El fútbol jugado por amor al deporte, difícilmente puede cruzarse con la versión más competitiva, con grandes estrellas y con enormes escenarios. Pero sí lo hace en un diminuto país como Andorra, donde el sueño de jugar, por ejemplo, la Champions League o el mismísimo Mundial es, pese a los obstáculos, algo muy real. Esta es la historia del partido que enfrentó a dos selecciones humildes que siempre pierden y cómo una de ellas iba a experimentar la victoria con el respeto por bandera.


Era un día de jornada Champions, semana repleta de partidos también en la Europa League y hasta varios partidos de ligas continentales muy importantes (se jugaba un aplazado Valencia-Real Madrid, por ejemplo), pero aquella tarde de febrero de 2017, hace apenas un año y medio, el fútbol mundial miró con más interés que nunca a lo que sucedía en un recóndito lugar del planeta donde se iban a enfrentar dos de las selecciones más humildes de todos los tiempos. Dos países minados eternamente por aquellas estadísticas que les perpetúan entre los humildes y en busca de récords negativos, se enfrentaban entre sí.

A un lado, San Marino, con una racha de 74 encuentros sin ganar. Al otro lado, Andorra, que llegaba hasta los 86 partidos sin encontrar la victoria. En ese momento, ambas selecciones ocupaban las catacumbas del fútbol europeo en cuanto al, para ellas al menos, cruel e injusto ranking FIFA: San Marino el puesto 202 y Andorra el puesto 203 (de un total de 209 combinados). La última vez que los andorranos habían cosechado una victoria les llevaba a 2005 y 150 personas en las gradas, pero Andorra venció a los sanmarinenses y acabó con la negativa lista de partidos sin alegrías. Venció 2-0 con lo que, además, ese resultado era histórico para ellos hasta el punto de tener que retroceder a 2002 para recordar algo similar. Metas, retos, objetivos y sonrisas que, al menos durante unos días, estimulaban a un grupo acostumbrado a lidiar con las dificultades, faltas de respeto y apelativos denigrantes a cada uno de sus pasos futbolísticos.

 

Banqueros, mecánicos, electricistas, pero, sobre todo, futbolistas, que con orgullo, trabajo y respeto, logran jugar en Wembley, De Kuip o el Allianz

 

Hablamos de un Principado de menos de 500 kilómetros cuadrados y que roza los 80.000 habitantes (como la ciudad de Palencia, para hacernos una idea) pero gigantesco en lo económico. Y es que Andorra está entre los 40 países más ricos del mundo con un PIB per cápita por encima de Japón, Francia y, desde luego, España. Una combinación curiosa para un fútbol que vive escondido entre montañas pero que conoce como pocos sus puntos álgidos y sus puntos débiles, lo que le ha servido para ir sumando puntitos, rascando resultados y agregando buenas sensaciones a cada partido dentro de sus múltiples limitaciones. Y como no sólo hay ganadores en el fútbol, siempre está genial asomarse a la casa de quien tiene que asumir continuamente una derrota al final de los partidos. Banqueros, mecánicos, electricistas, pero, sobre todo, futbolistas, que con orgullo, trabajo y respeto, logran jugar en Wembley, De Kuip o el Allianz. ¿A eso se le puede llamar no tener éxito? Pues así es la vida cuando te llamas Andorra.

La liga andorrana es el primer paso en esa cadena hacia la selección nacional pues es un torneo de nivel muy humilde. Y, sin embargo, tienen un sueño que ninguno de esos clubes similares pueden siquiera imaginarse, el poder participar en Champions League o en Europa League pues, claro, como campeonato dentro de la UEFA, el campeón juega la primera fase previa de la Champions y el subcampeón hace lo propio en la de la Europa League. Cierto es que, más allá de una ayuda económica importante desde el organismo europeo para subsistir y estimular cada año a ser campeón nacional, todo se ha venido quedando en eso porque por ahora nunca han logrado pasar esa primera criba continental.

“Es un fútbol totalmente amateur y, como tal, deben ser tratados todos sus méritos o límites. Una liga con ocho equipos, una segunda división donde casi todos son filiales y la verdad que la clave es la ayuda de la UEFA para quienes son campeones y participan en estos torneos. La liga creció en su nivel, pero siempre entre aquellos que lograron ser campeones cada año y se llevaron ese dinero extra de la UEFA. Esos han mejorado su estructura de fútbol base y aumentaron su nivel. Y por otro lado está el FC Andorra, que no juega en liga andorrana, sino en Primera Catalana, que es equivalente a la quinta división española, por lo que ese es el verdadero nivel ya que la mayoría de estos futbolistas son los que están en la selección andorrana”, explica Joan López, periodista de Ràdio i Televisió d’Andorra.

“Lo verdaderamente potente es que, si se invitara solamente a los jugadores con pura nacionalidad andorrana, no habría suficientes, porque con pasaporte sólo hay unos 35.000 andorranos. Y claro, con licencia futbolística, te salen unos 2.000, pero contando todos, hasta los niños pequeños que están en las categorías inferiores. Y, claro, en este sentido hubo trampas pues estos años hubo equipos que estaban formados por mexicanos casi al completo. Picaron en el anzuelo de poder jugar la Champions y demás, por lo que se han reducido mucho tras modificaciones legales y se ha sido más exigente en ese sentido. Estos últimos años, por ejemplo, estuvo aquí Saviola o incluso Capdevilla. Es un aliciente final a las carreras de algunos futbolistas que van a concluir sus días”, argumenta Joan López mientras recuerda que puede ser un estímulo curioso que aportará, al menos, una posibilidad de éxito que pueda colocarles en un nivel más alto.

Quizás quien más pudo elevar o, al menos, quien más disfrutó de un nivel superior entre todos los futbolistas andorranos fue el que hace tiempo es su capitán, Ildefons Lima. Llegó a jugar en Grecia, México, Suiza o Italia y, aunque siempre en clubes humildes, sumó un alto caché en experiencia, que desde hace ya muchos años, aporta a la selección como corazón principal. Es ahí donde se agarra para explicar cómo se siente cada vez que salta al césped con la camiseta de su país y la mezcla de orgullo y lástima que acaba viviendo durante cada partido: “Somos muy pequeños, al competir con grandes países del mundo, la diferencia es abismal. Con nuestra lucha, entrega y corazón, que llega donde no llegan las piernas, lo que intentamos es llegar a lo máximo y minimizar la diferencia, porque imagina la diferencia que hay entre súper profesionales y nosotros. Aquí no hay profesionales y cuando he estado fuera, sí, porque solo me dedicaba a eso. Queremos crecer con jugadores que sumen en todos los aspectos en la liga y en la selección. Traer gente de fuera con nivel para competir con los de aquí, será clave”, recalca el capitán que aunque nació en Barcelona por temas familiares, siempre estuvo en Andorra, una de las formas que se logra ese pasaporte (20 años de residencia).

 

“Al competir con grandes países del mundo, la diferencia es abismal. Con nuestra lucha, entrega y corazón, que llega donde no llegan las piernas, lo que intentamos es llegar a lo máximo y minimizar la diferencia”

 

“Ganar a San Marino fue importantísimo para una selección como la nuestra, porque no estar acostumbrados a vencer, y hacerlo es increíble. No obstante, estábamos mejorando ya en los últimos partidos y estábamos cerca de lograr algo así. Ahora lo hemos logrado pero sabemos a quien hemos vencido, qué tipo de partido era y lo que cuesta hacerlo. Para nosotros, es intentar prepararse lo mejor posible para partidos oficiales. Pensad que tenemos un margen muy corto para jugadores. Debutan chicos muy jóvenes, aumentamos competitividad y lo mezclamos con los veteranos para aumentar la pelea”, destaca Koldo Álvarez, el actual seleccionador andorrano que, en su caso, consiguió la nacionalidad andorrana tras ir a jugar allí como futbolista hace muchos años.

Y es que Koldo jugó en la liga andorrana, fue internacional andorrano y ahora es la máxima figura de su banquillo, un rol de líder que maduró durante muchos años dedicado a este país que, con él como futbolista, había vivido la victoria más positiva y recordada de su humilde historia (la de octubre de 2004 ante Macedonia, jugando en casa): “Ha llovido desde entonces. Aquello supo muy bien. En aquellos inicios fueron más duros y encarar mentalmente esa victoria fue enorme. La de ahora ante San Marino ha tardado mucho en llegar porque lo hemos merecido en otros partidos. Nos lo merecíamos. Y este partido nos dio la opción de volver a ganar, porque eso, como nos acabáis de decir en ElEnganche, es lo bueno que teníamos, que era una opción de victoria de los dos, no un motivo de burla como suelen utilizarse contra nosotros habitualmente. Intentamos que no nos golpee en el corazoncito. Si nos preguntan, preferimos jugar muchas veces con selecciones que sintamos competir, la verdad. Competimos por alargar minutos de vida en cada partido y metas menores pero que se van sobrepasando”, explica crítico Koldo.

“Se habló demasiado y mal de nuestro partido ante San Marino, con falta de respeto, con críticas y desde el desconocimiento. La prensa utilizó todo eso para increpar y criticar, algo que suelen hacernos y a lo que estamos acostumbrados lamentablemente. Hay mucho graciosillo suelto y ‘listos’ que no merecen otra respuesta más. Para nuestros rivales, será un problema. Para nosotros, cada partido ante selecciones ‘top’, es una manera de darnos a conocer. Al menos esta vez nos llevamos una alegría y ganamos. Mi gol en ese partido ante San Marino fue curioso. Llegó de penalti, el portero lo rechaza y fui a buscarlo, aunque metí con mi pierna mala y entró finalmente. Me decían los compañeros: ‘Casi la lías, casi la lías’”, explica entre risas Ildefons sobre una victoria mítica.

Risas, alegrías y celebraciones que el fútbol menor (en este caso Andorra, pero podría ser cualquier otra selección o club), merece disfrutar con respeto. El respeto que muchos no les tienen, que muchos pretenden quitarles o que muchos intentan eliminarles sólo por ser pequeños, por sus resultados o por sus limitaciones. Tal es su grandeza (para que muchos apunten lo que verdaderamente aquí importa porque esto es deporte), la de Andorra por ejemplo, que cuando venció a San Marino y acabó el partido, el más importante en décadas, pues era su primera victoria en 13 años, los propios futbolistas se calmaron entre ellos diciéndose: “No celebréis. Ahora, no celebréis”. Pues enfrente estaba San Marino, una selección, un grupo de jugadores, un grupo de luchadores, que había vuelto a perder. Porque la victoria enorgullece, pero el respeto, está por encima de todo.


En el programa-podcast 21 de ElEnganche en SpainMedia estuvieron con nosotros Koldo Álvarez (seleccionador de Andorra), Ildefons Lima (capitán de la selección de Andorra) y Joan López (periodista de Ràdio i Televisió d’Andorra).