Redactor de la sección de deportes del Regió 7, diario de referencia del periodismo local en Catalunya, Jordi Agut ha debutado en el mundo editorial con El último defensa (Editorial Milenio, 2018). Adictivo ejercicio de novela negra futbolística, el agente George Mitchell promete ofrecernos grandes capítulos de literatura balompédica-criminal. Lectura totalmente recomendable en estas semanas de metadónicos partidos de pretemporada. 


Puede sonar casi metafilosófico pero… ¿el fútbol también puede jugarse leyendo?

Sin duda, de aquí viene aquella expresión que tal o cual jugador destacan por su buena lectura del juego. Más allà de la broma, leer sobre fútbol puede ser interesante para cualquier aficionado ya que te permite disfrutar de este deporte desde diferentes puntos de vista, en diferentes dimensiones. Puede no interesarte el juego en sí, pero existen un sinfín de historias que rodean a este mundo que pueden provocar atracción hacia él desde un punto de vista más social o histórico. Y para los que somos futboleros, leer sobre el pasado, sobre lo que sucedió hace tiempo, nos puede dar explicaciones acerca de lo que sucede en el presente.

Una de las primeras cosas que sorprenden de tu novela es cómo está estructurada, con cada capítulo títulado como una fase de un partido: la previa del partido, primera parte, fase de tanteo… 

No fue una idea preconcebida, fue dándose a medida que escribía el libro. Existe una novela, que no tiene nada que ver con el deporte, un best seller llamado La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, en que los capítulos se dividen de una forma muy original, en sentido decreciente. En él, uno de los protagonistas, un escritor, va explicando a su alumno como tiene que escribir un libro, qué hay que tener en cuenta. Para mí, la forma en que presentas las cosas a veces puede ser tan importante como el fondo, darlo a conocer de una manera atractiva, y fue surgiendo la idea de explicar cómo es un partido de fútbol para la gente que no lo conoce de la misma manera didáctica.

No solo eso sino que inicias cada capítulo con una breve descripción del título. ¿Nos gusta el fútbol pero sabemos poco de él, de sus reglas, fases del juego, desarrollo…?

La gente que sigue el fútbol con frecuencia sí que los conoce. Además, las descripciones no son nada complicadas, es nivel básico. Uno de mis retos era atraer a lectores a los que no les guste el fútbol, y esta era una manera de explicar conceptos que quizás ellos sí que no dominen. De todas formas, mucha gente que cree que entiende mucho de fútbol se quedaría asustada de algunas de las reglas que existen y que no conocen, que dan por sabidas y que no son así. Y también es interesante cuando alguien te cuenta, bien contado, un partido tácticamente, porque se ha hecho aquello y no lo otro.

¿Cómo surgió la idea de escribir una novela negra ambientada en el mundo del fútbol?

Porque me gustan las dos cosas, el fútbol, y el deporte en general, y la novela negra. Yo escribo sobre deportes en un diario comarcal, Regió7, de Manresa. La mayoría de noticias son de ámbito más local, pero a veces también más amplio. Con tu trabajo corres el riesgo de caer en la rutina y quería escribir sobre algo nuevo, que fuera sobre fútbol, pero dándole otro enfoque. También era un reto para saber hasta dónde podía llegar haciéndolo. Tenía que ser ficción, no quería que fuera ensayo, o historia, ya que hay gente más informada y preparada que yo para hacerlo. Era aunar conocimientos y entretenimiento y combinarlos para desarrollar un producto atractivo y no solo para el lector interesado en fútbol, sino para un abanico lo más amplio posible de lectores.

Philip Kerr, con su serie Scott Manson, fue un maestro mezclando intriga y fútbol. ¿Ha sido un referente? 

No lo fue porque cuando sacó el primer libro de su trilogía, Mercado de invierno, yo ya estaba acabando El último defensa. Lo leí con mi libro ya terminado o casi. Hay puntos en común con sus libros, pero creo que los suyos son más futboleros, contienen más referencias a aspectos del fútbol, sobre todo del inglés, de los que debes tener más conocimientos para seguirle. En El último defensa te puedes saltar trozos o puedes no saber nada de fútbol y seguir la historia bien. No tengo escritores sobre fútbol o deporte que me hayan influenciado, quizás más otros de novela negra. Crecí leyendo novelas de Agatha Christie de las de toda la vida y creo que me ha marcado en el sentido de querer sorprender al lector con giros que no espera y finales insospechados, aunque la estructura y la trama del libro son muy diferentes a las de la mayoría de sus relatos.

George Mitchell, el protagonista de tu historia, es una figura prototípica del mundo de la novela negra: un policía perdedor que acaba tornándose en el héroe de la historia al estilo bogartiano. ¿Por qué nos gustan tanto este tipo de personajes?

Quizás porque nos queremos convencer que por muy mal que nos vayan las cosas siempre hay esperanza de que mejoren, que aunque la lucha sea difícil, hay salida. De todas maneras, más que un policía perdedor es alguien que pasa por una crisis, quizás. Es alguien con dinero, con una posición social y económica desahogadas, con mujer, con dos hijos y que tiene un trabajo que le gusta, pese a que haya sucedido algo tiempo atrás que quizás le haya dejado en una situación de vulnerabilidad. En este sentido no es un protagonista desgraciado de entrada como muchos otros, sino que dispone de recursos a su alrededor para salir de la situación. Otra cosa es que lo consiga.

De hecho, también es un personaje muy futbolero, el de la estrella que prometía mucho y acaba desperdiciando su talento. ¿Con qué futbolista compararías a George Mitchell?

Definiéndole así, y hablando de algún jugador actual, se me ocurre André Gomes. Alguien joven, guapo, con un buen currículum en la base, que ficha por un gran equipo pero que sucumbe a la presión. Ha habido muchos otros a los que les ha pasado. Para los de mi generación recuerdo a Gianluigi Lentini, que cuando fichó por el Milan llegó a ser el jugador más caro del mundo. También con buena planta, con buena prensa, y no funcionó en el mejor equipo del planeta en aquel entonces. Además fue víctima de desgracias como un accidente de coche que le dejó con secuelas. Gente así.

¿Qué futbolista o entrenador crees que sería un buen investigador?

Supongo que aquellos que se han tenido que crear a si mismos porque no han sido futbolistas de grandes equipos y han tenido que buscar la manera con la que hacerse respetar y sacar partido de sus habilidades. Gente como Emery, Nagelsmann, Arrigo Sacchi o el mismo Mourinho. Después están otros que sí que han sido jugadores de primer nivel que saben sacar el máximo partido a lo que aprendieron. Ves a la Francia de Deschamps, siempre buscando el error del rival, y le ves a él cuando jugaba, sobre todo en la Juventus. En este grupo podría incluir a Rafa Benítez, por ejemplo. Encuentra siempre el punto débil del adversario. Después está Guardiola, que prueba, prueba, indaga todas las posibilidades hasta que consigue lo que pretende. Y finalmente, Cruyff, que era como Poirot: te avasallaba convirtiendo en evidente lo que no aparecía por ninguna parte.

¿Y el malo de la historia?

El malo oficial siempre es Mourinho y a él le gusta. También otros entrenadores que siempre ponen excusas como Wenger, que envejeció muy mal, futbolísticamente hablando.

La historia transcurre por diversas ciudades europeas: Zagreb, Lyon, Madrid, Düsseldorf, Basilea, Bruselas, Florencia, Birmingham, Solna, Lille, Oporto, París, Londres… ¿Cuál es el motivo futbolero por el cual decidiste seleccionarlas como escenerio de la trama?

La respuesta a esta pregunta llega al final. La historia quería que fuera como un carrusel de los de la radio. En vez de trasladarte al Bernabeu, al Camp Nou o a la Condomina, quería que trasladara al lector a diferentes puntos de Europa. Por ello busqué un policía de una agencia internacional, la Interpol, que pudiera contactar con todos estos lugares. Son ciudades de países que han albergado la Eurocopa. Que sean estas y no otras responde a una secuencia que se descubre hacia el final de la novela.

Redactor de deportes del diario Regió 7, aunque has escrito artículos como para llenar diversos libros, esta ha sido tu primera novela. ¿La has disfrutado, la has sufrido, ambas cosas…?

La disfruté mucho porque trabajé sin presión. Casi nadie sabía que la estaba escribiendo, con lo cual avanzaba a mi aire. Quizás sufrí al principio porque pasar de realidad a ficción, de un estilo informativo o de reportaje a inventarte situaciones, personajes y, sobre todo, diálogos, requirió de una cierta práctica. Durante las primeras semanas me sentía un poco memo escribiendo aquello. Pero después me fue gustando. Es cierto que, por motivos de trabajo, a veces paso tiempo sin escribir, sin avanzar, porque estoy por otros temas, pero cuando escribo libros de este tipo me relaja, es como hacer pasatiempos, vas buscando tú mismo la solución a enigmas que te has ido creando y es divertido.

Ambientada en la Eurocopa 2016, la idea era que El último defensa fuera la primera entrega de una trilogía ambientada en los siguientes tomos en el Mundial de 2018 y en los Juegos Olímpicos de 2020. ¿Cómo lo llevas?

Ahora mejor que hace unos días. La idea era publicar esta en 2016, la siguiente este año, coincidiendo con el Mundial, y la última en 2020. Publiqué la primera en 2015 con otra editorial, pero no tenía tantas posibilidades de difusión y de distribución y, además, solo estaba escrita en catalán. Me tomé tiempo para traducirla e iba a subirla a Amazon cuando me convencieron para buscar otra editorial. A base de ir a festivales de novela negra y de molestar a gente, el libro gustó a Sebastià Bennnasar, que iba a dirigir una colección en la editorial Pagès de Lleida y en Milenio, pero esta empezaba en 2018. Me tuve que tomar un año de respiro y aproveché para acabar la segunda parte e iniciar la tercera. La segunda se tiene que acabar de traducir y la tercera va por la mitad, aunque tendré que sintetizar para que no se me alargue demasiado. Mi voluntad es sacar la segunda en 2019 y hacer coincidir la tercera con los Juegos de Tokyo 2020, pero dependerá de la editorial y de que la primera parte funcione.

Novelas como la tuya nos ayudan a ampliar nuestra bibliografía futbolística y a que la distancia respecto a países como Inglaterra, Alemania o Argentina sea menor. 

Sí, aunque en estos países tampoco veo mucha novela, mucha ficción. Quizás en Suramérica sí, en Argentina, Uruguay, México, hay más culto por la historia novelada, el relato corto, más tradición. En Inglaterra hay una bibliografía infinita, pero sobre todo son biografías e historias reales sobre aficionados y clubes históricos. Sin embargo, sí que es cierto que cada vez encuentras más libros de ficción sobre fútbol y deporte. En Estados Unidos vende muchos libros un escritor llamado Harlan Coben, cuyo protagonista es un agente de jugadores que resuelve crímenes relacionados con baloncesto, fútbol americano o béisbol. Quizás haya mucho campo por recorrer.

¿Qué otros libros futboleros nos recomendarías leer este verano?

Os voy a recomendar tres que me gustaron mucho. El milagro de Castel di Sangro de Joe McGinniss (Contra, 2014). Es la crónica, escrita por un escritor norteamericano, del año que pasó siguiendo a un equipo del interior de Italia en su debut en la Serie B (segunda división). Todo lo que explica es cierto, con estilo socarrón, pero también con sensibilidad en algunos momentos. Es como una película italiana de los años cincuenta o sesenta trasladada al papel. Brasil 50: retratos del mundial del Maracanazo  de Toni Padilla (Contra, 2014). Es una retahíla de historias sobre el Mundial de Brasil, en el que los anfitriones perdieron el partido decisivo contra Uruguay. Es un gran mosaico de personajes, de historias de todo tipo, una gran obra de arquitectura literaria ya que con pequeñas piezas va construyendo una gran historia global. Y La pena máxima de Santiago Roncagliolo (Alfaguara, 2014). Partiendo de un hecho histórico como el Mundial de Argentina’78, utilizando los partidos de Perú (el escritor es peruano) para dar nombre a los capítulos, te traslada a la realidad de estos dos países a finales de los setenta y te cuenta una trama de novela negra muy atractiva con una prosa muy cuidada.