A los 1o años de su muerte, que se cumplieron el 25 de noviembre de 2015, en el #Panenka46 nos propusimos acercarnos a la figura de George Best: tapada, e incluso arrinconada, por la leyenda de sex symbol, de pop star, de autor de frases gamberras, Best fue quizá el primer jugador que realmente sucumbió ante la potencia de su personaje mediático.

Así lo contaba el director de la revista, Aitor Lagunas, en el programa Al Primer Toque de Onda Cero.

En este número explicamos las dos vertientes: la del futbolista imprevisible, técnicamente genial, con unos registros muy completos, que ganó la primera Copa de Europa para el fútbol inglés con el Manchester United en 1968. Y también la del hombre hedonista, que amaba disfrutar de los placeres de la vida hasta el punto de que alguno de ellos le acabaría costando la vida misma.

El crack del que todos hablan pero casi nadie vio. El ‘Belfast Boy’ nos resulta un jugador un tanto remoto, por la distancia geográfica pero también cronológica. Hoy la Premier forma parte esencial de nuestro menú futbolero. Pero hace medio siglo, cuando él comenzó a brillar, apenas se recibían imágenes del fútbol inglés. Y evidentemente no había jugadores españoles en las islas.

Sin embargo, Best fue un amante de nuestro país. Disfrutó de nuestras playas, primero en Mallorca y luego en la Costa del Sol, donde se refugiaba cada vez que protagonizaba una espantada con el United, y donde flirteó con la idea de fichar por el Atlético Marbella. Llegó a realizar una campaña publicitaria para difundir las naranjas españolas en el Reino Unido. Y sobre todo estableció amistad con algún español que aún hoy lo recuerda como un tipo bastante alejado a lo que su leyenda puede insinuar: un chico tímido, callado, introvertido.

BEST: FUTBOLISTA EN ESPAÑA

En un tiempo en el que con solo ocho partidos te plantabas en la final de la Copa de Europa, los aficionados españoles no tuvieron demasiadas oportunidades de ver a Best en acción. En el breve historial futbolístico de ‘Georgie’ en nuestro país destacan dos dobles enfrentamientos: los Manchester United-Real Madrid de 1968 y los España-Irlanda del Norte clasificatorios para la Eurocopa de 1972.

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En abril de 1968, el Madrid de los ‘Ye-yés’ -campeón de la Orejona dos años antes- cabalgaba hacia la novena final merengue en 12 años. En su camino se interpuso el United de Bobby Charlton, Denis Law y George Best, la Santísima Trinidad de los ‘red devils’. En Old Trafford y sin Amancio, el Madrid cayó 1-0 a disparo de Best, ya entonces apodado ‘El Quinto Beatle’ por motivos obvios. La vuelta, el 15 de mayo, deparó un decepcionante empate 3-3 que permitió el pase del United a la final de Wembley. Una década después de perder a medio equipo en el accidente aéreo de Múnich, Sir Matt Busby estaba a punto de ganar la primera Copa de Europa del fútbol inglés. Y Best (o Bets, según el ABC), el título de mejor jugador europeo del momento.

Dos años después, la selecciones española y norirlandesa quedaron encuadradas en el mismo grupo de clasificación para la Euro’72. El 11 de noviembre, hace ahora 45 años, Best y su tropa desembarcaron en Sevilla. El Sánchez Pizjuán fue testigo de la victoria local, 3-0, al que contribuyó el férreo marcaje que Rifé realizó sobre el ídolo británico.

 

Especialmente jugosa se muestra la hemeroteca con aquel duelo. Mundo Deportivo recogía en la previa una escena bizarre:

Como curiosa noticia, digamos que George Best, el mundialmente famoso ‘as’ del Manchester United, recibió a los representantes de la Hermandad de Labradores de Alcalá de Guadaira, quienes le hicieron entrega de un obsequio consistente en una cesta de escogidas naranjas. Porque se da la coincidencia de que Best ha sido un gran impulsor en Gran Bretaña de las naranjas españolas, participando activamente en la campañas de difusión y publicidad que del citado fruto se han hecho en Inglaterra. “Me reservaré la mitad de estas hermosas naranjas para mí”, declaró. “Y la otra mitad la repartiré entre mis actuales compañeros de la selección irlandesa para que comprueben lo buenas que son”.

Efectivamente, entre sus muchos compromisos publicitarios -desde coches a marcas de moda- Best incluyó la promoción de los cítricos españoles, “los más cercanos a Gran Bretaña, por lo que la fruta llega a las tiendas con todas sus propiedades”, según reza en un extraño anuncio que circula por la red. La promoción corrió a cargo del Sindicato de Exportadores de Fruta de España.

Al día siguiente del España-Irlanda del Norte, Mundo Deportivo trazaba un perfil del “melenudo y anárquico George Bert [sic]”. Se le definía como un “muchacho callado, más bien tímido”. “Nadie diría que es el ‘revolucionario’ del equipo“, matizaba el corresponsal. En sus declaraciones, Georgie muestra su debilidad por España (probablemente aderezada por el propio periodista a la hora de traducir y transcribir sus elogios):

– ¿Qué es lo que menos le ha gustado del partido?
– Pues Best… Tuve en mis botas no sólo el empate sino la oportunidad de ganar el partido.
– ¿Y lo que más le ha gustado?
– El escenario, la actitud fuera de serie del público y el clima. Me llevaría si pudiera un trozo de esta noche sevillana y dosificarla durante el largo invierno de las Islas.
– Pocas horas antes del encuentro el presidente de la Federación Irlandesa afirmaba que Best es el mejor jugador del mundo, por delante de Pelé y Eusebio. ¿Qué opina el propio Best?
Por toda respuesta el melenudo británico sonríe y comenta por lo bajo:
– Algo habrá…

Dos años después de aquella velada andaluza, España le devolvería la visita a la selección norirlandesa, aunque no en un sentido estricto. El partido de vuelta se disputó en Hull, Inglaterra, por culpa de los ‘Troubles’: los atentados del IRA y el terrorismo de Estado ejercido desde Londres dibujaban una situación pre-bélica que desaconsejaba la celebración de partidos internacionales. De hecho, aquel Irlanda del Norte-España de Hull se jugó el 16 de febrero de 1972, apenas dos semanas después del ‘Bloody Sunday’ en el que 14 manifestantes católicos murieron a disparos del ejército británico en Derry. De ese clima enrarecido, la selección española no logró arrancar más que un empate que le dejó fuera de la inminente Eurocopa de Bélgica. No fue la única mala noticia del viaje. En una acción del partido, Best le soltó un codazo a Enrique Castro ‘Quini’. Tras aquel golpe, el genial delantero asturiano tuvo que ser sustituido de inmediato. Sometido a una compleja operación en Madrid, tardó casi un año en regresar a los terrenos de juego. Best, según se apunta en el blog Sr. Sportinguista, nunca pidió perdón al ‘Brujo’.

BEST: EL ENAMORADO DE ESPAÑA

Aquel gesto de mal gusto supuso la única mancha de Best en su historia de amor con nuestro país. Pionero como fue en muchos sentidos -la mercadotecnia del fútbol, su potencia mediática, incluso la propia concepción de un juego alejado del kick and rush tradicional en el Reino Unido-, Best fue de las primeras celebrities que apreciaron las bondades de las costas españolas. En la rivalidad veraniega entre Mallorca y Marbella, el auténtico derbi de la jet-set, Georgie militó en ambos bandos.

Asiduo visitante de Mallorca desde mediados de los 60, con el cambio de década George Best cayó rendido a los encantos de la Costa del Sol. Gerardo Valencia, un emigrante malagueño en el Reino Unido, le recuerda como un “irlandés pluscuamperfecto”. “La playa no la pisaba. Él prefería el bar Stone o el Casino de Torrequebrada… Cualquier sitio en el que sirvieran Guinness”, evoca para el #Panenka46. Conforme el fútbol dejó de darle placer, Best multiplicó sus visitas a Marbella, a veces en forma de escapadas, rabietas o espantadas. Una de ellas la protagonizó en mayo de 1972, cuando amenazó al United con abandonar el fútbol a sus 26 años. El diario AS logró entrevistarle en el Hotel Don Pepe -emblema del desarrollismo turístico del franquismo- y arrancarle una declaración de intenciones que no presagiaba nada bueno:

“El fútbol me impide la mayor parte del tiempo hacer lo que me gusta. A mí lo que me gusta es el sol, el mar, los toros, las mujeres rubias, las morenas y las pelirrojas. No puedo remediarlo… He tenido miedo por mi vida. Durante los dos últimos años me he bebido casi una botella diaria.”

Valencia conoció al Belfast Boy en Inglaterra, y luego continuó su amistad en España. “A finales de los 70 yo era vicepresidente del Atlético Marbella. Georgie quería jugar con nosotros, insistió en que firmaría en blanco. Pero el Marbella estaba en Tercera y entonces los extranjeros solo podían jugar en Primera y Segunda”. Aquel ascenso no se produjo, hurtando la posibilidad de contemplar a un Best crepuscular sobre los campos de juego españoles.

En los 80, otro español consiguió acceder al limitado círculo de amistades de un George Best ya retirado del fútbol. Luis Gómez regó los gaznates más célebres de Londres -desde la Reina Isabel a Elizabeth Taylor- pero con ningún famoso trabó mas confianza que con ese norirlandés “tímido pero letal con las mujeres”. Gómez era el barman de Blonde’s, un club londinense en el que Best trabajó a mediados de los 80 como relaciones públicas.

 

“Venía al mediodía, me pedía un bloody mary para recuperarse de la noche anterior y se iba a apostar a los caballos a la hora de comer”, evoca Gómez para Panenka

 

“Venía al mediodía, me pedía un bloody mary para recuperarse de la noche anterior y se iba a apostar a los caballos a la hora de comer”, evoca Gómez para Panenka. “Regresaba a eso de las siete de la tarde, y llenaba el club de gente famosa. Todos acudían por él. Les invitaba a unas copas y, cuando cerrábamos, a eso de la una de la madrugada, nos quedábamos los dos charlando. Eso sí, luego me pedía que le acercara a Stringfellows o cualquiera de las discotecas de moda”. Así cada día. Y cada noche.

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Gómez recupera una anécdota deliciosa sobre el Best mujeriego, y otra lamentable sobre el Best alcohólico. La primera: “Una vez tenía que viajar a Manchester para disputar un partido benéfico. En el trayecto en taxi hasta el aeropuerto de Heathrow, le pilló un atasco. Y a la misma altura del taxi se colocó un Mercedes descapotable conducido por una rubia guapísima. George le hizo señas, cogió la maleta, se bajó del taxi y se subió al Mercedes. Desapareció durante una semana”. La segunda: “A mediados de los 80 le implantaron en Suiza un mecanismo en el estómago para rechazar el alcohol. Pero en cuanto volvió, lo primero que me pidió fue una copa de champán. Ni siquiera el implante le permitió escapar”.

“Era un tío genial, muy parecido a los españoles”, resume Gerardo Valencia, el tipo que casi lo ficha para el Marbella en los 70. “Básicamente, hacía lo que quería. Era un alma libre. Vivió como le dio la gana”, concluye Luis Gómez, su barman de cabecera en los 80. Por encima de los goles y las chicas, los títulos y la fama, los millones acumulados y los millones derrochados, quizás ese fue el gran trofeo de Best: vivir a su puta bola.