Toño Angulo Daneri (Lima, 1970) vivió su infancia y juventud en Perú. Pero, tal y como decía su compatriota Ciro Alegria, el mundo era demasiado ancho para que le fuera ajeno. Y así, con ese afán por la aventura, abandonó su país y puso rumbo a España. Vivió durante tres años en Catalunya en los que pudo seguir muy de cerca a una de sus grandes pasiones: el Fútbol Club Barcelona. Posteriormente se trasladó a Madrid, donde ya se ha establecido junto a su mujer y su hijo Gabriel. El fútbol ha sido para él un motivo para cometer locuras. Sin importar el lugar donde viviese, y las dificultades para hacerlo, nunca dejó de seguir a su gran amor: la selección peruana. “Nada me emociona tanto como ver jugar a mi país”, confiesa. Este es el motivo de su tercer libro, 36 años después, donde deja plasmada la historia del equipo nacional, el dolor de no estar presente en ocho Mundiales, y la irremediable locura que se apodera de los ciudadanos al brindarles la suerte de volver a participar en una Copa del Mundo casi cuatro décadas después.

¿Qué significa el fútbol para el aficionado?

Creo que el fútbol es un juego. Enric González dice que “llamamos fútbol a un juego y a todo lo que lo rodea”. Es lo único que merece ser tomado en serio en esta vida. Para mí este es el punto de partida, me gusta disfrutarlo. Aunque también es un dolor constante como hincha. Creo en los equipos que plantean un espectáculo. Este deporte es la forma más prosaica de recordarnos que todos tenemos derecho a la alegría. Esto lo digo como peruano, como una persona que viene de un país del llamado tercer mundo. Es una forma muy democrática de repartir la alegría, te da el derecho a estar feliz por encima de todo.

¿Y el aficionado para un equipo?

El fútbol nos permite hacernos preguntas de tipo filosófico. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? En este sentido, el aficionado permite al club o a la selección recordarle esta pregunta. Como aficionado de Perú, defendemos un estilo de juego. Lo mismo pasa en España con el Barça o el Betis, el objetivo es dar espectáculo. Otros prefieren jugar al contragolpe. Esperan agazapados, un razonamiento de depredadores. Los aficionados desde esa lógica en que permitimos responder a estas preguntas, estamos recordando a los clubes y a las selecciones que somos guardianes de una forma de entender el fútbol o la vida, que puede ser a través del baile, la diversión y el espectáculo o desde la tacañería, la estrategia y la táctica.

¿El fútbol en reunión?

Es un modo de la vida familiar. Una forma muy honesta, muy poco intelectual, ligada a la pasión. Justamente tiene que ver con la idea del juego como lo único que tiene que ser tomado en serio. Juegas a ser aficionado, a defender un color y no es algo importante que influya en la vida. Valdano tiene una frase también sobre ello: “El fútbol es lo más importante entre lo que no tiene importancia”. Eso es un juego, tú cumples un papel, es muy visceral. Te alegras si ganas, incluso si machacas al rival. Aunque luego todo vuelve a la normalidad. Simplemente te ha dado un subidón de adrenalina.

 

“El Estadio Nacional de Lima es al que más veces he ido y al que fui en más ocasiones con mi padre, por lo tanto, hay un apego emocional que no va a tener otro estadio en el mundo”

 

¿Cuál es el estadio al que le guarda más cariño?

El Estadio Nacional de Lima es al que más veces he ido y al que fui en más ocasiones con mi padre, por lo tanto, hay un apego emocional que no va a tener otro estadio en el mundo. También es importante para mí el de mi viejo barrio, Callao, que ahora ya no está adaptado para el fútbol profesional. Pero un estadio que me deslumbró fue el Camp Nou. Se te eriza la piel ver a 90.000 personas allí. No lo había vivido hasta entonces porque el Estadio Nacional de Perú tenía capacidad para 45.000. El Maracaná es histórico pero no he sentido la misma emoción. Nunca sentí el peso del estado influyendo sobre el marcador. Es algo en lo que yo creo. Jugar de locales tiene un plus porque miles de espectadores están unidos por una energía muy poderosa que puede ser transmitida a los jugadores en forma de gritos o aplausos.

¿Cuál fue la primera decepción futbolística?

En el Mundial del ’78, la convocatoria de Perú era la mejor. Tanto es así, que la revista más importante de Argentina escogió a los tres centrocampistas peruanos: Cesar Cueto, Cubillas y José Velázquez. En los octavos de final, perdió contra Argentina 6-0. Fue un trauma, no podía comprender cómo este equipo que jugaba tan bien, podía perder de esta manera. Esta herida, que tuve con ocho años, se repitió con España’82. Como decía mi abuela, “carreras de caballo y paradas de borrico”. Con un equipazo y una gran primera parte, caes estrepitosamente. Yo crecí con esos dos primeros Mundiales a los que fue Perú y me han perseguido toda mi vida como hincha de la selección peruana. Esto de alguna forma, está en el trasfondo de 36 años después. Esa herida futbolera no se borró hasta que nos volvimos a clasificar para el Mundial de Rusia.

Fotografía de Yolanda Cardo

¿Qué significa para un peruano jugar un Mundial?

Perú es un país que su política y por su estructura social está tremendamente desestructurado. El fútbol rompe toda esa condena que tenemos como país pobre, al poder participar en una fiesta en la que no participan todos. Antes eran 24 equipos, ahora 32. Lo has conseguido porque 40 personas -con el cuerpo técnico- han generado un esfuerzo colectivo y han permitido que el nombre de tu país esté ahí. Es una cosa increíble y que además he constatado este verano en Rusia. Unos han pedido préstamos, otros han salido por primera vez del país. Eso es una cosa que sólo participando de esa fiesta global puedes entender lo que significa para Perú. España no se lo pierde nunca. Pero Perú se ha colado en la fiesta y ha desatado una alegría impresionante.

¿Cuál crees que es la mejor etapa que ha vivido la selección peruana?

La clasificación al último Mundial nos corresponde a los peruanos como gesta heroica. Empezar titubeantes con nuestras limitaciones. Poco a poco ir creciendo, creyendo en los nuestros. No tenemos infraestructura ni tampoco a los mejores jugadores. No estamos para avasallar a los rivales. No somos Alemania, no somos Brasil. Sabemos de antemano que unos recuerdos históricos nos preceden. Perú para mí es como el Betis o el Rayo Vallecano, mis equipos en España además del Barça. Son equipos sufridos, como la selección de mi país. Tiene que ser humilde, creérselo pero desde la posición del humilde. No es lo mismo que cuando has nacido en Alemania. Tienes que creértelo pero con los pies en la tierra.

¿Qué ha aportado Gareca al equipo?

Nos ha hecho creer que somos capaces de hacer lo que durante mucho tiempo no nos vimos capaces. Un tipo al que no le tiembla la mano al no alinear a los jugadores que eran las vacas sagradas. Ellos llegaban a Perú para ver a sus amigos, a su familia, para salir… Sin embargo, había otros jugadores peruanos que tenían las mismas cualidades pero que no los conocía nadie. Les faltaba creer en ellos mismos. Es como tener a Messi, le das la pelota y que él se busque la vida. Cuando quitas a los cuatro fantásticos de la selección peruana [Pizzaro, Guerrero, Farfán, Vargas] tienes que asumir una responsabilidad. Además les demostró con tecnología lo que los jugadores eran capaces de hacer, con datos sobre su capacidad de salto, velocidad o resistencia. La tecnología se ha metido en el fútbol. Y esto es el fútbol moderno, nos guste o no nos guste.

¿Cuál es la cara y la cruz de las nuevas tecnologías?

Hay una globalización emocional a través del fútbol. Hace unos años, cuando el mejor jugador del Barça era Ronaldinho viajé a Argelia y los niños llevaban su camiseta. Desde Occidente no tenemos una idea de la pobreza, los niños estaban felices con las camisetas del Madrid, del Milan o del Bayern. Lo que vi por primera vez, luego lo he visto en muchísimos otros lugares. Eso es algo que creo que nunca habíamos visto antes, ya que el fútbol nace como un fenómeno local. Hoy por hoy puedes tener uno, dos o tres equipos, e incluso uno por cada país. La idea de pertenencia como una cosa más local, en Albacete o Soria los equipos de su ciudad no son sus equipos principales. Ha perdido esto pero no tiene por qué ser negativo.

 

“Siempre tuviste claro qué es lo que propones como idea del fútbol. Presión, posición y posesión. Hay una proposición de juego. Lo esencial es defender una idea. Tienes que morir pero con tus botas puestas”

 

¿Qué es lo positivo de ser hincha de un equipo pequeño?

A mí me gusta el Betis de Quique Setién y me gustaba el Rayo de Paco Jémez. Sabiendo que son pequeños, que no tienen los mejores jugadores, que sus plantillas son las que tienen presupuestos más bajos, esto les hace ser más fuertes y les educa para la vida. Dejarte la piel y no venirte abajo. Saber que te han metido dos y que seguramente te metan siete. Hay un descalabro anímico. Lo que yo viví con Perú tantas veces nunca lo he visto en la selección de Gareca y tampoco lo veo con el Rayo, a pesar de ser goleados. En esos casos, no importa perder 5-1, porque lo dejaste todo. No te traicionaste. No comenzaste a lanzar balones largos. Siempre tuviste claro qué es lo que propones como idea del fútbol. Presión, posición y posesión. Hay una proposición de juego. Lo esencial es defender una idea. Tienes que morir pero con tus botas puestas.

¿De dónde nació tu afición por el Sporting Cristal?

Me hice hincha por los jugadores. Era un juego precioso, daba gusto verles jugar. Ese fútbol me gustaba. Pero entonces yo no sabía que muchos de ellos estaban contratados por el músculo financiero del Sporting. Ellos venían de la U, es decir, del equipo de mi padre. El Universitario es más parecido al Real Madrid. Con Lopetegui y Zidane juegan bien. Pero también han jugado con Capello, y su estilo es un aburrimiento. Lo mismo pasa con Benítez. No se me ocurriría tener a ninguno de los dos en mi equipo. La U en Perú es eso, quiere ganar por ganar, sin saber cómo lo hace. Prefiero equipos que más importante que ganar, sea para ellos proponer una idea. Eso era el Sporting Cristal. Ahora ya no lo es. Tengo una relación distante. Ese enamoramiento que tuve con mi equipo ya no lo tengo.

¿Cómo es seguir a Perú desde España?

Se sigue con mucho sufrimiento y perdiendo muchas horas de sueño. Una de las cosas que tiene el libro es que también cuenta la historia de alguien que es exiliado. Era una idea romántica de conocer el mundo. Yo no soy ni de un lugar ni de otro. El torneo local lo sigo desde la televisión. El peruano no lo sigo, sólo cuando está en juego La Libertadores. Pero para ver un partido que ocurra en Sudamérica a las ocho o nueve de la noche, tengo que poner la alarma a las dos, a las tres o a las cuatro de la madrugada, depende del horario en el que estemos. Eso significa que tengo que poner el despertador sin levantar a mi mujer y a mi hijo. Poner mis cascos y buscar una página pirata con publicidades horribles. Lo que sí he aprendido en esta dualidad de pertenencia, es que nada me emociona tanto como ver jugar a la selección peruana.

Fotografía de Yolanda Cardo

¿En qué se diferencia el fútbol en España y en Perú?

La intensidad es equivalente, pero en Perú hay mayor identidad nacional. El nacionalismo en Sudamérica está muy a flor de piel. Esto nos distingue y seguramente tenga que ver con una cuestión histórica. También se diferencia el ambiente que se vive en los campos de fútbol. En España puedo ir al estadio en familia. En cambio, en América Latina, te planteas llevarte a tu hijo a un lugar donde sabes que va a haber personas tremendamente violentas. Hemos dejado que la violencia entre demasiado al ámbito del fútbol y no hemos sabido contenerla. Además, en Perú hay muy pocos estadios en condiciones, también hay mucha mejor organización en España. Hay un fútbol base, una preocupación de los clubes en formar a sus jugadores, allí es mucho más difícil llegar al primer nivel.

¿Qué deberían de aprender la selección peruana y la española, la una de la otra?

En España hubo un mal entendido. Incluso en el Barça pusieron un cartel de “No nos presenten a un juvenil si no mide por lo menos 1,80”. Durante mucho tiempo mantuvo ese error de querer compararse de las selecciones de jugadores muy grandes, más físicos. Luis Aragonés generó una inflexión que se está manteniendo hasta hoy. Se superó con Del Bosque y creo que se hará con Luis Enrique. Saben escoger a entrenadores que son capaces de verlo. En Perú los grandes jugadores nunca han sido los más altos y los más fuertes. Ni César Cueto, ni el ‘Cholo’ Sotil lo eran. Perú tendría que aprender de España muchas cosas. El asunto de orden, de una idea que se transmita desde el fútbol base. Los equipos que triunfan en la absoluta, es porque llevan haciéndolo mucho tiempo.


Con la marcha del Cholo al Barça, Toño Angulo comenzó a seguir los partidos del Futbol Club Barcelona. “Era un ser mitológico, mestizo, peruano. Es una leyenda, como Ulises, debería de estar en los libros pero existía en la realidad”, dice en referencia a Sotil, que llegó a un club que era muy distinto al actual: “El Barça de los 70 sólo ganó un torneo en diez años, pero priorizaba el fútbol vistoso aunque perdiese”. Lo mismo pasa ahora con equipos como el Betis y el Rayo, jamás renuncian a jugar bien, incluso perdiendo. Por eso, tras los años en España, confiesa haberse convertido en hincha de ambos.


¿Está el Barça influenciado por América Latina?

El fútbol europeo se ha sudamericanizado por la gran revolución del fútbol de toque y de de posesión. No hay liga europea de primer nivel en la que no haya un gran número de jugadores de América Latina. Yo identifico con eso al Barça de Rivaldo, de Romário, de Maradona. Son la antítesis de lo que propone un fútbol más físico. Yo no puedo identificarme por un equipo que no juegue como a mí me gusta entender el fútbol. Prefiero la elaboración al contragolpe. Es mi idea estética de ver un buen partido de fútbol. El Mundial de Rusia me pareció un retroceso. Las selecciones de España y Alemania en 2010 o 2014 potenciaban el toque. Predominaban sobre selecciones como la de Francia que ganaban sus partidos por 1-0 defendiendo el marcador. Prefiero quedar 4-5 o 5-4 que ganar por 1-0.

 

“No somos el equipo favorito. Pero aún estando en la sombra, nos distinguimos por algo: la creencia por la pelota y por el buen fútbol”

 

¿Qué tienen en común un aficionado del Barça, del Betis y del Rayo?

En el caso del Betis tienes al Sevilla, el gran equipo de la ciudad, vives a su sombra. Pero no tienen un estilo de juego definido. El Betis tiene más creencia por el fútbol. Hay algo de eso con el Rayo Vallecano, que tampoco es el equipo principal de Madrid. Mi mujer y yo quisimos buscar un equipo madrileño por temor a que nuestro hijo se hiciese del Madrid o del Atlético. Justamente el Rayo es el equipo de aquí que más demuestra que quiere jugar. Prioriza el fútbol vistoso aunque pierda. El Barça siempre estaba a la sombra del Madrid. Eso acerca a los tres equipos. No somos el equipo favorito. Pero aún estando en la sombra, nos distinguimos por algo: la creencia por la pelota y por el buen fútbol.

¿Cuáles son los mejores recuerdos que ha vivido en España?

Cuando vivía en Barcelona tenía suerte de ir al Camp Nou como periodista. Tuve la suerte de ver a Ronaldinho, a Messi y a Xavi a la altura del césped, cuando tus pies tocan el mismo suelo que los jugadores es incomparable. Ves los movimientos, cómo saltan, cómo se desmarcan. Jugadores tan inteligentes como Busquets, que organizan el juego sin pelota. Los saltos de Puyol, que sus pies estaban a la altura de mi cabeza. Es estar asistiendo a un prodigio, que linda con lo mágico. Otro de los grandes momentos es cuando fui con mi chica a Sevilla, fue una montaña rusa de emociones. Empatamos. Para mí es una cosa mágica tener una pareja futbolera. Cada tiempo íbamos con un equipo. También fue muy especial cuando mi padre vino a verme a Barcelona y vimos el partido. Era revivir un recuerdo de la infancia, pero esta vez los dos apoyando al mismo equipo.

¿Tiene aún simbología el número ’10’?

En la última entrevista de Panenka, Asensio dijo: “Espero no llevar el ’20’ toda mi vida”. ¿Qué tiene el ’10’ que no tenga el ’20’? ¿Por qué le da importancia al número que lleva en la espalda? El fútbol, de la misma manera que la literatura clásica es un gran constructor de mitos y héroes. El portero siempre será el ‘1’, simboliza su soledad. Mientas puede ser el héroe solitario, el ’10’ sólo se convierte en héroe si hace jugar a su equipo. Aunque por eso, también admiro a gente como Busquets, es el tipo más inteligente que ha aparecido en el fútbol en los últimos tiempos. Hay números que son mágicos. Cruyff hizo del ’14’ un número especial. Es una cosa simbólica. El que sabe jugar adquiere estos pesos específicos.

¿Qué aportaron Cruyff y Guardiola al Barcelona?

En ambos casos fueron muy importantes, y no sólo como entrenadores, también como jugadores. Lo de Cruyff es mucho más grande por lo que fue capaz de hacer con su selección. Holanda es la única selección del mundo que logró transformar el fútbol mundial sin haber ganado una Copa del Mundo. Sin embargo, todos los futboleros saben que es la Naranja Mecánica, entre otras cosas, por el Cruyff jugador. Es una generación de jugadores portentosos. En el caso de Guardiola, como jugador fue muy importante, pero más para el Barcelona que para la selección española. Como entrenador están a la par pero Guardiola no tuvo ese peso en la Selección, seguramente porque no fue una selección talentosa.

¿Qué tienen en común Pelé, Maradona y Messi?

Hay muy buenos jugadores, fueras de serie y otros que están tocados por una varita mágica. Estos tres son futbolistas que hacen posible lo que tu crees que era imposible. Parecen magos, ilusionistas. La sensación de “esto que estoy viendo no puede ser real, no puede estar pasando”. No es posible que este jugador haya salido de entre tres jugadores justo por ahí. Tocaba dar un pase hacia atrás o dar un regate por el otro lado. Pero ahí era imposible. Ellos tres refutan la ley de la gravedad. En cuestión de segundos están en otro lado y no en el suelo. Poseen una gran conexión entre su cerebro y sus pies. La irracionalidad en el fútbol es creer que Messi no es inteligente, es la imagen que se ha creado de él. Realmente no tienen consciencia de como sus extremidades están conectadas con su cabeza.

¿Cómo será la era post Messi?

El primer paso es la negación, no puede existir el fútbol sin Messi. Pero lo iremos asimilando. Entraremos en un período de luto. Finalmente, entrará la parte racional o pragmática. Ronaldinho también era una cosa portentosa. Cuando Guardiola decidió mandarlo con sus maletas lejos fue muy extraño. Además, como culés, no podíamos refutar a Guardiola. Yo pasé con un duelo similar cuando Xavi le dijo adiós a la Selección y al Barça. Es el jugador español más espectacular que he visto. Hacía matemáticas sobre el campo. Marcaba el estilo de juego y el estado de ánimo de un equipo. Messi es más determinante porque además hace gol. Por encima de todo, nos quedará la satisfacción de haber visto jugar al jugador más impresionante. Yo he visto a Maradona en un partido de Boca y con la selección. Vi a Ronaldinho. Pero lo de Messi es incatalogable. Se nos acaban los adjetivos, las palabras, los suspiros..es lo más extraordinario que he visto jugar en un campo de fútbol.