Según cuenta la historia, el inicio de la temporada 1928/29 en la liga inglesa marcaría un antes y un después en el fútbol. El Arsenal visitaba al Sheffield Wednesday en la League Division One y el Chelsea recibía al Swansea en la segunda categoría inglesa. Ese día los dos equipos de la capital británica lucieron por primera vez un dorsal a la espalda. Del ‘1’ al ’11’. Cada uno con el número correspondiente a su ubicación en el campo. La idea gustó y fue evolucionando. Primero, la Football Association obligó a sus clubes a portar un dorsal a partir de 1939; más tarde, en el Mundial de Brasil ’50 se aplicó la misma norma por primera vez en una cita mundialista; y en los años 90 las principales ligas europeas permitieron que a cada jugador se le asignara un dorsal durante toda la temporada. Empezamos a ver delanteros con dorsales de defensas, defensas luciendo números de centrocampistas y centrocampistas que optaban por un dorsal habitual en los atacantes. Eso de llevar del ‘1’ al ’11’ ya no se estila y cada vez son más habituales cifras como el ’76’, el ’45’ o el ’99’. Cifras que provocarán algún que otro dolor de cabeza a los aficionados más retro.

Al menos, el ‘1’ siempre, o casi siempre, ha ido para el portero. Pocos han sido los que se han atrevido a desafiar los patrones que un día instauraron Arsenal y Chelsea. Pero hay un puñado de excepciones, claro. Recordemos a algunos de esos rebeldes que viven entre los tres palos.

Si os fijáis, veréis una ‘i’ en la esquina de las fotografías que os permitirá conocer mejor el contexto de cada guardameta.