Pieza clave de la selección española de baloncesto que justo estos días se está preparando para la disputa del Eurobasket, Marc Gasol (Barcelona, 1985) también entiende de porterías y de césped. El pívot y estandarte de los Memphis Grizzlies lo ha conseguido todo en el mundo del deporte, a excepción de un sueño que le persigue desde la infancia: ser el delantero que le otorgara una Copa de Europa más a su Barça… el de fútbol. Recuperamos este puñado de confesiones futboleras que nos regaló para el #Panenka44, un número que puedes conseguir aquí.


 

Puede que sea uno de los mayores amantes del fútbol a la par que uno de los peores jugadores que existan. Me lo paso bomba dándole al balón, pero si hubiera un Top Ten de los futbolistas más malos del mundo, yo estaría incluido en él.

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¿Quién no ha soñado nunca con ser, por ejemplo, Luis Suárez y marcar un gol en el Estadio Olímpico de Berlín? Yo he llegado muy lejos en el mundo del deporte, pero mi ilusión sigue siendo la misma de cuando era un crío: ser el delantero que mete el gol definitivo en la final de la Copa de Europa. Estuve en la final de la Champions de 2014 y tengo grabada la expresión de felicidad de Suárez cuando anotó. La recuerdo y siento envidia.

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En el patio del cole no jugaba a baloncesto sino a fútbol. Quería ser delantero, el ‘pichichi’, pero siempre me ponían de portero. Imagino que porque era muy malo y corpulento. Eso sí, era portero-delantero. A la que podía, y al más puro estilo Ter Stegen, salía del área jugándola con los pies. Era pésimo, pero lo daba todo. Nadie me pudo recriminar nunca nada, a excepción de mi madre, que siempre que llegaba a casa me reñía porque volvía con las rodilleras de los pantalones rotas.

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“En el patio del cole no jugaba a baloncesto sino a fútbol. Quería ser delantero, el ‘pichichi’, pero siempre me ponían de portero”

 

Mi abuelo era socio del Espanyol y mi padre también es bastante ‘perico’. De pequeños, nos llevaban muchas veces a Sarrià. Pero, como siempre he sido de llevar la contraria, no me caló ese sentimiento. Soy culé. Mi inclinación por el Barça viene porque mi infancia coincidió con el Dream Team de Cruyff. Para un niño es imposible no enamorarse de un equipo que no solo vencía, sino que convencía. Aun así, por herencia familiar siento simpatía por el Espanyol, aunque me cagué en todo cuando Tamudo nos quitó aquella Liga.

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Recuerdo perfectamente el día que mi padre me llevó por primera vez al Camp Nou. Nos sentamos en el lateral, en la banda por la que jugaba Hristo Stoichkov. Con la ilusión del momento, tuve la sensación de que si alargaba el brazo, podría tocarle. Nunca he sido muy mitómano y mi hermano Pau era el que llenaba la habitación de pósters. Pero desde entonces, por su carácter y garra, mi ídolo es Stoichkov.

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A no ser que coincida con entrenamientos o partidos, me trago toda la Liga. Además, el canal que tiene los derechos en Estados Unidos es beIN SPORTS y me hacen mucha gracia las expresiones que utilizan sus narradores. Como cuando el arbitro enseña un tarjeta y dicen: ‘lo pintaron de amarillo’. Cuando Messi hace de las suyas, se vuelven locos.

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A muchos de mis compañeros de equipo les interesa el fútbol. No solo me hacen preguntas sobre jugadores o equipos, sino que durante los viajes, y muy especialmente durante la pre- temporada, solemos echarle muchas horas a la Play jugando al Pro o al FIFA. Algunas estrellas de la NBA como Kobe Bryan o LeBron James son muy futboleros y Steve Nash, además de jugar muy bien, es propietario del Vancouver Whitecaps FC.

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Más allá del fútbol femenino, donde siempre han sido una potencia mundial, es incuestionable que el fútbol masculino está ganando terreno en Estados Unidos. Cada vez hay más partidos de la MLS en ‘prime time’ y crece sin parar el número de seguidores. No sé si llegarán a ganar un Mundial, pero con lo competitivos y perfeccionistas que son, EE.UU. está predestinado a hacer grandes cosas en el fútbol.

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No se puede aplicar la técnica del fútbol al baloncesto, ni a la inversa. Tal vez algunos detalles, como los bloqueos del baloncesto a las acciones de balón parado del fútbol. Aun así, siempre me fijo en la manera de actuar y pensar de mis futbolistas de referencia, intentando sumar sus cualidades a mi personalidad como deportista.