¿Cómo os hicisteis seguidores del Madrid?

Javi: Yo soy del Madrid desde hace muy poco tiempo, desde hace ocho años. Pero ahora soy muy madridista.

Carlos: Yo desde hace menos, solo cinco años. Soy de las juventudes del Madrid.

¿Cómo os aficionasteis?

J: A mi me ha gustado el fútbol de toda la vida, siempre he jugado al fútbol. Pero no era de ningún equipo. Hasta el punto de que yo era de cualquiera: era del Barça, del Valencia, de la Real, del Madrid, del Athletic… Incluso he sido socio del Atlético aunque yo no era del Atlético. Me gustaba mucho el fútbol pero tenía la mala suerte de que no era de ningún equipo. Una temporada me gustaba mucho uno y, a la siguiente, otro. Y de pronto empecé a valorarlo diferente. Pensé: ‘joder, si yo soy madrileño, tendría que ser de algún equipo de la ciudad’. Fue cuando se empezó a decir que el Madrid era un equipo muy capitalista porque ponía Bwin en su camiseta y el Barça llevaba UNICEF. Me negué a eso porque todos los equipos quieren ganar dinero, por lo tanto, todos son capitalistas. Entonces, rebotado, me hice del Madrid.

C: Yo me aficioné al fútbol por Javi. Porque es tan fanático del fútbol que dije: ‘yo tengo que ponerme al día’.

J: Lo mío es para estudiarlo. Para que te hagas una idea: he estado en Wembley en la final del Barça contra la Sampdoria, he estado en París en la que le gana el Barça al Arsenal… Sin embargo, no he ido a ninguna final del Madrid. Quiero decir con esto que yo he sido del Barça y he jugado algún partidillo con veteranos del Barcelona. También he ido con la Peña Mújica a ver a la Real. Y en Valencia me ponía con los ultras. Yo he ido muchísimo al fútbol.

C: Yo he ido dos veces: una al campo del Athletic, a ver un amistoso contra el Bayern, y otra al campo del Murcia, a ver al Lorca. Me encantó. Yo antes no valoraba el fútbol. Es que se me dormían las piernas. Con mis padres se veía el fútbol en televisión y tenía el fenómeno físiológico de que se me dormían las piernas. Entonces me alejé del fútbol porque no es agradable que se te duerman las piernas (risas). Pero ahora, cuando he redescubierto el fútbol, me ha atrapado.

¿De pequeño no jugaste al fútbol?

C: Sí, yo era portero.

Es cierto, recuerdo un sketch en el que Carlos hacía de portero.

J: Pero eso fue cuando Carlos aún no sabía de fútbol (risas).

C: Bueno, ahora aún me quedan por saber muchas cosas. Por ejemplo, no termino de entender lo que es el fuera de juego (risas).

A ver, explícame el fuera de juego.

C: Tal como lo entiendo: si uno del equipo se queda mirando quieto a que el otro venga con el balón y se aprovecha de que el otro le da el balón cuando está mirando, solo mirando… ¡Cuidado! Tú estabas mirando. ¡Solo estabas mirando!

J: Sí, sí, así era la regla al principio. Stanley Mathiews la propuso. Pero como era muy difícil de aplicar la cambiaron (risas).  A ver, Carlos, si un equipo gana en una eliminatoria 2-1 en su campo y luego pierde 1-0 fuera, ¿quién se clasifica?

C: El que más goles haya metido en el campo contrario.

 

“Yo antes no valoraba el fútbol. Es que se me dormían las piernas. Pero ahora, cuando lo he redescubierto, me ha atrapado”

FAEMINO

 

Joder, nivel experto. 

C: ¡Lo he aprendido en seis meses! (Risas). Yo he sido portero y un día fui defensa, en el colegio. Hice el fuera de juego total: me puse al lado del portero sin moverme y le dije que era su defensa. Entonces cuando me llegó la pelota le marqué gol. Todo el mundo venga a correr y yo quieto, cuando me llegó el balón le metí gol. Se quedo estupefacto porque se creía que era de su equipo. De pequeño incluso me pedí una equipación del Real Madrid. Me trajeron las botas y todo.

J: Yo también me pedí una equipación del Madrid pero me trajeron una del Betis. Mis padres me decían que los Reyes venían el día 5 y como no les quedaba ninguna del Madrid pillaron una que se le parecía con algo blanco. No tenía escudo. Cuando yo era niño el escudo se compraba aparte y tu madre te lo cosía.

Una pregunta en plan filosófico: ¿para qué pensáis que sirve el fútbol?

J: Como dijo Valdano: el fútbol es la cosa que más importa de las menos importantes. Creo que el fútbol es muy importante porque sustituye a la guerra. A final del siglo XIX la gente iba a la guerra, en cambio ahora se solucionan muchas cosas con el fútbol. El fútbol es importantísimo.

C: Y sale muy barato. Porque imagina lo que cuesta una guerra. La gente dice ‘joder, lo que cobran los futbolistas’… Pues mira la factura de una guerra. Ronaldo cobra una miseria en comparación (risas).

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La música, la literatura o el mismo teatro se consideran cultura. En cambio, el fútbol a menudo se banaliza y no se suele considerar como parte de la cultura. 

J: El fútbol tiene un problema muy grave y es que es muy sencillo: si tú metes la pelota en una portería, ganas. Pero en cambio es una cosa complejísima, llena de matices, es una partida de ajedrez física. Pero como tiene la faceta de los hooligans y los gritos, eso ensombrece la realidad del fútbol. De hecho, en mi entorno, hay un cierto ambiente intelectual que desprecia el fútbol, porque se quedan con la superficialidad. Pero el fútbol es otra cosa mucho más compleja, tiene una sutileza tremenda.

C: Pero vamos, alguna otra regla también podrían poner para hacerlo más complejo.

¿Por ejemplo cuál?

C: Veintidós jugadores por cada equipo, con la misma superficie de terreno. Así habría más goles, 80 goles por partido.

J: No, Carlos, ¡entonces habría menos goles! Dos contra dos en el mismo campo y ahí sí que habría más goles (risas).

Parece que se puede hacer humor de todo, incluso de política, pero con el fútbol siempre hay miedo a herir susceptibilidades…

J: Yo salgo con mi camiseta de Owen y no pasa nada. Pero es verdad que siempre que hago alguna broma o comentario de fútbol tiene una repercusión terrible. Es acojonante la importancia que se le da. Pero yo soy muy raro, no es normal que un niño sea de un equipo y luego cambie. Lo que me ha pasado a mi de ser ambiguo y aficionarme al Madrid de tan mayor es muy raro.

C: Ahora el fútbol ya tiene un mundo paralelo igual de importante que el resto. La prueba es que lo mismo que dura el telediario normal dura luego la parte de deportes, que es solo de fútbol. Es un universo aparte.

J: Pero no se habla de fútbol, se habla del corazón futbolístico. Solo veo que se hable de fútbol de verdad en Movistar+, creo… Bueno, ¡y en Panenka!

Tú, Javi, habrás tirado algún penalti a lo Panenka de joven…

J: Yo no tiraba penaltis (risas). Yo era centrocampista rocoso y luego, según fui envejeciendo, me fui recolocando al lateral derecho. Pero nunca he sido bueno ni he tenido la técnica suficiente para tirar penaltis.

A nivel histórico, ¿cómo imagináis que debió ser el proto-fútbol que dio origen al fútbol?

J: Debió ser con algo esférico, algo que rodara. Es el único juego en el que la fuerza motriz es la misma con la que juegas. ¿Jugar con los pies? Qué locura. Si se podía compaginar con las manos o con lo que quisieras. Debería ser algo muy bruto, unos en un lado contra de otro lado y a pegarse patadones y a hacerse daño. Empezarían diez contra diez y perdía el que se quedaba sin nadie.

C: El balón sería solo una excusa. Era como una batalla. El otro día vi un documental que me resultó curioso. Los mayas empezaron un juego como el baloncesto. Y a los de hora se les ocurre jugar con los pies. ¡Joder con la evolución!

¿Si tuvierais mucho dinero, ficharíais a Messi para el Madrid?

J: Admiro a Messi pero no lo ficharía. Me gustan los jugadores controvertidos. Me interesa Benzema, porque es un jugador maravilloso pero lo silban, o Guti, por lo mismo. Iniesta es un jugador excepcional, pero no me interesa, porque no está discutido. Me gustan los jugadores con doble cara: con mucha calidad pero polémicos. En el Bernabéu se ha premiado siempre despejar un balón o salvar un fuera de banda, cada vez menos, pero es un público que un despeje fuerte lo aprecia mucho y eso me da rabia (risas).

¿A qué jugadores admirabais en vuestra infancia?

C: A mi es que se me dormían las piernas (risas).

J: A mi me gustaba Breitner, porque en esa época yo era muy rojo, era trotskista, y él se declaró maoísta. Me parecía acojonante que un jugador rico fuera maoísta. Me fascinaba Breitner. Me gustaban los jugadores raros: Uriarte en el Atheltic, Gárate en el Atlético y Sotil en el Barça.

C: Ahora sería inimaginable que por ejemplo Messi se declarara trotskista. Sería un impacto.

J: Es que hoy en día… Ni que se declarara liberal conservador… Esas cosas no pegan (risas).

¿Os gustaría que los jugadores se manifestaran más en términos ideológicos?   

J: Ya ser futbolista implica mucha presión social, si encima se posicionaran políticamente sería el colmo. Mejor que lo dejen como está.

C: Mejor no meneemos mucho el tema (risas).

¿Vosotros, que lleváis ya 34 años en los escenarios juntos, qué consejo daríais a entrenadores o jugadores para prolongar sus carreras en el mismo club?

C: Lo importante en un entrenador es que procure que sus jugadores metan los máximos goles que puedan.

J: El secreto es que su equipo gane. Carlos es muy admirador de Zidane.

C: Sí, porque sonríe sin parar. Nunca lo vas a ver después de una derrota alicaído. Así podría seguir en el Madrid toda la vida.

J: Para perdurar, tienes que tener un buen talante, y suerte. Fíjate, a Messi o a Ronaldo se les despedirá pitándoles. Siempre ha sido así, es una ley del fútbol.

C: El secreto es sonreír.

J: ¡Y para los jugadores que se besen el escudo! Eso es muy importante.

 

“A mi me gusta ver el fútbol solo. Estar atento y concentrado. Si hay amigos les digo que se vayan por ahí”

CANSADO

 

¿El escudo del Carabanchel lo habéis besado? ¿Habéis seguido al equipo de vuestro barrio?
C: A mí se me dormían las piernas. Yo al campo de la Mina he ido a ver conciertos, a ver a Rosendo.

J: Yo había ido con mi padre al campo. Porque teníamos un primo que jugaba en el Conquense e íbamos a verlo.

Me han dicho que Carlos es optimista por naturaleza viendo fútbol.

C: Sí, cada año pienso que el Madrid va a ganar el triplete. El año pasado gané en una apuesta 40 euros. Aposté que el Madrid iba a ganar la Champions a mitad de temporada, cuando iba fatal.

J: Yo también aposté a lo mismo. Pero gané más, porque metí más.

¿Os gusta apostar?

C: Yo apuesto sobre todo a los galgos. El truco es apostar por el galgo que evacúa antes de la carrera. Aunque luego no funciona siempre.

J: A mi me gusta apostar cosas raras. Por ejemplo cruzar una apuesta de que va a haber diez córners, cinco tarjetas y un gol de Benzema.

C: A mi también me gustaría apostar así pero tengo una memoria fatal y no recuerdo a lo que aposté (risas).

J: Yo aprovecho y cuando jugamos juntos le digo: ‘Carlos, me debes diez euros’. Y ni se entera porque no se acuerda lo que habíamos apostado.

¿Veis los partidos juntos?

C: Yo me he aficionado escuchando partidos por la radio en los viajes de la gira.

J: A mi me gusta verlo solo. Porque, sino, me distraigo, y el fútbol es muy complicado. Me gusta estar atento y concentrado. Si hay amigos les digo que se vayan por ahí.

Si os coinciden partidos importantes con alguna función, ¿qué hacéis?

J: Este año solo hemos podido ver la final. Nos han coincidido con funciones todos los de Champions.

C: A lo largo de nuestra carrera un montón de veces nos ha coincidido actuar con partidos de la Selección, en Mundiales y Eurocopas.

J: Es que sabes lo qué pasa, que entre ver un partido y ganar dinero, preferimos ganar dinero (risas). ¿Qué prefieres 1.000 euros o que tu equipo gane la Champions? Pues 1.000 euros.

C: Sí, sí. Hay que ganar dinero para fichar a Messi por el Madrid.

J: Ah, ¿tú ficharías a Messi? ¿Tú harías un crowfounding para ficharlo?

C: Sí, yo haría un crowfounding.

J: Pero, vamos a ver, ¿cuánto crees que cuesta Messi?

C: No sé, 5.000 euros o 6.000, con crowfounding.

J: ¡Cuesta 200 millones chaval! (Risas).

C: Por cierto, estaba pensando… Menos mal que sois pocos los que queréis ver el fútbol solos, porque sino los estadios estarían vacíos.

J: ¡Pero en el campo sí me gusta estar con gente! Y si se puede fumar, mejor.

 


SORPRESA CARABANCHELERA. Para nuestro encuentro con Faemino y Cansado en el Teatro Borràs de Barcelona decidimos guardarnos un as en la manga: dos camisetas del histórico Real Carabanchel, el equipo de su barrio. Las zamarras, además, eran de la versión especial que el año pasado el tercer club más antiguo de Madrid lanzó para celebrar su centenario. Gracias a la generosidad de la entidad capitalina, que tuvo a bien enviarnos dos ejemplares en menos de 24 horas, el regalo inesperado puso de mejor humor a los entrevistados. Nuestra conversación con ellos la publicamos también en el #Panenka66.


 

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