Los conflictos en Libia y Siria, derivados de la Primavera Árabe, han acrecentado el drama de las migraciones. Ciudadanos de países como Gambia, Togo, Costa de Marfil o Senegal que, tras un periplo complejo, habían llegado al norte de África para trabajar y se vieron inmersos en sendas guerras civiles. La crudeza de estos conflictos bélicos precipitó su huida hacia Europa.

La puerta de entrada para muchos fue la pequeña isla de Lampedusa, situada ante la costa tunecina, el lugar idóneo para lograr acceder al viejo continente. En el año 2012 un grupo de jóvenes subsaharianos desembarcó en dicha isla siciliana. La mayoría escapaba de Libia, país en el que trabajaban antes de estallar el conflicto. La voluntad del difunto Muamar el Gadafi, el autoproclamado líder de la Revolución Verde, de convertir el estado del Magreb en una nueva Dubai provocó la llegada masiva de mano de obra procedente del África negra. Lampedusa, reconvertida en centro de acogida de inmigrantesilegales por el gobierno italiano, pronto se saturó con más de 7.000 confinados. Ante la insuficiencia del Programa Emergencia Norte de África, las autoridades decidieron allanar su salida incentivándoles con 500 euros. 350 de ellos llegaron a Hamburgo. A pesar de la buena acogida inicial -gracias al programa de emergencia invernal de la ciudad-, en abril de 2013, tras finalizar las ayudas sociales, muchos se vieron obligados a acampar en las calles o en parques públicos. Mientras tanto, el Senado local trataba de agilizar su retorno a Italia. Así fue como el caso de los llamados “refugiados de Lampedusa” trascendió social y mediáticamente.

 

El pasado mes de julio, el FC Sankt Pauli hizo oficial el acuerdo de fusión con el FC Lampedusa, compuesto por refugiados, por el cual pasaba a convertirse en una sección oficial del equipo ‘paulianer’. El fútbol los unió y les devolvió la sonrisa

 

No obstante, no todo el mundo les dio la espalda. La decisión de los gobernantes precipitó una oleada de solidaridad. La comunidad de St. Pauli, el barrio portuario de Hamburgo, se organizó para apoyar a los recién llegados. Entre los colaboradores se encontraba la iglesia que da nombre al barrio y también los hinchas del FC Sankt Pauli, que recaudaron fondos a través de la venta de merchandising solidario. El club ‘pirata’ hizo lo propio abanderando la campaña ‘Refugees welcome’. Además, el FC Sankt Pauli les cedió material deportivo, les invitó a los entrenamientos del equipo y, a través de la plataforma Kiezhelden, les regaló entradas para asistir al estadio Millerntor. Los expatriados se agruparon bajo el nombre de ‘Lampedusa in Hamburg’, un colectivo que reclamó que se reconociera su derecho de asilo como refugiados políticos. Durante las manifestaciones que llevaron a cabo exhibieron pancartas con lemas como ‘No hemos sobrevivido a la guerra de la OTAN en Libia para ahora venir a morir a las calles de Hamburgo’.

Entre las diversas acciones que se idearon para apoyar a los migrantes destacó la creación de un equipo de fútbol, el FC Lampedusa, entrenado por cinco jugadoras de diversas secciones del club. Una experiencia similar a la llevada a cabo por el Liberi Nantes (Roma) o el Afro-Napoli United (Nápoles), entre otros, y por la que han recibido una mención en los City to City Barcelona FAD Award 2016. En Hamburgo, el FC Lampedusa comenzó jugando encuentros amistosos, incluso contra el primer equipo del FC Sankt Pauli, para después empezar a competir en una liga oficial local. También cruzó la frontera alemana para disputar un torneo en Suiza organizado por el FC Winterthur junto a otros equipos de refugiados. El fútbol ejerció como catalizador para favorecer la integración y la agregación de los migrantes en la comunidad. No en vano el lema del equipo no admite dudas: ‘Estamos aquí para jugar, estamos aquí para quedarnos’. Sin embargo, seis de sus integrantes no lo lograron al ser deportados por las autoridades germanas.

Finalmente, el 30 de julio, aprovechando el partido amistoso que el FC Sankt Pauli jugó contra el Sevilla, el club de Hamburgo hizo oficial el acuerdo de fusión con el FC Lampedusa por el cual pasaba a convertirse en una sección oficial del equipo ‘paulianer’ refundado bajo el nombre de FC Lampedusa St. Pauli. ‘No importa de dónde vienen, qué idioma hablan o qué tipo de documentos tienen o no’. El fútbol los unió y les devolvió la sonrisa. El Sankt Pauli ha puesto el resto.