Su sueño era llegar al fútbol de élite, pero igual que muchos otros jugadores se ha quedado por el camino. Después de dejar todo lo que tenía para irse a jugar a Inglaterra, Marc de Val (Blanes, Girona, 15 de febrero de 1990) se vio obligado a regresar a España. Cuando estaba a punto de debutar en League One de la mano del Oldham Athletic, el Madrid aplicó la cláusula de formación y se quedó sin equipo, a la deriva. Ahora, después de seis años, juega con la Penya Deportiva en Segunda División B. A pesar de los obstáculos que ha encontrado por el camino, nunca ha dejado de confiar en su fortuna.

¿Crees que has tenido suerte en el fútbol? 

Depende de cómo lo mire; he vivido muchas cosas buenas en el fútbol. El fútbol me ha dado mucho, pero también pienso que en los momentos importantes no he tenido la suerte que quizás necesitaba. En general estoy contento.

Descubriste el fútbol en el CD Blanes. ¿Recuerdas por qué empezaste a practicar este deporte?

Mi padre fue el que me inculcó este deporte desde que nací. Él fue mi mejor entrenador. Me apuntó al CD Blanes, pero al principio no estaba muy convencido. No me gustaba jugar en un equipo porque estaba más pendiente de otras cosas y no aprendía lo que nos enseñaban los entrenadores. Aun así, también entrenaba en casa.

Estuviste en el futbol base del Espanyol durante diez años. ¿Crees que tu paso por este club ha sido decisivo en tu formación? 

Me educaron como jugador y como persona; me inculcaron unos valores y esto es muy importante. La verdad es que es una buena escuela para aprender. Fueron diez años maravillosos y tengo muy buenos recuerdos. Gracias al Espanyol he podido viajar y, sobre todo, hacer muchísimos amigos.

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A los 19 años recibiste una llamada del Real Madrid. ¿Cómo la recuerdas? 

Cuando te llama un grande como el Madrid se te viene una ilusión enorme. Es cierto que tenía un poco de miedo porque tenía que ir fuera de casa, pero valió la pena. Allí pasé dos temporadas muy buenas. Recuerdo que a veces me llamaban para entrenar con el primer equipo con Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos… y eso es un sueño para cualquier jugador de fútbol. El hecho de vestir ese escudo es algo impresionante.

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Te llegó una interesante oferta de Inglaterra. ¿Por qué no pudiste fichar? 

Rescindí el contrato con el Madrid porque me llegó una oferta muy buena del Oldham Athletic. Cuando llegué allí realicé unos entrenamientos con el equipo y el entrenador quería que me quedara. La verdad es que tanto él como yo estábamos muy contentos. Sin embargo, para que el contrato se hiciera oficial, el Madrid y el Español tenían que enviar una carta al club conforme no pedían ninguna compensación económica por los derechos de formación. El Español por diez años no pidió nada; y el Madrid por dos pidió 260.000 euros. La verdad es que fue una situación que no podía controlar y estaba fuera de mi alcance. Entonces el presidente del Oldham Athletic decidió no ficharme y me quedé sin equipo.

¿Cómo te sentiste? ¿Cómo lo vivió tu entorno?

Como te he dicho antes, el fútbol me ha dado mucho pero en los momentos importantes no he tenido la suerte que necesitaba. La verdad es que fue un chasco para todos. Pero gracias al apoyo de mi familia y de mis amigos he seguido luchando hasta el final. Considero que soy fuerte mentalmente y, aunque me sucedió esto, pienso que cuando se cierra una puerta se abren otras. Cuando te van bien las cosas aparece gente de debajo de las piedras, pero cuando realmente necesitas apoyo es cuando ves con quién puedes contar. Fue un chasco pero también aprendí muchísimo.

¿Crees que este incidente ha podido condicionar tu carrera futbolística?

Nunca lo sabré. Puede que sí y puede que no. Sin embargo, si no me hubiese sucedido esto puede que no hubiera vivido otras cosas que también valoro muchísimo.

¿Qué te dijo el entrenador del Oldham Athletic antes de que regresaras a España?

Cuando me despedí de los compañeros, Paul Dickov me dijo que cuando cumpliera veintitrés años y los equipos no pudieran reclamar nada por los derechos de formación me ficharía. Me hizo mucha ilusión cuando me lo dijo, pero realmente no me lo terminé de creer porque tenían que pasar dos años y es mucho tiempo. Y aunque pensaba que se iba a olvidar de mí no lo hizo.

De vuelta a casa jugaste con el Blanesport, el equipo de fútbol sala del pueblo. ¿Por qué acabaste allí?

La verdad es que jugué en el Blanesport para hacer un poco de terapia. Cuando me quedé sin equipo entrenaba por mi cuenta: iba al gimnasio, salía a correr e intentaba estar en forma por si llegaba de nuevo otra oportunidad. Pero como mi padre es el presidente del Blanesport y mis amigos jugaban allí pensé en pasármelo bien y despejarme. Mi padre siempre me decía que estaba haciendo realidad un sueño, porque es el equipo que él creó cuando era joven. Y la verdad es que me fue muy bien.

Cuando prescribió la cláusula de formación volviste otra vez a Inglaterra. ¿Cómo lo viviste?

Fue como un sueño, porque, además, el Doncaster Rovers jugaba en Championship. Cuando vi que iba a jugar en esta categoría, después de todo lo que me había sucedido, no me lo creí. Se lo agradecí muchísimo a Paul Dickov, pero también considero que merecía una alegría así.

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¿Recuerdas el día de tu debut profesional?

Como he dicho antes, y no me canso de repetirlo, en los momentos importantes aparece la mujer barbuda. Cuando llegué a Inglaterra gané la titularidad con mucho trabajo e hice una buena pretemporada. Tuve que esforzarme muchísimo, porque el futbol inglés es muy físico. La plantilla estaba más o menos definida para afrontar el primer partido de la temporada, pero antes jugamos un último partido contra el Motherwell FC, un equipo de Primera de Escocia, y me rompí el ligamento interno. Después de cuatro largos meses de recuperación, Paul me hizo debutar en el campo del Charlton Athletic FC. A pesar de que tuve mala suerte cumplí un sueño.

¿Por qué te fuiste del Doncaster Rovers?

Hay veces que actúas con el corazón y no con la cabeza. El primer año que estuve en el Doncaster Rovers bajamos a League One y pensé que tendría más minutos en el equipo. Y, de hecho, así fue. Los diez primeros partidos de la temporada los jugué enteros y a buen nivel. Además, en la FA Cup hicimos buenos partidos y contra equipos que uno siempre sueña jugar, como por ejemplo el Watford FC, el Fulham FC… Sin embargo, el último mes del año fue un auténtico infierno: el club dejó de contar conmigo. Fue muy duro dar el paso, pero tan solo tenía veinticuatro años y tenía que jugar; no me servía de nada estar en Inglaterra para no jugar porque, al fin y al cabo, los equipos se fijan mucho en los minutos que jugamos y esto me perjudicaba. Así pues, en enero mi representante me dijo de ir al Córdoba y, aunque sabía que bajaba de categoría, fui para allá.

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¿Qué prefieres, el fútbol inglés o el español?

Creo que mi juego se adapta mucho mejor al fútbol ingles. El hecho de haberme formado en España hace que esté más preparado, a nivel técnico y táctico, y pueda sorprender con más facilidad a los rivales.

¿Cómo fue tu estancia en Córdoba?

Con el Córdoba acordamos que si el primer equipo bajaba a Segunda División podría tener más oportunidades en el primer equipo. Y a pesar de que descendieron, cambiaron de directiva e hicieron una renovación total de la plantilla, tanto en el “B” como en el primer equipo. Al final tuve que buscar otro club. No me fui por decisión propia.

En Sabadell volviste a tener problemas con las lesiones. ¿Qué ocurrió?

Cuando me llamó Miguel Álvarez, un entrenador con mucho prestigio a nivel nacional, no me lo pensé dos veces. Pensé que era una gran oportunidad porque es un entrenador con el que se aprende muchísimo y que siempre lucha por estar en lo más alto. El hecho de estar cerca de casa también influyó. A pesar de que el míster contaba siempre conmigo, en la Copa del Rey me lesioné. Nunca antes había tenido una lesión muscular, pero la cosa no se quedó ahí: recaí siete veces. Entré en un bucle del que no podía salir. Fui a todo tipo de especialistas: médicos, podólogos, dentistas, dietistas… Llegó un punto en que no sabía de dónde provenía realmente la lesión. Aquel año no conseguí recuperarme y fue recaída tras recaída. Cuando estaba bien, el entrenador me hacía jugar de titular, pero no terminaba de sentirme cómodo. Seguramente, si no hubiese recaído tantas veces ahora mismo estaría en el Sabadell.

¿Cómo acabaste la temporada?

Cuando acabé la temporada con el Sabadell fui a probar al Llagostera. Después de lo que me había sucedido, Oriol Alsina quería ver cómo me encontraba. Y fue entonces cuando recaí por séptima vez. En aquellos momentos pensé en dejar el fútbol, porque había invertido mucho tiempo y dinero en recuperarme; incluso llegue a obsesionarme y no estaba nada bien. Finalmente, gracias a la buena voluntad de mi preparador y mi dietista, que me trataron con mucho cariño y sin pedir nada a cambio, me recuperé.

La temporada pasada jugaste en el Terrassa CF. ¿Cómo te encontraste?

Después de la recuperación, estuve en Badalona durante dos semanas en las que me volví a sentir un jugador. Tras este breve periodo, me llamó el director deportivo del Terrassa y me ofreció jugar en Tercera División. Me lo pensé mucho, porque venía de jugar en categorías profesionales, pero después de tener en consideración una serie de cosas, como por ejemplo las expectativas del club y la evolución de mi lesión, entre otras, decidí quedarme.

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Esta presente temporada has fichado por la Penya Deportiva. ¿Estás ilusionado con este nuevo reto?

Estoy más ilusionado que nunca, ya que vuelvo a estar en una división profesional. Me ha costado mucho, he tenido que superar muchos obstáculos. Ahora que voy a competir en Segunda División B, tengo muchas ganas de demostrar de que estoy a un gran nivel y quiero seguir subiendo escalones.

¿Qué esperas de la próxima temporada? ¿Cuáles son tus objetivos?

Estoy en un club humilde que recién ha ascendido a Segunda División B. Lo que espero del equipo es la permanencia, ya que es una competición muy difícil; solamente hace falta ver los equipos que hay, que tienen unos presupuestos muy altos. Nosotros sabemos que tenemos que trabajar el doble que el resto para hacer un buen papel en la liga y mantener la categoría. A nivel individual, quiero jugar el máximo de partidos posible y rendir a un alto nivel.

¿Cuál crees que ha sido el entrenador que te ha marcado más? 

El entrenador que me ha marcado más ha sido Joan Carrillo. Ahora está entrenando en Croacia. Si no fuese por él seguramente no hubiese fichado por el Espanyol. Él fue quien me recomendó al director deportivo del fútbol base del Español. Ha sido un entrenador que me ha marcado mucho porque me enseñó su filosofía del fútbol y siempre ha estado muy encima mío durante todos estos años.

¿En qué club crees que has tenido tus mejores momentos como futbolista?

En el Olímpic de Xàtiva. La temporada que jugué con este club fue la mejor de mi vida. Después de quedarme sin equipo fui a probar suerte al Olímpic de Xàtiva, un equipo valenciano del cual no tenía ninguna referencia. A pesar de que no lo conocía me sentí muy cómodo y cuajé una gran año; fue espectacular. Estuvimos durante toda la temporada liderando la clasificación y, lo más significativo de todo, jugué todos sin lesionarme en ninguno. Fue todo perfecto.

¿Cuáles son tus aspiraciones en el fútbol en estos momentos?

Hasta ahora estaba siendo ganar la batalla a mi isquiotibial; es decir, no volver a lesionarme. Pero tal y como estoy ahora, que me encuentro muy bien físicamente y estoy jugando a un buen nivel, volver a reengancharme al fútbol profesional. Por muy difícil que sea, todo esto que me ha pasado me ha hecho más fuerte. Tengo veintisiete años y creo que todavía tengo tiempo.