La Superliga china ha acaparado todos los focos de atención del mundo del fútbol en los últimos años. La apuesta asiática –casi contracultural– por un deporte que siempre había parecido existir solo en una parte del globo ha situado en el mapa un país que hasta ahora no se había asociado nunca al deporte rey en Europa. El viejo continente mira con cierto recelo la nueva realidad que vive China, convertida en una especie de cementerio de elefantes en el que grandes futbolistas llegan, muchas veces tachados de ser poco ambiciosos, para pasar los últimos años de su carrera futbolística. Sin embargo, pocas veces se pone en la ecuación el lado personal de los deportistas. La adaptación a una nueva cultura, los cambios en las rutinas y lo cotidiano o el hecho de vivir lejos de la familia condicionan una aventura que para Jonathan Soriano ha llegado al final de su primer capítulo.

El delantero catalán es de aquellos a los que no les da miedo salir de la zona de confort. Desde muy joven, el futbolista nacido en el Pont de Vilomara supo los sacrificios que exigían llegar a la élite de ese deporte que tanto ama. Tras un largo trayecto por las categorías inferiores del Espanyol, donde llegó hace casi dos décadas, el atacante no pudo consolidarse en la primera plantilla. Después de salir cedido a Almería, Poli Ejido y Albacete, aterrizó en el Mini para jugar en el filial del rival ciudadano. Una decisión que le convirtió en el mejor delantero de la categoría de plata y le abrió las puertas de su primera experiencia profesional en el extranjero. Su exitoso paso por Austria, que aplacó las voces de muchos críticos, amplió su particular mapa futbolístico y le inyectó las ganas de vivir nuevas aventuras en las que exportar sus goles, lejos de su tierra.

Ahora, en la Superliga china, Soriano sigue demostrando su idilio con el gol. “Al principio fue duro por todo lo que supone el cambio, pero una vez pasados los primeros meses empecé a sentirme mejor”, explica a Panenka el delantero, que ha cerrado su primera temporada con 16 goles y dos asistencias en las filas del Beijing Guoan. A sus 32 años, no solo quiere seguir demostrando que aún tiene fútbol en sus botas. “No solo es jugar, también estoy conociendo culturas y formas de vida”. En el país de la disciplina y el orden, el catalán ha ido adaptándose a todas las novedades que se le han ido presentando. “Ha sido un cambio importante, pero llega un momento en el que debes aceptar su forma de vida”. Un estilo muy diferente al occidental, pero que le está resultando muy interesante y atractivo. El experico y exculé admite que estar separado de la familia es lo más duro a pesar de llevar varios años lejos, aunque existen aspectos menores del día a día como el desplazamiento por la ciudad que también suponen un verdadero desafío.

 

Su exitoso paso por Austria, que aplacó las voces de muchos críticos, amplió su particular mapa futbolístico y le inyectó las ganas de vivir nuevas aventuras

 

En el plano estrictamente profesional, su primera campaña ha tenido contratiempos que han dificultado la aclimatación al país. Tras iniciar la temporada con el español José González en el banquillo, los malos resultados precipitaron su adiós a las pocas jornadas. Con su marcha y la llegada de Roger Schmidt al cargo, con quien había coincidido en el Red Bull Salzburg, el delantero empezó a tener mayor protagonismo. “Nunca gusta que un entrenador sea destituido porque eso significa que las cosas no están yendo bien, pero a raíz de su destitución he tenido la suerte de entrar más en los planes del nuevo técnico”, admite. Como él, otros grandes peloteros han decidido iniciar la exótica aventura en la Superliga. “Son jugadores que le dan un plus de calidad y experiencia a la liga. Jugadores mundialmente conocidos y con experiencia en competiciones internacionales”. Sin duda, uno de los atractivos para emprender el viaje.

Además, la implicación desde los distintos sectores del país ha dado valor a la competición. “Es una liga en crecimiento pero no podemos comprarla con Europa, donde llevan muchos años trabajando desde la base. En China están empezando”. Soriano es consciente que todo necesita un tiempo y que es un proyecto en fase todavía embrionaria. “No solo por traer jugadores extranjeros la liga será mejor”. Para él, que el gobierno dé apoyo es importante. “Hay muchas ayudas y seguro que con la idea de crear centros formativos, el fútbol en China crecerá”, confía este trotamundos del gol. Un degustador de porterías rivales que se ha encontrado en Asia un fútbol muy diferente al europeo, menos táctico y más pausado. “Poco a poco vamos viendo equipos más disciplinados gracias a entrenadores de nivel que están llegando”, aunque advierte que se trata de un proceso que llevará varios años hasta poder ver una competición con un nivel equiparable a lo que conocemos aquí.

Con su primer curso en China, Jonathan Soriano ha tachado un nuevo país en el que exportar sus goles después de dejar Austria, donde mostró su mejor versión y se erigió en un auténtico ídolo. Allí vivió años inolvidables, pero el delantero guarda grandes recuerdos de cada paso que ha dado en su carrera. Su estancia en los dos grandes filiales del fútbol catalán es la mejor muestra de que su trayectoria siempre ha estado guiada por las convicciones que ha tenido en cada momento, sin estar condicionado por nada ni nadie. Solo aquello que no ha dependido únicamente de él, como el asentarse en la primera plantilla blanquiazul o el soñado debut con la selección española absoluta, quedará como una cuenta pendiente en su carrera. Quizás golear en ligas menores lo haya perjudicado a ojos del resto, pero no es ninguna espina que le haya quedado clavada. Ahora, con 32 primaveras a sus espaldas, no piensa en el momento de colgar las botas. “Mientras disfrute y crea que ayudo al equipo seguiré jugando”. Sin perder tiempo en ello, únicamente busca disfrutar de lo que le quede sobre el césped para continuar marcando goles. Su especialidad. Lo hará con la consciencia tranquila de saber que allá por donde ha pasado se le recordará como una buena persona. Por encima incluso del trotamundos del gol en el que se ha convertido.