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Panenka estuvo el pasado viernes en San Sebastián para presentar el número de noviembre, en el que la Real Sociedad tiene un gran peso, partiendo desde la portada, con protagonismo de Xabi Prieto, y a través de un completo dossier escrito en clave ‘txuri-urdin’. Celebrado en la Librería Central de la capital guipzcoana, en el acto nos acompañaron los exfutbolistas Juan Antonio Larrañaga -el segundo jugador con más partidos disputados en la historia de la Real, ganador de dos Ligas, una Supercopa y una Copa-, Mikel Alonso -formado en el club, componente del conjunto que logró el subcampeonato en la temporada 2002-03 y actualmente en el Real Unión de Irún- y el escritor Ander Izagirre, que, además de participar en el dossier del número con un apunte literario, es autor, entre un buen número de títulos más que recomendables (Cansasuelos, Potosí, Plomo en los bolsillos…), de Mi abuela y diez más (Libros del KO, 2013), una mirada a su afición a la Real Sociedad.

Además de para acercar este número blanquiazul al territorio de la Real Sociedad, la presentación nos sirvió para mantener una amena charla con estas tres voces autorizadas y con el público asistente. Así pues, la conversación se desarrolló en tres ejes principales. El pasado, el presente y el futuro del club y, en consecuencia, de la ciudad, su carácter y su cultura deportiva.

PASADO

Con dos títulos de Liga consecutivos (1981-1982), con la consecución de la Copa hace 30 años, los éxitos de los 80 marcaron un antes y un después en la historia del club. ¿En qué cambió la entidad después de aquellos logros? ¿Pesaron a las generaciones posteriores? ¿Cómo se formó el aficionado que creció en los 80?

LARRAÑAGA: No sé si hubo un gran cambio, ya venía de antes. Los 80 rubrican lo que estaba pasando en el club. Nosotros fuimos los aprendices, nos ayudaron a ser lo que hemos sido. Les debemos mucho, nos enseñaron lo que era la Real y los valores que había en el club. Es lo que nos llevó a llegar a los títulos y a ser un gran equipo.

ALONSO: El haber sido campeón te da autoestima. El sentimiento, muy vinculado a la memoria, te cambia la percepción. Siempre crees que puedes lograrlo de nuevo. En mi caso, he crecido con esos elementos, con mi hermano [Xabi Alonso] viendo ese vídeo de Gijón [en referencia al gol de Zamora que da la primera Liga a la Real, ante el Sporting]. Mi padre [Periko Alonso] es el que mete el balón a la olla… Ha sido algo muy cercano. Y luego, he tenido la suerte de haber estado a punto de conseguirlo, porque he estado en la plantilla que fue subcampeona, en la 2002-03. ¿Es un peso? Depende de cómo te lo tomes. Es algo que tiene que ayudar a pensar que se han hecho grandes cosas. Pero cuando las cosas salen peor, si están siempre recordando eso, las comparaciones pueden ser un poco complicadas.

IZAGIRRE: El pasado es clave en todo esto. Mi deporte es el ciclismo: como heredero moral de Monsier Comet [fundador del Club Ciclista de San Sebastián] debería odiar el fútbol y odiar específicamente a la Real Sociedad, porque el fútbol prosperó sobre las ruinas físicas del velódromo de Atotxa que derribaron para hacer el estadio. El fútbol se cargó al ciclismo. Pero le reconozco al fútbol un poder que no tiene otro deporte: la capacidad de marcar tanto la vida de la gente. El gol de Gijón, yo no lo recuerdo, tenía cinco años, pero sí que recuerdo el follón que hubo en casa de mis abuelos y que alguien me levantó por los aires. Sé que existe un vídeo del primer momento exacto en el que tengo un recuerdo en esta vida, y eso es algo que produce el fútbol, que no produce el ciclismo. Es casi una prueba del Carbono 14: ¿qué hacías en tal momento marcado por un gol, una derrota, un descenso? Muchas veces hago el relato de mi infancia acordándome de cómo iba a Atotxa con mi padre, de cómo mi abuela me ató un trapo blanco y azul para ir al campo el día de la segunda liga. Y eso crea algo muy poderoso.

Pero en aquellos 80, no todo fueron éxitos rotundos. El equipo acarició con la yema de los dedos la posibilidad de jugar una final de la Copa de Europa. Una historia que explica el periodista Naxari Altuna en el número de Panenka. El relato de una aventura que acabó con un escándalo arbitral y una decepción, pero que conoció etapas como la visita a Celtic Park, un encuentro que marcó especialmente a Larrañaga.

LARRAÑAGA: Me quedé impresionado. Me impactó muchísimo ver cómo casi una hora antes del partido todo el campo estaba lleno, todo verde. Y pensar: ¿Los nuestros dónde están? ¿Adónde hemos venido? Para mí fue algo impresionante. No lo he vivido ni en Madrid ni en Barcelona ni en ningún sitio.

Aquella final… la tuvimos cerca, estuvimos dentro de la eliminatoria en todo momento. Pierdes como pierdes, le das muchas vueltas. Y por aquel entonces en la Copa de Europa jugaban solo los campeones de todas las ligas: para la Real Sociedad era increíble. El equipo lo dio todo. Y te queda esa rabia… Creo que dimos un ejemplo como club y como equipo y tenemos que estar muy orgullosos. Nosotros, y la afición.

PRESENTE

Con el recuerdo de aquellos tiempos aún frescos en la memoria, cruzamos la delgada línea que separa el pasado del presente. Hoy se viven tiempos de ilusión en Anoeta, así que, con aquella fatídica eliminatoria ante el Hamburgo todavía en la memoria, se nos ocurre imaginar la posibilidad de una revancha.

¿Es posible repetirlo?

LARRAÑAGA: Lo veo más cerca que hace algunos años. Parece que la Real va avanzando, está ilusionando. Sería impresionante, para el club y para la afición. Pensamos que esas épocas habían pasado, también después de haber sido subcampeones, pero vuelve a resurgir otra vez esa sensación en la afición. Encima, lo más importante de todo es que la gente joven está dando el paso y está apareciendo. Y estamos ilusionados.

Precisamente, hablando de esa gente joven que está apareciendo. ¿Qué tipo de jugador suele generar la Real Sociedad? ¿Es distinto al del Athletic?

ALONSO: El del Athletic suele ser un jugador que hoy trabaja bastante el físico, pero ha habido muchos cambios. Cuando yo empecé, con 18 años, se fichaba a un jugador más físico, más grande, más atlético, había otra idea de fútbol, otra la forma de trabajar, con preparaciones físicas de dos o tres horas por la mañana. Y, luego, ha habido una evolución: la Real Sociedad ha ido apostando por jugadores más pequeños y la preparación física ya no es lo más importante. Hoy se busca otro tipo de jugador en el que no prima el aspecto físico. Si sabe leer los partidos, es suficiente. Y en esas estamos ahora. Porque el juego posicional hace que ahora la Real haya cambiado mucho el trabajo que se hace en Zubieta. Ha habido una transformación. El jugador vasco es un jugador que pelea, que tiene unas características que quizá que se asocian más al carácter del norte. Pero no tiene que ser siempre grande a nivel físico. Al final, si juega bien, pues juega bien y ya está.

¿Cambia la forma cómo se percibe al equipo de tu ciudad, al equipo al que tú animas cuando entras en la edad adulta?

IZAGIRRE: A mí me gusta cómo idealizamos. Atotxa era el fortín pero también recuerdo cosas feas allí: los abucheos a Ormaetxea… Sobre Anoeta se decía ‘hay que quitar las pistas’, pero había días que decías ‘en vez de ocho pistas, a ver si hay 16, porque el que está a mi lado pita todo el rato a cierto jugador…’. Pero creo que también es bonita esa idealización del pasado. Porque también éramos jóvenes. Lo vivíamos de una manera que ahora, a una distancia un poco más fría que cuando eras un adolescente, ya no somos capaces.

Poneos en el caso de un aficionado como yo, que es aficionado de la Real y no tanto del fútbol. Visto de fuera… yo el ciclismo lo entiendo muy bien, y el fútbol me cuesta. Siempre tengo curiosidad por saber por qué unos equipos tienen cierto carácter y otros, uno distinto. Mi novia, que es italiana y jugaba al fútbol, últimamente me ha acompañado a Anoeta. Y dice: ‘es un equipo que me cae muy bien, me gusta mucho cómo juega, pero me dan un poco pena, son un poco pobrecitos’. A la Real a veces se le achaca cierta frialdad… ¿Ese carácter se forma en un vestuario, en una tradición? Ese proceso de individualidades que se juntan, me fascinan. No sé por qué la Real se parece a los guipuzcoanos (¿sí, no? Estamos bastante de acuerdo en eso…) Y mi otra pregunta es cuántos puntos vamos a ganar cuando no haya pistas. Porque siempre se dice perdemos no sé cuántos puntos…. A un jugador, ¿cómo le afecta eso?

LARRAÑAGA: Yo viví esa situación del trasvase de Atotxa a Anoeta. De los que fuimos campeones, fui el único que jugó en Anoeta. El cambio es enorme. Tener cerca a tu gente, tener cerca a tu afición… eso siempre te da un plus en un partido. La presión sobre el rival, el árbitro, te ayuda, aunque a veces no te sirve para nada. Es mucho mejor tener cerca a la afición que no tenerla a tantos metros. Yo lo veo así, en cuanto a sensaciones, en cuanto a cercanía de afición, en cuanto que a veces te sientes solo… Porque a la afición ya la escucho, sobre todo cuando me pitan [risas], sé que está cerca, pero no es como Atotxa.

MIKEL: Yo responderé a la otra pregunta. Siempre parece que los aficionados se proyectan un poco en lo que ven. Y como los once jugadores de la Real no viven solos, y todos nos vamos contagiando, creo que al final esas cosas, esos mensajes, también acaban conformando un equipo que cuando va bien es tan atractivo y tan maravilloso; y que cuando las cosas salen mal se le echa en cara que tiene el carácter guipuzcoano (que somos unos tristes, que ahora alguien tiene que salir a hablar… que ojalá fuésemos como los de Bilbao, más echados para adelante). Y cuando va bien, somos humildes en el triunfo, somos de puta madre… [risas] Más allá de estas disquisiciones, está el fútbol. Está claro que los bilbaínos son como nosotros. ¿Juegan diferente? Un partido en San Mamés es diferente que uno en Anoeta. Con sus cosas buenas y con sus cosas malas. Pero es otro estilo.

ANDER: ¿Que la Real haya hecho desastres tan terribles en la Copa durante 25 años seguidos, que siempre le ganen equipos de Segunda B y Segunda, que eso pase tantas veces seguidas, tiene algo que ver con ese carácter del equipo? ¿O es casualidad?

LARRAÑAGA: No creo que sea algo de carácter. Nos puede haber perdido el juego, el haber dado descanso a algunos jugadores, pero no creo que sea del carácter. Son los estilos que tiene cada uno: al final, el Athletic tiene un estilo de juego marcado desde hace muchos años. Y la Real, también. Porque estamos viendo al Sanse jugar así desde hace bastante tiempo. Lo que pasa es que en estos momentos ha venido un entrenador que creía en ese estilo. ¿Que nos falta algo más porque lo querríamos más completo? Sí, pero es muy difícil…

¿Qué le falta a la Real de Eusebio?

LARRAÑAGA: Siempre falta algo, a todos les falta algo. Sufre cuando pierde el balón. Hay una mentalidad más ofensiva que defensiva. Nos faltaría algo de oficio, como se suele decir. Cuando hay una pérdida, ser más marrulleros… Pero eso no se entrena. Con un estilo tan marcado con el balón… con la pérdida sufren todos. El Barça también, pero tiene tanta calidad arriba que decide los partidos.

¿A nivel de estilo de juego, encaja bien con la forma de entender la vida del guipuzcoano?

MIKEL: No creo que seamos cerrados en ese sentido. Si se juega bien, nos adaptamos. Todo el mundo entiende lo que es jugar bien. A la gente aquí le gusta ganar. Y si se gana, normalmente el estilo no se discute demasiado. Y hay formas de ganar más elegantes, y la que propone Eusebio lo es. Pero más allá del estilo, de la ideología, están los jugadores, y tienes que tener los futbolistas que hacen que tengas la pelota. No tiene nada que ver con la forma de ser en este sentido sino con el hecho de que nos encanta el fútbol, que nos gusta un montón, y que se está jugando fenomenal. Y la gente está orgullosa e ilusionada. Pero hay que mantener eso en el tiempo.

 

“Me llamó la atención en los días que pusieron la grada supletoria, contra el Rosenborg y el Real Madrid, que gente de mi edad para arriba, señalaban la grada y decían: ‘mira, como en Atotxa'”, dice Izagirre

 

FUTURO

Ilusiones, esas de las que habla Mikel Alonso, que miran al futuro. Y en ese horizonte de la Real Sociedad aparece la remodelación de Anoeta, que pondrá fin a la pista de atletismo y volverá a acercar a los aficionados al césped, en un intento por recuperar el viejo espíritu de Atotxa, del que habla Ander Izagirre en su texto en Panenka.

¿Qué esperas del nuevo Anoeta?

ANDER: Tengo curiosidad, sobre todo. Pero aunque está bien recordar que no hay que idealizar las cosas, si los jugadores siempre lo dicen por algo será. Cuando esta temporada pusieron la grada supletoria contra el Rosenborg y contra el Madrid, el periodista Roberto Ramajo (Cadena SER, As), recogía que los propios jugadores habían agradecido al club el gesto y decían que esto en el futuro iba a ser la leche. Yo me fio de los jugadores, y si ellos lo dicen, seguro que les va a ir mejor. Y a los aficionados, por supuesto, también. Tengo mucha impaciencia por ver qué tipo de ambiente se crea. Me llamó la atención en los días de la grada supletoria que gente que tengo a mi alrededor, de mi edad para arriba, señalaban la grada y decían: ‘mira, como en Atotxa’. No vamos a volver a tener 18 años y no vamos a volver a ver a la Real ganar la Liga, no seamos tampoco ilusos. Y si coincide con otro año bueno, como en el que estuvo Mikel a punto de ganar la Liga, que es algo que para mí fue increíble… Después del último partido de aquella temporada, recuerdo volver a casa en bici y pensar: ‘si ya era imposible ver a la Real ganar la Liga otra vez, ahora estoy seguro que no lo volveré a ver’.

¿Nunca?

LARRAÑAGA: Decir nunca… También se perdió una liga faltando dos partidos y al año siguiente éramos campeones.

¿La pista de atletismo hace perder puntos?
LARRAÑAGA: No lo sé. Que esté la gente cerca ayuda. Pero no te va a hacer ganar más o menos.

¿Mikel, cuánto habrías pagado por jugar un partido en Atotxa?

MIKEL: Yo iba a Atotxa de pequeño, con mi abuelo y mi padre. Anoeta es un gran estadio, pero si se habla tanto de ello, si está en obras, es porque está claro que la sensación la tenemos todos. Cualquier evento deportivo, cuando tienes esa distancia… te falta oír el sonido del balón, te falta oír si el entrenador dice algo… Eso es lo que a mí me parece lo más bonito: poder estar en el estadio y ver la cara de los jugadores, algo cada vez más difícil en el fútbol moderno. Se hacen estadios más amplios, con esa sensación un poco de Playstation, pero conseguir la cercanía en la medida en que se pueda, en la medida en que se permita el aforo, es bueno para todos. Incluso para el rival. Porque es cierto que hay rivales que les gusta que haya marcha.