Leonardo Bonucci es un futbolista capaz de cambiar partidos porque ha variado la forma de ser defensa y ha trazado su camino hacia el futuro. Su evolución pasa por la capacidad de leer con anticipo lo que sucede en el campo, sea en el marcaje o en la construcción. Hoy el juventino es la referencia del zaguero: lo entrevistamos para saber cómo se convierte uno en Bonucci.


Texto original de Francesco Paolo Giordano

 

“¿Quién necesita a Pirlo cuando se tiene a Bonucci?”, twittea el periodista inglés James Horncastle. El gol de Giaccherini acaba de poner por delante a Italia contra Bélgica: es el primer partido de la Euro 2016 de los azzurri y es un momento decisivo. Hasta entonces el partido había sido estéril, con Italia maniobrando mucho pero sin incidir en los últimos metros. La enésima secuencia, en el 31’ del primer tiempo, involucra perezosamente a unos cuantos jugadores italianos, antes de llegar a Bonucci, dentro del círculo central. Recibe el balón retrocediento ligeramente. Lo controla con la izquierda, mira al frente, acaricia el cuero con la suela, otro vistazo, esta vez más rápido, para luego hacer un desplazamiento seco con la derecha. Después de 40 metros de vuelo, el balón se posa en el pie de Giaccherini, en posición de disparo: el pase es tan preciso que es como si Giaccherini hubiera estado desde siempre esperando en aquella porción de campo. Desde que Bonucci recibe el balón hasta que Giaccherini dispara para batir a Courtois han pasado cinco segundos, menos de lo que se dedica a leer la descripción de la jugada.

Observo a Bonucci en el campo de entrenamiento. Una de las primeras cosas que hace es disparar a puerta desde el círculo central. Sí, de nuevo. Pero esta vez nadie espera el balón, que rebota dentro del área pequeña y se va justo por encima del travesaño. Bonucci se echa las manos a la cabeza, desesperándose de broma. Ahora lo entiendo: intentaba tocar el travesaño. ¡Intentaba tocar el travesaño desde el centro del campo! Al ver lo cerca que ha estado, me imagino que a menudo acierta. Y que aquella jugada contra Bélgica, vista tantas veces, no es casual. Hubo un tiempo en el que Andrea Pirlo retrocedió su radio de acción, de trequartista a mediocentro por delante de la defensa para aprovechar mejor su visión de juego. Ahora el fútbol impone que la creación parta todavía de más atrás: ¿por qué necesitar a Pirlo, si está Bonucci? La Eurocopa de Francia hizo de Leonardo Bonucci una referencia internacional del defensa moderno: por capacidad para iniciar, técnica y maestría, sentido de la anticipación, lectura de las situaciones. Habilidad ofensiva y defensiva juntas: no es una desnaturalización del rol del defensor, sino un complemento.

¿Cómo se defiende hoy en día?

Creo que hoy el rol del defensor se ha vuelto más completo con respecto al pasado. Se necesita saber jugar el balón, iniciar el juego, no solo marcar. Es obvio que se han perdido un poco las características tradicionales como el marcaje al hombre o el uno contra uno, que continúan siendo importantes. El cambio influye en la fase de posesión del balón, porque la voluntad de los entrenadores es la de iniciar desde atrás.

Y usted es de los que más han contribuido a la evolución.

Ha hecho mucho mi pasado como centrocampista, porque me ha ayudado a ver el juego de una manera distinta, focalizado en asistir o en servir balones hacia adelante. La capacidad de ver antes la jugada viene de una lectura anticipada en la cabeza: la verticalidad, el juego en largo, el balón filtrado… Mientras me está llegando el balón ya sé qué jugada quiero hacer.

Retrocedamos en el tiempo: usted era un centrocampista.

El paso de centrocampista a defensa me molestaba un poco, pero debo decir que ha sido una suerte. Cuando estaba en los juveniles de la Viterbese, el entrenador Perrone me llamó y me dijo: “Mira, veo en ti mucha calidad, pero debes explotarla como central. Tienes elegancia, tienes coordinación, tienes técnica, estás bien colocado. Creo que puedes ser el nuevo Nesta”. Confié en él.

¿Es Nesta una inspiración?

Siempre me ha gustado. Cuando empecé a jugar de defensa, me sirvió de ejemplo por la elegancia, la constancia en su rendimiento, su limpieza en el juego.

 

“Mientras me está llegando el balón ya sé qué jugada quiero hacer”

 

También hay quien lo compara a Beckenbauer por su porte en el campo.

No [sonríe]. Es una comparación importante, pero también demasiado exagerada. Me gusta ser Bonucci, me gusta ser importante para el equipo, pero también tengo mis pros y contras. Debo mejorar en mis carencias. Esa ha sido siempre mi idea.

Nos habíamos quedado en la evolución del defensa.

Seguramente se trata de un nuevo modo de interpretar la posición. Creo que más allá de mis características técnicas, tiene que ver mucho con mi carácter: es casi una necesidad el ser útil para el equipo con una jugada importante. Me gusta asumir la responsabilidad, es algo que nunca me ha asustado, aunque a veces debas arriesgar más de lo permitido.

Una seguridad que se ha convertido en marca de la casa.

Sinceramente, no sé de donde nace. Es algo que tiene que ver con mi sentido de desafío: el partido, el entrenamiento, todo es un desafío en mi vida. Tal vez empezó en el primer año de Conte: contra el Milan, en San Siro, cometí un doble error en la misma acción de un gol que nos marcaron, primero perdiendo el balón y después desviando a puerta un disparo de Nocerino. Al domingo siguiente, en casa contra el Chievo, salí desde el banquillo. Después de un cuarto de hora se lesionó Barzagli: solo levantarme del banquillo para calentar, la gente empezó a silbar. Siempre digo, bromeando, que me silbaban las intenciones. Ni siquiera sabían si iba a entrar al campo o no.

Entonces, hay un deseo de revancha tras ese deseo de imponerse.

Ya cuando estaba en el Primavera del Inter, si alguno bajaba del primer equipo, el primero que se iba al banquillo era Bonucci. Era algo que no podía soportar. Mi carácter me ha permitido cultivar este sentido de desafío, y el error, la crítica, los episodios negativos, me han servido para mejorar. Cuando se me discutía, tenía que ser más fuerte que la propia discusión. Tenía que mostrar a los demás que Bonucci tiene las condiciones necesarias y que es un tipo de jugador en el que podían confiar.

¿Pero Bonucci es un tipo duro?

No, en absoluto [ríe]. Pueden demostrarlo muchos amigos y personas que me conocen. Soy un chaval tranquilo, accesible. Puede que en el campo me exceda un poco en esa voluntad de combatir, de mostrar al Bonucci duro. Pero tal vez sea solo una máscara que me sirve para exaltarme en algunas situaciones.

Pero es un líder.

En líder, te convierten tus compañeros. No debes ser tu quien lo digas, ellos deben reconocerlo. Tú simplemente puedes poner a disposición tus valores: en mi caso, la personalidad, el sacrificio, el deseo de combatir, el ímpetu. Son cosas que me han permitido convertirme en un gran zaguero y en un punto de referencia para el equipo dentro del vestuario.

Y ha decidido ser el líder en la Juve, a pesar de que en verano le llegaron ofertas prestigiosas de Inglaterra.

Es obvio que gustan las alabanzas de otros equipos. Pero mi decisión ha sido consciente, una elección de vida, de serenidad, hecha con el corazón. Permanecer en la Juventus para hacer que se convierta en realidad el sueño iniciado en 2010: vencer en Europa.

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¿Qué le falta a la Juve para tener éxito?

En este momento creo que nos falta todavía esa pizca de conocimiento entre los compañeros, porque este año hemos cambiado mucho. Pero estoy seguro de que con el tiempo y la costumbre de jugar ciertos partidos todos juntos podemos tener grandes satisfacciones.

¿Pero se ve en otro campeonato?

Me fascina la Premier League. Cuando puedo, veo los partidos: no tanto por los jugadores que hay, sino por el ambiente, por la atmósfera. Soy de sangre caliente y me gusta su pasión, el ver un estadio lleno que te abruma solo entrar en el campo. Por eso en el calentamiento soy siempre el primero en entrar y el último en salir. Quiero saborear las sensaciones que transmite el deporte.

Entonces no está descartado un futuro en Inglaterra.

No descarto nada. Pero, por el momento, he hecho mi elección: quedarme en la Juventus.

En Manchester hay un tal Guardiola que le tiene en bastante estima.

Tengo que agradecerle las palabras que ha dicho sobre mí después del partido contra el Bayern de Múnich [“Uno de mis jugadores favoritos”]. Es obvio que cuando llegan palabras de elogio de parte de un grande, el que según mi opinión es el mejor entrenador del mundo, no puedes disimular una sonrisa. Significa, verdaderamente, que he hecho un camino ascendente importante.

¿Cómo lo ha hecho?

He tenido la fortuna de tener grandes entrenadores que han potenciado mis características. Hoy soy un hombre más maduro y creo haber encontrado mi forma adecuada, también gracias a un trabajo psicológico con personas que me han ayudado a afrontar la dificultad, aislándome de aquello que llegaba de fuera, para ser consciente de mi fuerza.

¿Y cómo de importante ha sido y continúa siendo tener de compañeros, en la Juve y en la selección, a Chiellini y Barzagli?

Es fundamental para todos. Al pasar a defensa de tres, la Juve ha vuelto a ganar. Conte dio con la formación que nos ha permitido mejorar nuestras características, y después Allegri nos ha aportando nuevos conocimientos que nos han hecho más fuertes. Ha sido una gran suerte entrenar, mejorar y crecer junto a dos grandes campeones, también porque yo soy el más pequeño de los tres. De ellos he aprendido en los entrenamientos. Andrea es un fenómeno en el uno contra uno: día tras día intento imitar ese talento porque seguramente es un aspecto en el que debo crecer.

 

“Ha sido una gran suerte entrenar, mejorar y crecer junto Chiellini y Barzagli”

 

¿Qué pasa si no están ellos?

Siento todavía más responsabilidad. Cuando juegas con jóvenes o compañeros que no han estado mucho contigo en el campo, estás obligado a dar un poco más. Para ayudarles, pero también para ti mismo. Es obvio que con Benatia, que es un señor futbolista, no puedo tener la misma comprensión que con Barzagli o Chiellini, porque cuando jugas cinco años seguidos con tus compañeros aprendes a conocerlos de memoria.

¿La italianidad de la BBC es un valor?

Es importantísimo. Tenemos valores muy concretos, como la pertenencia, la voluntad de sacrificio, la humildad y la atención por cada detalle. El que llega de fuera tiene otra cultura. El potencial de la Juve pasa por mantener un núcleo duro italiano, que incluye a Marchisio y a Buffon.

¿Con qué se queda de los scudetti de la Juve?

El más bello es el primero: la primera victoria, la primera alegría, los primeros festejos. Recuerdo muy bien cuando ganamos al Trieste y hubo una invasión de campo por parte de los hinchas: no tenía la menor intención de entrar en los vestuarios, sino ir al encuentro de los aficionados. Tal vez lo hice de forma inconsciente, era presa del entusiasmo de haber vencido un campeonato que nadie esperaba.

¿Cuáles son los objetivos de Leonardo Bonucci?

Mejorar, siempre. Como futbolista, puedo decir que mis objetivos son ganar la Champions League y el Balón de Oro, que son lo máximo a lo que un futbolista puede aspirar. Pero formo parte de un equipo, y no siempre cae la fortuna de tu parte, como pasó contra el Bayern de Múnich la temporada pasada. Mi deseo de llegar estará siempre ahí, pero no solo depende de mí.

¿Puede ser este el año de la Champions League?

La Juve es un gran equipo. Pero debe demostrarlo en el campo.