Justin Fashanu vivió un sueño oculto en un calvario que acabó en tragedia. Jesús Tomillero decidió abandonar el arbitraje cuando todo lo que le motivó a acercarse al deporte, se había convertido en un suplicio diario. El GMadrid Sports juega cada semana al fútbol como cualquier otro equipo del mundo, porque, sencillamente, son como cualquier otro equipo del mundo. El reportaje que nunca querríamos escribir, busca concienciar, la única respuesta ante la incoherencia de quienes buscan poner en nombre del fútbol, su lamentable pensamiento. Por todos ellos.


“Cuando se trabaja este tipo de exclusivas, que requieren tanta delicadeza y que necesitan tanto tiempo de producción, la cadena no se rompe por un solo eslabón. Pero los directivos y los ejecutivos de los clubes de fútbol, al final son quienes mandan. No se publicó aquél reportaje por pura homofobia”. Habla Miguel Ángel López, ex director de la revista Zero, sobre una triple entrevista-reportaje, que nunca pudo ver la luz. No se trataba de un reportaje sobre el fin del mundo sólo conocido entre unos pocos millonarios, tampoco de una nota sobre la cura del cáncer y, desde luego, tampoco era un texto sobre la solución para el mal de amores. Es mucho más simple que todo eso y, sin embargo, parece imposible llevarse a cabo y convertir en realidad algo que, aunque se tape, es irreversible: El mundo de la pelota oculta futbolistas homosexuales.

“Hay detrás mucho dinero y el conservadurismo reinante hace que, por desgracia, quede mucho aún para asimilar que si un futbolista sale del armario, pueda ser un ejemplo y no una persona con un ruido mediático muy negativo en torno a él”, reafirma, consciente de la excesiva delicadez y nula trasparencia que permite, todavía a día de hoy, el fútbol respecto a cualquier otra profesión en todo el planeta. “La vida en el armario es común en muchos sectores y estos futbolistas que ya habían dado el ‘ok’ al reportaje y a dejar de tapar sus miedos hacia lo que pueda suceder una vez se sinceren con aquél secreto que tanto tiempo llevan guardando, siguen hoy prefiriendo no hacer pública su condición sexual. Es llevadero, prefieren callar y como España es un país más o menos respetuoso en este sentido, les permite una doble vida que no es satisfactoria, pero prefieren pagar el precio de su posición social y no buscar posibles desestabilizadores”, concreta Miguel Ángel.

¿Por qué un periodista, un banquero, un decorador, un modisto, un informático o hasta un político, sí se han permitido salir del armario sin repercusión crítica hacia ellos y un futbolista prefiere mantener el anonimato de su sexualidad? La respuesta no admite generalizaciones, desde luego, pero existe un porcentaje muy poderoso de la población que tiene aún descalificaciones habituales hacia los que no tienen su misma condición sexual. No nos sorprendemos, es real, lo vivimos, lo escuchamos… lo toleramos cada día. Hoy, si un futbolista mediático aún en activo decide hacer pública su homosexualidad, será un pionero en nuestro tiempo (con lo que ello supone en todo tipo de términos hacia su figura pública), y apenas tendrá un precedente que, analizado a fondo, le volvería a meter en el anonimato del armario.

Justin Fashanu es el emblema, el epicentro, la inspiración, de todos aquellos que pretenden unir fútbol y homosexualidad. El inglés, nos retrotrae a otros tiempos, con lo que eso supone culturalmente. Y más, cuando además de ser gay, eres negro, eres futbolista y juegas en equipos de la Primera División inglesa, donde estaban empezando a aparecer iconos vinculados a la música, al ocio y a la diversión más allá de la pelota, siempre con simpáticas opiniones, pero que nunca fue capaz de diferir que uno de los que estaba en el césped, fuera gay. Fue doblemente pionero. Primer futbolista élite en salir del armario y primer futbolista negro que costó más de un millón de libras (cifra brutal y limítrofe en aquella época, que fichaba además por el equipo que acababa de ser campeón de Europa, el Nottingahm Forest). Fue tan duro su recorrido, que nada más llegar a su nuevo club tras triunfar en sus primeros años, se topó con Brian Clough. Un técnico ejemplar en su currículum y eterno en la memorabilia futbolística, pero un carácter imposible y un desastroso referente social en este aspecto. Un día, el técnico lo abordó y le dijo, de manera despectiva y ante todos: “Si quieres una barra de pan, vas a la panadería. Si quieres un filete, vas a la carnicería. ¿Entonces por qué cojones se te ve en esos putos locales de maricones?”. Fashanu, que pronto anunció su condición ante la obligación de la sociedad, acabó en tragedia. “Fue acusado de presiones hacia un niño de 18 años, no lo soportó y apareció ahorcado en su apartamento, dejando una nota de despedida donde apuntaba que la sociedad ya o había juzgado sin ni siquiera haberle preguntado y se encomendó a Dios porque era el único que entendería todas sus sensaciones”, explica el periodista de fútbol internacional, Victor Romero.

Nunca querríamos haber tenido que escribir este tipo de reportajes, pero la falta de ‘civilización’ de muchos, requiere un nuevo golpe sobre la mesa

Su muerte, su sombra, su lamento, sigue siendo hoy la reivindicación futbolística más (sexualmente) expuesta jamás vista en el mundo del fútbol. Porque el ex internacional alemán Thomas Hitzlsperger esperó cuatro meses después de su retiro como futbolista, para anunciar una tímida pero sincera opinión sobre sus compañía en la cama: “Prefiero dormir con un hombre que con una mujer”, dijo, admitiendo que prefirió estar callado muchos años, pero que aquello no era mentir, sino silenciar la verdad. Fue aplaudido por la mismísima Angela Merkel, pero nadie siguió su ejemplo.

Un paso mucho mayor dio el estadounidense Robbie Rogers, que en mitad de su carrera y ya como futbolista de Los Angeles Galaxy (en aquél momento campeón de la MLS americana), habló de su homosexualidad con total naturalidad. Era el primer futbolista en hacerlo mientras mantenía su carrera profesional, desde Fashanu. “Soy un jugador de fútbol, soy cristiano y soy gay. Son cosas que la gente podría pensar que no funcionan juntas, pero mi familia me crió para ser mejor cada día y para defender aquello en lo que creo”, comunicó en su blog, al tiempo que anunciaba en ese momento, que decidía retirarse. Una prueba evidente de que, pese a su paso adelante, seguía intimidado por la posible ‘resistencia’ que recibiera a cambio. Y así lo confesó meses después, cuando volvió a entrenar y a restablecer su rol como lateral del equipo californiano: “¿La gente viene a verte jugar porque eres gay? ¿Te duchas con el resto del equipo?… esas son algunas preguntas que me hicieron los medios en ese tiempo”, destacó. Recibió un enorme apoyo del resto del ‘planeta fútbol’, mucho más que de su propio país, donde la cultura gay tiene tantos años y está tan automatizado entre la población, que no levanta sensacionalismos banales. Es más, Robbie se casó años después y siguió su trayectoria profesional, que ha decidido terminar hace unos meses tras haber levantado todo tipo de premios individuales como voz y rostro de la causa homosexual en el deporte americano.

En España, no hay un referente de optimismo, liberación y libertad de expresión a tal altura, sino que lo más parecido a un rostro vinculado al fútbol desde la homosexualidad, levanta una interminable montaña de basura sobre nuestra sociedad. Jesús Tomillero, ex árbitro, tuvo que dejar de dedicarse a su pasión por las constantes críticas, insultos y hasta amenazas de muerte, que sufría cada fin de semana en estadios de cubes humildes dentro del ‘infra’ fútbol español. Y es allí, alejado de los focos mediáticos, donde la crueldad toca la cúspide de lo irracional: “Niños de 17 o 18 años, insultándome y llamándome ‘maricón’ cuando hasta sus familiares o amigos lo permitían o incluso les secundaban a seguir haciéndolo. Toqué fondo en un partido entre niños de 13 años, donde un miembro del staff de un equipo, por enfadarse tras no señalar un posible fuera de juego, empezó a increparme diciendo que me iba a reventar la cabeza y que me iba a quitar el ‘mariconeo’ de una hostia”, recuerda entre lamentos. Pues, hoy, Jesús ya no es árbitro, y nada ha tenido que ver su capacidad o su libertad de decisión al respecto.

¿En un contexto tan desolador, es posible alguna respuesta? Sí, por suerte y no una, sino once. Once luchadores anónimos que, cada fin de semana y sin ninguna motivación más que la de practicar el deporte que les apasiona, decidieron crear un equipo de fútbol. No es especial, no es diferente, no es singular… es un equipo más. GMadrid Sport, sólo quiere ser la alternativa pública y real, para todos aquellos futbolistas ocultos que no se atreven a jugar en un campeonato, sea el nivel que sea, por su condición sexual. Llevan apenas un año y medio, pero son ya la respuesta a la homofobia que acompaña a la pelota por todos los campos de fútbol de España. En Madrid, siendo pioneros y sin haber provocado la más mínima alteración en sus partidos, han conseguido algo que hace años parecería imposible, que GMadrid sea un nombre de amigos futboleros… y sólo eso.

Nunca querríamos haber tenido que escribir este tipo de reportajes, pero la falta de ‘civilización’ de muchos, requiere un nuevo golpe sobre la mesa. Por todos los Fashanus del mundo, por todos los Tomilleros del mundo, por todos los chicos y chicas que sienten cada día temor por mostrarse tal cual son por miedo a lo que el resto piense. Porque no hay que poner más obstáculos hacia nuestros sueños. Que el juego es de todos y el fútbol es demasiado bonito como para intentar corromperlo con estupideces. “Se quién soy, sé que puedo jugar muy bien, júzgame por mis méritos”, dijo Barack Obama, con un doctorado en romper barreras y luchar contra injusticias.


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