Un millonario empeñado en crearse su propio club para disfrutar de él en las noches Champions, una afición improvisada que nunca imaginó sus colores, un país rechaza la pérdida de valores afectivos en el fútbol y un deporte que, quizás, ya no sea tan sensible como cuando nos enamoró de niños.


Familia acomodada, padres tempranamente separados y tiempo para el estudio de todo lo que se relacionara con el marketing, fueron el tridente adolescente que necesitaba para expandir su hiperactiva creatividad en bohemia Viena. Dio igual que se iniciara en una empresa de jabones, que creciera vendiendo cepillos de dientes como reclamo extrovertido de su sección comercial o que mejorara su nómina en una fábrica de cosméticos, porque su agudeza le llevó a interpretar un ‘nuevo mundo comercial’ tras un viaje a Tailandia. ¿Cómo? Una mezcla a modo de jarabe que le expulsó el jet-lag en minutos, llamó su atención. No fue su extraño sabor ni su difícil tono de color, sino la fuerza con la que pudo integrarse en su cabeza para eliminar aquella sensación de sueño, pérdida de fuerza y falta de concentración. Ni rastro de aquellas temibles horas tras un largo viaje. Hoy, aquella milagrosa bebida vende 6.000 millones de latas anuales, responde al nombre de Red-Bull y ha permitido a Dietrich Mateschitz poseer una riqueza de más de 16.000 millones de dólares para ser el hombre más rico de Austria y uno de los más ricos del planeta.

El líder mundial del mercado de bebidas energéticas, siempre se vinculó al mundo del deporte. Red Bull, cuya creatividad publicitaria está fuera de toda duda, encontró su particular segmento en deportes de riesgo, shows mundiales con récords por batir y grandes eventos planetarios para público adolescente. Pero al mismo tiempo que su fama crecía y su cuenta corriente multiplicaba dividendos activos, el millonario austriaco invertía en todo aquello que consideraba atractivo. La Fórmula 1 fue (y es), su gran tentáculo de imagen deportiva, pues se trata de la práctica más comercial, vinculada al negocio y de valores alejados de la mística romántica de otros… como el fútbol. Pero el hombre que colecciona aviones, obras de arte y disfruta de su trono en su propia isla de Fiyi con 25 villas de lujo, no iba a perder insistencia. Con muchísimos problemas y en diferentes latitudes, consiguió abrir mercados futbolísticos en Nueva York, Sao Paulo o Accra, aunque fue en su propio país, en Salzburgo, donde encontró una mayor oposición. Lógico, pensando que el millonario compraba un ente que representaba a miles de hinchas que, de un día a otro, vieron como su club, el Austria Salzburgo, desaparecía para dejar paso a un club que tomaba prestada su plaza, pero que ofrecía nuevo escudo, nuevos colores y nuevo estadio (Red Bull Arena, claro, por las dudas). Eso provocó que la hinchada nunca sintiera como suyo aquél nuevo movimiento, que no enganchara a los más adeptos y que fuera censurado por los valores no escritos pero sí conocidos, del fútbol más puro.

“Cuando salieron al estadio los jugadores, todo el graderío se vistió de negro y en silencio sepulcral, simulaban un entierro que era un mensaje claro a todo el mundo: El fútbol ha muerto”

Tras muchos años de dominio sobrado en la liga austriaca pero de intentos fallidos por alcanzar la fase final de la Champions League, Mateschitz cambió de epicentro de operaciones futboleras y el destino fijado era el vecino, la mucho más gigantesca, Alemania.

– ¿Dónde podemos establecer el imperio Red Bull en el fútbol alemán?, Franz.

Si quieres un lugar para hacerte fuerte en Alemania y tener un club poderoso, tu ciudad es Leipzig, Dietrich.

Franz, es nada menos que Beckenbauer, el hombre más importante de la historia del fútbol alemán y emblema de todo lo que genera comercialmente el gigante teutón cuand el fútbol aparece en escena. El millonario, siguió su consejo pero… ¿Por qué Leipzig? La respuesta del ‘Kaiser’ era perfecta y estaba fundada en los valores que, precisamente, habían puesto complicaciones máximas para ganar terreno en Austria, el romanticismo. Nadie tiene más añoranza de fútbol competitivo que la Alemania del Este, la antigua RDA, que desde que en los años 70 el Magdeburgo o el Dynamo Dresde lograran ser protagonistas, jamás había logrado impulso suficiente como para, ahora, poder introducir una potencia en la Bundesliga. La cuna del hermetismo y comunismo germano, convertida en epicentro de maniobras empresariales con el fútbol como excusa y con la pelota como inevitable ‘perdón’ para todas aquellas fórmulas éticas del fútbol más romántico.  En Leipzig, ya no importaban tanto las leyes no escritas, sino la fuerza de volver a ser y el estímulo de la añoranza. Y más, si la promesa de RB era pasar de las catacumbas germanas… a la Champions League.

Pero Alemania, en global, nunca pensó igual y complicó aquella maniobra todo lo posible. Tanto, que Mateschitz fracasó por dos ocasiones en el intento de compra de clubes de la ciudad con la intención de estar ya involucrado en divisiones oficiales y no empezar desde cero su camino hacia la élite, sino ganar algún escalón. Lo intentó con el Sachsen Leipzig y cuando todo había tomado el camino hacia él éxito, los aficionados protestaron y la Federación Alemana de Fútbol (DFB) vetó la operación. Hay que recordar que, en el fútbol profesional alemán, no se permite que existan patrocinadores en el nombre ni que una empresa pueda adquirir el 51% de un club de fútbol y ser, por tanto, su dueño mayoritario. Meses después, sucedió algo similar con el Lokomotiv Leipzig, donde una junta de accionistas acabó con amenazas de muerte al presidente del club si se atrevía a cerrar e acuerdo con Red Bull. Ante la tremenda hostilidad recibida, Mateschitz decidió ser aun más atrevido y lanzarse al vacío. Empezaría practicamente desde cero. Logró comprar a plaza del SSV Markranstädt (club de 5ª División alemana, hospedado a 13 kilómetros de Leipzig), al que renombró de inmediato RB Leipzig, aprovechando que RasenBallsport (deporte de pelota en césped), tiene las mismas siglas que su marca energética. ¿El reto? Ascender en un máximo de ocho temporadas a la Bundesliga e invertir más de 100 millones de euros en ello.

En la temporada 2009, se inició ese trayecto que pese al éxito casi imparable en el terreno de juego, siempre estuvo repleto de polémicas, críticas, insultos y múltiples agresiones lingüísticas y hasta físicas a su afición y sus adeptos. Los primeros en boicotearles fueron los hinchas de los dos clubes de Leipzig a los que intentó adquirir, que obligaron a cancelación de partidos, a multiplicar la seguridad en los estadios humildes a los que viajaban y a buscar entrenamientos privados sin casi tiempo de aviso a los propios jugadores. Aun así, su buen hacer en el terreno de juego y su mejor inteligencia para abordar temas institucionales, le hizo sentar unas bases que le permitieron ascender de inmediato y hasta crear su propia cantera como exige la Federación Alemana (compró un club de 7ª División al que convirtió en su filial). Tras dos cursos de cierta sensación de letargo y estancamiento, llegó la decisión fundamental de todo el proyecto del Red Bull Leipzig, la contratación de Ralf Rangnick (ex entrenador de Ulm y Hoffenheim, con los que diseñó previamente un proyecto hacia la élite) como director deportivo con total libertad de acción en todos los ámbitos del club. Hay que recordar que Rangnick está considerado uno de los precursores del cambio de mentalidad e ideología futbolística de la Alemania actual, pues él fue uno de los que inició ese reestructuración y profesionalización en todas las fases del fútbol germano. Desde ese instante, Ralf decidió que su club sería un ejemplo sobre cómo gestionar siempre una plantilla de recursos propios, basando todos sus recursos en contratación de jóvenes promesas y jugadores con facilidad de hacer progresar sus carreras gracias al RB. ¡Y vaya si lo logró! De manera inmediata, pues se logró al ascenso a 3.Bundesliga y, 365 días después, otro ascenso a 2.Bundesliga, convirtiéndose en el primer club en lograrlo en su primer año en la categoría.

 

Ojalá nunca tengamos que ver un RB Real Madrid, un RB Barcelona, un RB Valencia o un RB Betis, porque sería terminar con la tradición, los valores y los sentimientos que generaron la base y el inicio de este deporte tan maravilloso

 

En este instante, toda Alemania encendió las luces de alarma a gran escala. Desde la interpretación más ética y romántica, un infiltrado comercial, había logrado saltarse cualquier obstáculo de las leyes futbolísticas alemanas (que no habían sido tan estrictas como se esperaba con sus patrocinadores e inversionistas y que a ojos de sus detractores, hay pruebas que mostrarían que no cumple gran parte de las reglas del juego) y situarse a un pasito de la cúspide gracias a su enorme capacidad financiera y a un gigantesco proyecto avalado por nombres que aseguraban su equilibrio más allá de los euros. Para entonces, la ciudad de Leipzig ya los había digerido, el apoyo a ese proyecto milagro que estaba rozando la mayor heroicidad del fútbol nacional en décadas ya era máximo y la añoranza había dejado paso al aplauso ante lo que se estaba viviendo. El resto de Alemania, sin embargo, iba a entonar otro discurso y, de manera natural, millones de hinchas de todo el país se unieron mentalmente bajo un único lema: hundir al Leipzig. “Existe la regla del 51% en Alemania, una regla que impide que cualquier club tenga más de la mitad de sus acciones, en manos de grandes empresas, aunque hay dos excepciones con Bayer Leverkusen (de la farmacéutica Bayer) y el Wolfsburgo (del gigante automovilístico Volkswagen), porque llevan más de 20 años en el club y se da por sentado que no van a huir y dejarle tirados. Pero con el RB Leipzig, no ocurre eso. Se interpreta que no es una empresa detrás de un equipo, sino que sin la empresa, no hay club, porque antes de ellos, no había nada allí y no han instrumentado nada. Esa interpretación es mayoritaria en Alemania. Es odiado porque se come, absorbe y se lleva por delante a todos los clubes de la región, ficha a todos los canteranos buenos, existe un éxodo de estrellas de su alrededor bajo promesas y, sobre todo, esta evolución donde empresas financieras destruyen todo, genera una animadversión brutal porque no deja ni rastro de identidad, cultura o tradición anteriores”, comenta Guillermo Valverde, periodista que trabaja hace años en Alemania y ha vivido de cerca lo ocurrido en todo el país con la transformación del RB Leipzig.

¿Cómo actuaron los clubes a los que se tenían que enfrentar? Le hacen la vida imposible, sobre todo, en sus inicios y en sus primeros meses en 2.Bundesliga y Bundesliga, cuando la profesionalidad y su llamada a la élite, ya había alarmado a todo el país. Cada semana, cada estadio, cada partido, era un suplicio para la institución oriental, castigada por la supuesta falta de respeto y usurpación de los valores más éticos del fútbol alemán que, directamente, les odia: “Hay muchísimos problemas en cada partido. No hay ni un solo enfrentamiento donde no hayan surgido problemas con ellos, pues les tienen preparadas acciones o tifos. En muchos estadios no le ponen el escudo o el logo del club, aparecieron tifos gigantes con la muerte de toros e incluso se arrancaron cabezas simuladas de estos animales y se lanzaron al césped para simular su muerte. En otros estadios, en aquellos con valores más idealistas e identitarios, le llaman sólo Leipzig, cambian la publicidad por marcas energéticas que les hacen competencia, crean una lata gigante de su bebida y la destruyen en el graderío. Un caso extremo es el de Unión Berlin, de ideales completamente opuestos al RB Leipzig. Cuando salieron al estadio los jugadores, todo el graderío se vistió de negro y en silencio sepulcral, simulaban un entierro que era un mensaje claro a todo el mundo: El fútbol ha muerto”, ejemplifica.

“En los partidos que jugamos contra ellos, nuestra afición preparó un show antes del partido en el que cientos de latas falsas de la bebida que representa a nuestro rival, eran lanzadas al césped destruidas. Lo que querían demostrar es que antes de grandes empresas que acaban con los valores del club, lo que de verdad importa son sus bases y la afición que quiso elegir ser de este club con libertad y amor, no con elección empresarial o por obligación por la idea millonaria de algún empresario”, destaca Guillermo Vallori, ex jugador del 1860 Munich, que tuvo que vivir varias temporadas en la misma categoría que el RB. “La primera vez que jugué contra ellos, resultó coincidir con la semana de nuestra fiesta, que era el OktoberFest y el cartel del partido, los videos, lo que se mostró de parte de nuestra afición era como una jarra gigante de cerveza bávara y prototípica de Munich, destrozaba a una lata de Red Bull”, destaca el ex defensor balear. Sin embargo, deja claro que no entiende tal crítica al club más odiado de Alemania: “Hay muchos clubes de este país y de cualquier otro, donde las empresas son las que mantienen su estatus. Sin ir más lejos, el propio que yo defendí, el 1860 Munich”, sentencia.

Sin embargo, más allá de las críticas o de problemas futbolísticos por interpretación opuesta de los valores que siempre arrastra la pelota, el Red Bull Leipzig ha vivido un infierno desde dentro, desde los propios futbolistas que defienden este club. Practicamente todos han seguido un minucioso trabajo psicológico para saber soportar tensión extrema en su contra para saber reaccionar, para no dejarse intimidar pero tampoco excederse, aunque lo más grave llegó cuando varios jóvenes del filial fueron agredidos por llevar el chándal de su equipo en las ciudades donde iban a disputar un partido horas después. Acciones que llevaron al club a eliminar algunos de sus filiales en una decisión en la que vence la violencia y el temor, algo que lejos de ser entendido como parte reivindicativa del fútbol, no se puede aplaudir más allá de su naturaleza o finalidad.

Si nos dejamos llevar por la parte más romántica del fútbol, ojalá nunca tengamos que ver un RB Real Madrid, un RB Barcelona, un RB Valencia o un RB Betis, porque sería terminar con la tradición, los valores y los sentimientos que generaron la base y el inicio de este deporte tan maravilloso. Si nos dejamos llevar por la parte más realista, actualizada e innovadora, ese fútbol que tanto amamos, tiene cada vez menos recuerdos nostálgicos y más imagen de marca. Unos lograron su grandeza en base a resultados, historia y vínculos afectivos con su afición. Otros, quieren lograr su grandeza en base a sus aptitudes comerciales y su fiereza publicitaria. Los dos son válidos. Analicen y elijan, quizás su club ya no sea aquello que le hizo enamorarse de él…


En el programa-podcast Nº4 de ElEnganche en SpainMedia, estuvieron con nosotros: Guillermo Valverde (periodista deportivo que trabaja hace varios años en Alemania) y Guillermo Vallori (futbolista con nutrida trayectoria en divisiones inferiores del fútbol alemán, donde se enfrentó al RB Leipzig).