A falta de reyes, Mariona se puso la corona para llevar a su equipo al trono del fútbol español. La Copa de la Reina, con el runrún de la ausencia de algún representante de la Casa Real, se decidió con un tanto de la delantera del FC Barcelona en el último suspiro de la prórroga. Al máximo exponente de la heroicidad. Una temporada difícil para Mariona Caldentey que atravesó una lesión de larga duración en el ecuador del curso, pero que finaliza de la mejor manera posible para la ariete. La ausencia de alguna cara conocida en el palco del estadio es algo normal en deportes, sea del género que sea, que no tienen una transcendencia tan alta como el caso del fútbol masculino, pero, siendo este año uno de los más reivindicativos se esperaba algún gesto que lo acompañara. Rubiales, nuevo ‘César’ del balompié, si estuvo presente haciendo honores a sus declaraciones sobre que el fútbol femenino es una de sus prioridades.

Se medían en Mérida, ciudad con pasado romano -qué mejor manera para decidir las campeonas entre los dos colosos de España-, Atlético de Madrid, campeón de Liga Iberdrola, y FC Barcelona, revalidando el título de Copa, para aclamar al cielo cual es el imperio más importante del fútbol femenino español. Las gladiadoras salieron al Estadio Romano con 12.500 miradas expectantes de buen fútbol. Y lo recibieron. Lieke Martens, Alexia, Mapi León, Amanda, Corredera y Ludmila daban espectáculo al más puro estilo Coliseo de Roma. Cambiando espadas por un balón, el deseo de victoria era el mismo: salir ovacionado ante tanta gente era el mayor premio a, de nuevo, una brutal temporada que habían regalado un año más a los seguidores de la Liga Iberdrola. Como cada vez que se le exige, el público respondía y esas 12.500 almas eran la mejor respuesta al gusto por el fútbol, sea del género que sea. Los irónicos #elfútbolfemeninonointeresa llenaban continuamente los muros de Twitter para reivindicar, una vez más, un fútbol más equitativo.

En la arena, 90 minutos no fueron suficientes para que sonaran las trompetas del campeón y se necesitó llegar al final para que Mariona marcara con el interior batiendo a Lola Gallardo y acabando con las esperanzas de las colchoneras. La balear, verdugo del equipo madrileño, acabó con la ilusión, un año más, de conseguir el ansiado doblete. Así mismo, se convertía en la ídolo de la otra parte, la afición blaugrana, y la jugadora más aclamada del momento. De nuevo, y ya van seis, el club catalán levantaba la Copa de la Reina. Un título más bien espiritual, ya que, a diferencia de otras copas de fútbol como la de la categoría juvenil (18.000 euros) o la Federación (90.000 euros), ambas masculinas, ésta no recibe ningún aporte económico. Espiritual y deportivo, ya que vale para seguir certificando el proyecto del club, mejorar año a año para consagrarse como uno de los mejores equipos del fútbol femenino, no solo en España, sino en el mundo. Al igual que el Atlético de Madrid, son ambos los que más fuerte están apostando por traer el mejor talento. El Barça con Martens, la actual ganadora del premio a la mejor futbolista del año, y el Atlético de Madrid con refuerzos como Ludmila, la brasileña ha sido una de las sensaciones de la liga.

El último partido servirá, además, para iniciar los movimientos de ficha intentando mejorar lo presente. Como ya ocurriera con Mapi León hace apenas un año, Andrea Pereira sigue la estela de la aragonesa; abandonará la disciplina rojiblanca y recalará en la Masía para hacer la dupla que ya formaran en el Atlético de Madrid y que sirvió para levantar el primer título de liga colchonero. Un hueco en la defensa que podría estar destinado a Ivana Andrés, del Valencia CF, por quien han mostrado interés. El Barça sigue la estrategia de pescar en el máximo rival para reforzarse de cara a la próxima temporada y así conseguir el título de Liga que se han llevado las madrileñas los dos últimos años. También era día de despedida para la mítica Olga García que deja el equipo tras ser una de las jugadoras más queridas por la afición. Pero más sorprendente es el adiós de Laura Ràfols, que no solo dice adiós al equipo de su vida, sino al fútbol con 27 años. La portera cuelga las botas en un emotivo adiós.