El 15 de abril de 1989 el Liverpool y el Notthingham Forest se vieron las caras en las semifinales de la FA Cup. El partido, que se disputaba en el estadio de Hillsborough, de la ciudad de Shefield, acabó en tragedia cuando 96 aficionados ‘reds’ murieron aplastados contra las vallas tras una avalancha. Aquello -sumado a los hechos acontecidos en el estadio de Heysel cuatro años antes, que dejaron 39 muertos- fue un punto de inflexión para el fútbol inglés. El gobierno implementó aquel mismo año la Football Spectators Act para acabar con el fenómeno hooligan y así garantizar la seguridad en los estadios. Entre las medidas recogidas en la nueva normativa estaba la recomendación de que todas las localidades fueran de asiento. Desde 1994, la Premier obligó a todos los clubes de Inglaterra y País de Gales (Escocia la aplicó de forma voluntaria hasta 2011) a contar con estadios all-seated.

Aquello fue un mazazo en toda regla a la cultura de grada británica. Se acababan los partidos de pie. Era el fin de roces, empujones y abrazos entre hinchas durante el éxtasis que producía cualquier gol. De cervezas que caían encima cuando algún vecino increpaba al colegiado o celebraba efusivamente una victoria. Terminaban años de tradición, de estadios vetustos con gradas de cemento grisáceo y estructura de madera o hierro -lo que ahora se denomina vintage-, de pequeñas puertas de pared de ladrillo rojiza que permitían a los a cionados acceder a su templo cada 15 días.

 

El deporte de la clase obrera británica pasó a ser un negocio. Estadios de asientos, tarjetas de identificación, precios por las nubes…

 

La reconversión de las gradas supuso un antes y un después para muchos hinchas. Empezaba el proceso de expulsión de los aficionados tradicionales a partir de la aparición en escena de los precedentes que sentaron las bases para establecer una nueva forma de entender el fútbol. El deporte de la clase obrera británica pasó a ser un negocio. Estadios de asientos, tarjetas de identificación, precios por las nubes, prohibición del consumo de alcohol, clausura de pubs y otras medidas de seguridad draconianas llevaron a los seguidores a hartarse de aquel deporte por el que muchos habían palpitado diariamente.

Ahora, décadas después de que Margaret Thatcher precipitara con sus leyes la conversión del fútbol en negocio, la liga inglesa se plantea que los estadios vuelvan a tener gradas de pie. De esta manera se puede ver recompensada la lucha incansable que han mantenido diversas asociaciones de aficionados -como la Football Supporters Federation (FSF)- por recuperar la posibilidad de poder vivir el fútbol de pie, una forma activa que favorecería generar atmósferas como las que antaño caracterizaban a los campos del país. Incluso técnicos como Arsène Wenger han apostado “por la vuelta de esas zonas en las que la gente se abraza de pie tras las porterías cuando hay goles. Cuanto más cerca se está de los jugadores, con más pasión se viven los partidos”.

Sin embargo, el gobierno británico no se plantea dar marcha atrás, ni introducir cambios en la legislación vigente. A pesar de ello, en Escocia, gracias a la presión ejercida por los hinchas del Celtic, ya existen zonas habilitadas para que los aficionados puedan ver los encuentros de pie. De hecho, de los 20 clubes de la Premier League inglesa, todos estaban de acuerdo con los cambios a excepción del Liverpool. Algo que, en Holanda, las directivas del Ajax y el PSV Eindhoven ya habían llevado a cabo, y que la Bundesliga también permite, como evidencian la siempre alabada Gelbe Wand (muralla amarilla) de Dortmund o la Südkurve de Millerntor, el estadio del St. Pauli.

Mientras tanto, en la liga española continúan las coacciones -con sanciones incluidas- para que los aficionados permanezcan sentados en sus localidades. Unos impedimentos que no han sido óbice para que el grupo donostiarra RealSocialismo! proponga una modificación del artículo 18 de la Ley del Deporte e invite a la reflexión a La Liga y al Consejo Superior de Deportes. ¿Cuál será la respuesta? Ante el temor de seguir anclados en el pasado más restrictivo, sería bueno rememorar aquel estribillo que cuatro décadas atrás popularizó Bob Marley: “¡Levántate, ponte en pie y defiende tus derechos! ¡No renuncies a la lucha!”.


Este artículo está extraído del interior del #Panenka61 (Marzo 2017), un número que todavía puedes conseguir aquí