque los orígenes de esta nueva estirpe tampoco son claros. Algunos han pasado desde el tradicional interior que acompaña al pivote hacia posiciones más centradas. Incluso los hay que han partido desde el extremo. Otros han decidido retrasar su zona de influencia desde la mediapunta hasta áreas más próximas a la creación y la cocción del juego. Existen casos de todo tipo pero el viaje parece tener siempre un destino claro: la génesis del fútbol. A veces, el nacimiento de este perfil ha llegado incentivado por la implementación de un esquema similar al 4-4-2. Con dos medios por dentro, uno de ellos se ve casi forzado a tener ese perfil, obligado a juntarse cuando el equipo defiende y a coger las riendas cuando su conjunto es protagonista con el balón.

El fútbol español, pionero

En el fútbol español hay ejemplos claros que sirven para ilustrar este nuevo sujeto. No son todos ellos futbolistas con los mismos atributos, pero sus características permiten integrarlos en un mismo género. Modric quizás fue uno de los primeros en demostrar que a la calidad en el pase también se le podía sumar la faceta de llegador y otras aptitudes vinculadas al ida y vuelta. Fichado como un mediapunta capaz de explotar su disparo y su último pase, fue retrasando metros sobre el verde en lo posicional para acabar convertido en el faro del Madrid. De hecho, los blancos están acusando el bajo rendimiento de su cerebro esta temporada. El croata no está a la altura del juego que mostró en cursos precedentes, cuando se desplegaba por toda la zona de medios. Ahora, el ’10’ no acaba de encontrar su mejor estado de forma ni su sitio en el campo, paradójicamente cuando los merengues han apostado más decididamente por el centrocampismo, con jugadores como Isco en plan estelar.

Su compatriota Rakitic también parece en pleno proceso de redefinir su personalidad sobre el césped. El azulgrana, más cerca de Busquets, está siendo más protagonista aunque sin el peso en el juego de otros prototipos de esta estirpe. El exsevillista pasó de ser un mediapunta lanzador de contraataques en el Sánchez Pizjuán, a un medio posicional, más pendiente de cubrir los huecos para compensar al Barça en defensa que de ocupar espacios para organizar al equipo. Ahora, con Valverde, el ‘4’ se ha soltado un poco más en la creación, más liberado de tareas defensivas. Aunque su mentalidad sigue empujándolo a equilibrar y tapar las vías de agua que pueda tener el equipo culé, la propuesta del técnico extremeño podría hacerlo crecer en dirección a un jugador con mayor relevancia en el apartado ofensivo del equipo.

 

Modric quizás fue uno de los primeros en demostrar que a la calidad en el pase también se le podía sumar la faceta de llegador y otras aptitudes vinculadas al ida y vuelta

 

A pesar de que ahora parezca lejos del eje, otro de los que apunta a vivir esta transformación es Carlos Soler. Hasta ahora tirado a un costado con Marcelino, cediendo la batuta del equipo a Dani Parejo, el canterano valencianista está aprendiendo desde otra perspectiva lo que muy probablemente acabe desarrollando más pronto que tarde. De hecho, ya en el curso anterior, donde se le pudo ver actuando mucho más centrado, se visualizó el líder que apunta a ser. Este año, ante determinadas ausencias puntuales en el equipo, el valenciano ya ha demostrado estar perfectamente capacitado para capitanear al conjunto ché. En sus vecinos de Villarreal también tiene un buen referente para aprender el oficio del nuevo centrocampista. Manu Trigueros lleva años demostrando que se puede ser un fino estilista en la creación sin olvidarse de ser decisivo cerca del área rival y bajar al barro cuando es necesario.

El sur también parece tierra propicia para la presencia de este tipo de sujetos. En el Betis, Guardado ha tomado con naturalidad las riendas del equipo. Asistente como pocos en la Liga, asentado en el podio con 6 pases de gol, el mexicano se reconvirtió en Holanda, donde pasó del carril a controlar el tempo de sus equipos en el pasillo central. En el Villamarín, necesitados de alguien como él tras la llegada al banquillo de Quique Setién, están disfrutando de un jugador que no solo se ofrece constantemente y mueve el balón con criterio, sino que además se ha convertido en pieza clave en el apartado numérico, transcendente como pocos y con un impacto incalculable. Los verdiblancos han encontrado lo que sus vecinos sevillistas hallaron en Banega hace tiempo. Figura ideal para el cargo que los hispalenses recuperaron tras añorarlo la temporada pasada. El rosarino hace mucho que dejó de ser el clásico ’10’ argentino, ese jugador frío pero con calidad a raudales que llegó a Valencia en su primera aventura lejos de casa. Poco a poco, y ganando en madurez, ha ido partiendo desde más cerca de la zona de gestación, donde su influencia en el juego es mayor. A día de hoy, parece innegociable su presencia al lado del mediocentro, capaz de interpretar como nadie las necesidades de los del Nervión.

Un futbolista sin denominación de origen

Pero no solo en la Liga encontramos ejemplos de esta reconversión. La Premier es la liga de los centrocampistas con despliegue por antonomasia, con el famoso box to box aplicado a iconos como Gerrard o Lampard. Ahora, con una liga inglesa más latina, han surgido nuevas figuras que sirven para aproximarse al modelo de centrocampista tocador, creando un híbrido entre lo que siempre dominó en las islas y el jugador de perfil más técnico llegado en los últimos años. En ese apartado aparecen jugadores como Ander Herrera. Quizás influido por el ritmo y la verticalidad que todavía desprende el fútbol inglés, el maño ha ido sumando ingredientes a su receta futbolística. Una riqueza que ya apuntó tener en las filas del Zaragoza y el Athletic, pero que ha potenciado y explotado en Inglaterra. Él mismo lo explicaba recientemente en una entrevista, en la que repasaba su evolución y su crecimiento como centrocampista, más completo gracias a participar más próximo al origen del juego.

También Fàbregas ha protagonizado una metamorfosis similar en su fútbol. El de Arenys arrancó su carrera como un centrocampista llegador, con gol, que despuntó en el Arsenal por su capacidad de pisar área rival y anotar tantos viniendo desde atrás. En el camino inverso a otros futbolistas más posicionales, y tras regresar a las esencias con su paso por el fútbol del Barça que había interiorizado desde pequeño, el catalán se ha destapado definitivamente en su retorno a la Premier, distinguiéndose como un ejemplar casi único por su versatilidad y su capacidad camaleónica para adaptarse a todos los entornos. En el Chelsea ha fortalecido todas las aptitudes que ha ido adquiriendo en cada experiencia, descubriéndose como un todocampista que alterna el juego de asociación en corto, con la visión y el pase en largo.

 

De Bruyne está siendo, para muchos, el mejor futbolista de la Premier, determinante y trascendente como nadie. El belga ha multiplicado por dos su número de intervenciones

 

Guardiola, en su City, ha convertido a Kevin de Bruyne y David Silva en nuevos miembros de esta distinguida familia de centrocampistas. Falto del organizador que requiere cualquier equipo dirigido por el de Santpedor, el técnico les pidió al canario y al belga que jugasen en una zona más retrasada de la que estaban acostumbrados. Más partícipes del juego, los dos se han reciclado para liderar el centro del campo de los citizens, la envidia de todos esta temporada. Escoltado por Fernandinho, De Bruyne está siendo, para muchos, el mejor futbolista de la competición en lo que va de curso, determinante y trascendente como nadie. El belga ha multiplicado por dos su número de intervenciones desde su llegada al Etihad, y suma una media de más de 60 pases por partido, situado en el podio de los más participativos. Su eclosión definitiva esta temporada ha hecho que algunos lo sitúen incluso como aspirante a todo en el plano individual.

Seguramente estos casos sirvan tan solo para reflejar una evolución en el mundo del fútbol. O quizás algo que tal vez sea únicamente una cuestión coyuntural fruto de la naturaleza de los futbolistas expuestos. La irrupción de estos perfiles puede responder a una aplicación lógica de sus capacidades y las necesidades de los equipos para desarrollar su fútbol, obligados a apostar por este tipo de peloteros ante la escasez de organizadores más puros. En cualquier caso, el resultado está siendo un centrocampista con menos ataduras tácticas. Con mucho más campo que abarcar. Un perfil más humilde, más trabajador y quizás menos ilustrado al de algunos creadores que nos habían deslumbrado en el pasado reciente. Se trata de una especie sin denominación de origen, aunque el futbolista español parece predominar entre sus ejemplares. También en la Liga. Cerebros diseñados para concebir el fútbol aunque a lo largo de sus carreras no siempre hayan explotado esa faceta. A pesar de que sigan quedando jugadores de la vieja escuela, en los que la técnica y la lectura táctica basten, parece claro que cada día son menos. Es el viaje hacia el centrocampista híbrido, capaz de complementar su dominio con el balón con la presencia física y el despliegue sobre el campo.