*Fotos de Xavier Torres-Bacchetta

El 24 de abril de 1996, en Tallin y contra Estonia, Islandia hacía una sustitución. Faltaban 28 minutos y el partido estaba resuelto (0-3). Se retiraba del campo un ilustre veterano, un pionero que había zarpado al continente y había logrado hacer fortuna entre los grandes, y entraba un joven de 17 años con un horizonte brillante ante sí. El veterano se llamaba Arnór Gudjohnsen. El debutante, Eidur Smári Gudjohnsen. Uno era el padre. El otro era el hijo. La historia, la escribían ambos. Un recuerdo feliz que contiene una pizca de amargura: una lesión de Eidur impidió que pudieran llegar a actuar juntos sobre el césped con la camiseta islandesa.

El fútbol siempre quiso abrazar a Islandia, pero los rigores invernales de la isla le han sido hostiles durante décadas. Así era cuando Arnór (Reikiavik, 1961) creció como futbolista. La nieve frenaba la progresión del balón y los pabellones de balonmano eran demasiado pequeños. Pero todo empezaba a cambiar cuando su hijo Eidur se hacía futbolista, cuando se empezaba a proyectar como lo que acabaría siendo: el mejor futbolista islandés de la historia. Y el padrino de una generación, la actual, hija de la sofisticación y el fútbol bajo techo que, con su poderío físico y su marea azul regada con cerveza, fue la revelación de la Eurocopa en el verano francés del 16.

Arnór Gudjohnsen ha vivido la evolución del fútbol islandés como futbolista, como padre, como agente y como aficionado. Nos saluda, relajado, sonriente. Lleva un gorro en la cabeza, como si un instinto ancestral le impidiera fiarse de los elementos, por mediterráneos que estos sean. Nos tomamos un café con él en el vestíbulo de un hotel. Estamos en Barcelona, la ciudad que hizo que su apellido fuera aún más grande.

¿Qué significa este lugar para la familia Gudjohnsen?
Mi hijo Eidur ama la ciudad, aún vive aquí, donde es muy feliz con su familia. Aquí se mezcla un clima fantástico con un gran fútbol y un buen entorno para sus hijos, que también son futbolistas. Un lugar ideal para vivir en familia.

¿Y usted? De Barcelona, debe recordar aquella eliminatoria de Recopa entre el Anderlecht y el Barça en el ’89. Ganaron en la prórroga.
Lo recuerdo como si fuera ayer. En casa ganamos 2-0, jugamos un gran partido. Pero un marcador así quizás no es suficiente contra el Barcelona. Recuerdo estar impresionado al ver a esas 100.000 personas en el Camp Nou, que antes tenía incluso más aforo. Nunca había jugado ante tanta gente. El Barça marcó el primer gol y la gente saltaba y gritaba. Y pensé: ‘¡esto es terrible!’ [se tapa los oídos cuando recuerda ese momento]. Y luego vino el 2-0. Pero en la prórroga, cuando marcamos, sucedió algo mucho más terrorífico: el silencio. Un completo silencio en el que solo se oía a la poca gente del Anderlecht celebrándolo a lo lejos.

¿Fue la etapa en el Anderlecht su mejor experiencia futbolística?
Llegué al Anderlecht en el ’83 y tuve muy mala suerte porque sufrí una grave lesión después de un gran comienzo. Y estuve lesionado unos ocho meses. Luego volví a los entrenamientos y, cuando estaba a punto de volver a entrenar, pum, otra vez lesionado. Y esta situación se prolongó unos tres años. Pero cuando volví del todo de la lesión, fui el máximo goleador, fui escogido el mejor jugador de la liga. Coseché un éxito fantástico. Aquel año [1989-90], en el que eliminamos al Barcelona, empezamos muy bien la temporada, y seguimos haciéndolo bien contra otros grandes equipos. Pero, de golpe, con el año nuevo todo cambió. Alcanzamos la final de la Recopa, pero no estábamos jugando al mismo nivel que al inicio de la temporada. Había un ambiente enrarecido porque veíamos que íbamos a perder la liga ese año. Faltaba confianza en el equipo. Y cuando jugamos la final contra la Sampdoria, ya no teníamos esa fuerza que mostramos cuando jugamos contra el Barcelona.

Aquel gran Anderlecht jugó dos grandes finales [Recopa y Copa de la UEFA] y no pudo ganarlas. ¿Mereció más esa generación?
Sí, quizás, sí. Cuando perdimos la final de la Copa de la UEFA contra el Tottenham éramos mejores. En los dos partidos fuimos mejores. Pero perdimos. Contra la Sampdoria, ellos eran superiores. Como te dije, no entiendo lo que nos pasó aquel año. Varios jugadores que marcaban en cada partido dejaron de hacerlo en la segunda parte de la temporada. Jugábamos mal. Pero, más allá de eso, tienes que pensar lo que era el fútbol belga en aquella época. Llegué allí en el ’78, a los 17 años. Me impresionó ver cuántos jugadores reconocidos jugaban en el país en aquella época. Un país tan pequeño con ese fútbol…

Sí, parece que no puede pasar más. Que los países pequeños sean fuertes en competiciones europeas. ¿Podemos volver atrás?
Creo que a nivel de clubes, no. Pero con las selecciones es distinto. No es el mismo futbol.

Lo hemos visto con Islandia.
A eso me refiero. Tiene gracia, pero si Islandia hubiese sido campeona de Europa el pasado verano, hubiese pensado que se lo merecían. No habría sido cuestión de suerte. Como no lo fue clasificarse para la competición. Ganamos a Holanda, fuimos mejores, más fuertes, más organizados, sabíamos lo que teníamos que hacer, detectando las debilidades de Holanda y atacándolas. En el fútbol de hoy todo es posible, porque es más físico. Y eso se puede entrenar. Si eres un buen futbolista joven, pero no eres físicamente fuerte, tienes que prepararte en ese sentido. Antes no hacía falta pensar en ello.

Así que la gran diferencia entre el fútbol de hoy y el de los 80 es la obsesión por el físico.
Puedes tener una carrera normal si eres un buen jugador, pero si además eres físicamente fuerte puedes tener una gran carrera, aunque no seas precisamente el mejor jugador del mundo.

 

“Si Islandia hubiese sido campeona de Europa el pasado verano, hubiese pensado que se lo merecían. No habría sido cuestión de suerte. Como no lo fue clasificarse para la competición”

 

¿Echas de menos ese otro fútbol?
No lo sé. Me gusta ver el fútbol de hoy. Vivo en Islandia, donde sigo el fútbol inglés y español cada semana. Lo disfruto mucho. Lo que echo de menos es que haya más competitividad. En España, solo ganan Real Madrid o Barcelona, con la excepción reciente del Atlético y a la espera de lo que pueda hacer el Sevilla.

¿No era así en el pasado?
No. Éramos el mejor equipo de Bélgica, pero aun así siempre nos costaba ganar.

¿Cómo era para un joven islandés plantarse en Bélgica para jugar a fútbol a finales de los 70? ¿Una aventura?
Me tiré a la piscina sin saber lo profunda que era. Tenía ese sueño. Mi modelo a seguir era [Ásgeir] Sigurvinsson, que jugó en el Bayern de Múnich, donde no triunfó, pero sí que jugó muy bien en el Stuttgart. Era mi ídolo de infancia, y también había sido profesional en Bélgica. Era un modelo a seguir en el que fijarme. Yo era fuerte, rápido, pero tenía mucho que aprender. Me ficharon para jugar en Bélgica y mi vida cambió de pronto. Mi única ocupación pasaba a ser el fútbol, entrenar y entrenar. Me di cuenta de la importancia que tiene que los jóvenes empiecen por aprender lo básico: controlar la pelota, mejorar la técnica… Trabajé muy duro, porque, como futbolista, llevaba unos dos años de retraso respecto al resto de jugadores de mi edad en Bélgica. Pero tenía talento.

Por lo tanto, seguiste aprendiendo una vez ya eras profesional.
Sí, cuando aterricé allí no sabía exactamente qué me encontraría. Dos entrenos los lunes, uno el martes, fiesta los miércoles, dos más el jueves, entrenar el viernes y jugar el fin de semana. Era algo completamente nuevo para mí, porque en Islandia había seis meses durante los que no podíamos jugar al fútbol. Solo en pistas de balonmano.

¿Cómo te definirías como futbolista?
¿Yo? Me resulta difícil… [Piensa] No creo que haya muchos futbolistas que, como yo, puedan jugar en todas las posiciones. Podía jugar por delante de la defensa, gracias a mi fortaleza física. Recuerdo un partido en el que entrenador me pidió que marcara a Simon Tahamata, que había jugado en el Ajax antes de estar en Bélgica. Me dijo que no podía permitir que marcara y me preguntó si me veía dispuesto a pararlo. Dije que sí. Y jugué ahí, de stopper. No marcó. Y yo sí.

¿Cómo definiríamos ahora al futbolista islandés tipo?
Aún es un jugador principalmente físico. Aún hay mucho trabajo que hacer en el fútbol islandés. Tenemos que entrenar un poco distinto, enseñar antes a los jugadores lo que es la táctica, cómo se leen los partidos. Viví en Barcelona cuando mi hijo menor estuvo jugando en el Cornellà y en el Gavà, y vi cómo a los jóvenes futbolistas les enseñaban técnica, control del balón, moverse, jugar. Iniesta, Xavi… enseguida ves con qué referentes han crecido. Es lo que creo que hay que hacer en Islandia, más trabajo táctico y técnico. Puedes ser muy bueno individualmente, pero ¿qué significa ser el mejor? No puedes hacerlo todo tú, tienes que saber jugar con los demás. Si el equipo es bueno, tú eres bueno. Pero si tú eres bueno, puedes hacer mejor al equipo. Tenemos que traer esa mentalidad al fútbol islandés. La gente está feliz por lo que hicimos en Francia, pero hay que continuar hasta el siguiente nivel.

Entonces, el islandés necesita salir y ver otras formas de jugar. ¿Animaste tú a Eidur para que diera ese paso?
Creo que tenía el suficiente talento como para no tener que quedarse en Islandia. En aquellos tiempos hubiera podido progresar en Islandia. Así que tenía que marcharse. Holanda, para la gente de nuestro país, es un primer paso bonito. Porque es un fútbol abierto, en el que aprendes técnica, a moverte. Si eres realmente bueno, te prepara bien para poder jugar en Inglaterra, en España…

¿Cuándo te diste cuenta de que Eidur podía ser el mejor jugador de la historia de Islandia?
Nunca me di cuenta de ello, pero sí que supe que tenía un talento muy importante. Cuando veo a un buen jugador de fútbol digo siempre lo mismo, que tiene talento pero que solo he visto el 50 por ciento de él. El resto está en su cabeza. Y en el caso de Eidur, cuando fichó por el PSV, y lo escuchaba hablar sobre su carrera, sobre lo que quería hacer, me di cuenta de que había nacido sabiendo que iba a hacer algo grande. Ojalá yo hubiese tenido esa confianza en mí mismo cuando tenía 17 años. Pero eran otros tiempos, y para mí el cambio fue muy grande. Salir de Islandia y llegar a Bélgica, fue cómo aterrizar en la luna. ‘¿Qué estoy haciendo aquí?’, pensaba. Me tuve que adaptar a muchas cosas. En Islandia podía driblar a cualquiera, pero llegué a Bélgica y tuve que aprender a pasar el balón. Lo hice, lo aprendí, pero hubiera sido distinto si ya lo hubiera sabido hacer al llegar. Eidur, en cambio, creció junto a mí en Bélgica, en el Lokeren y en el Anderlecht. Pudo comprobar el gran equipo que era aquel Anderlecht. Sabía lo que tenía que tener para ser un gran jugador de fútbol. Y con toda la confianza en lograrlo. Era grande, fuerte, técnico, listo…

 

“El islandés aún es un jugador principalmente físico. Aún hay mucho trabajo que hacer en el fútbol islandés. Tenemos que entrenar un poco distinto, enseñar antes a los jugadores lo que es la táctica, cómo se leen los partidos”

 

Pero una gravísima lesión de rodilla en 1996 le cortó a progresión a Eidur.
Sí. Tras la lesión, nadie pensaba que volvería a jugar más. En Holanda le dijeron que volviera a Islandia para trabajar y recuperarse. Y dos años después volvía a estar listo. Casi lo habían descartado para seguir siendo futbolista. Pero vino a Islandia para tratarse con un médico. Y eso que había recibido la llamada de unos diez clubes ofreciendo sus servicios médicos. Su talento y proyección eran bien conocidos en Europa. Después del tratamiento, volvió a jugar y a hacerlo bien en Islandia. Acto seguido, fichó por el Bolton. Vino al Barcelona cuando casi tenía 29 años. Me gustaría haberlo visto llegar a Barcelona cuando tenía 27 años. La lesión pospuso su carrera dos años.

¿Qué habría pasado si Eidur hubiese llegado con 27 años a Barcelona?
Habría sido un jugador más importante. Habría llegado en su mejor momento. Hubiese sido diferente. Cada año que pasa, después de cumplir los 30, empiezas a notar un bajón. Recuerdo que cuando cumplí los 30 empecé a perder poco a poco mi velocidad. Hoy pasa más, porque lo jugadores son físicamente más fuertes. Antes se podía jugar a máximo rendimiento hasta los 35, pero hoy, con el trabajo físico que se hace, no creo que se pueda estar al máximo nivel a partir de los 32. Es algo que, por ejemplo, veo en Cristiano Ronaldo.

¿Dónde desarrolló Eidur mejor su fútbol: con el Chelsea bajo Mourinho o en el Barça con Guardiola?
Creo que en el Chelsea estaba en el punto álgido de su carrera. Llegó al Chelsea con 22 años, en el 2000. Cuatro o cinco años después estaba en lo más alto. Por aquel entonces, el Chelsea me dijo que el Real Madrid había contactado con ellos para saber si Eidur estaba en venta. De hecho, cuando Eidur fue al Barcelona, el Chelsea estaba pendiente del Real Madrid, que se había vuelto a interesar, pero el problema en Madrid es que había elecciones y en el club querían esperar a tener presidente para tomar una decisión.

¿Qué prefería Eidur?
Estaba en contacto también con el Manchester United. No le importaba ir allí. Pero cuando el Barcelona apareció, lo cual ocurrió muy rápido, Eidur me dijo que nunca podría decir que no al Barça. Pero a mí me hubiese gustado que hubiera llegado allí a los 27. No porque fuera peor a los 29. También porque llegaba al club después de ganar la Champions y la Liga. Rijkaard le dijo: ‘me encanta tenerte aquí, quería que vinieras; el único problema que hay es que los jugadores que ya están aquí nos han dado grandes cosas en los dos últimos años y tengo que darles la primera opción’. Le dijo que no había problema, que lo entendía. Y en el primer partido, cuando entró, contra el Celta, marcó el gol de la victoria.

Con la llegada de Guardiola, ¿cómo cambiaron las cosas para él?
Tiene gracia, porque el Barcelona quería vender a Gudjohnsen. Pero cuando llegó Guardiola, habló con otros jugadores sobre él, porque no estaba seguro de querer venderlo. Era un jugador de más envergadura, distinto en ese sentido al resto. Finalmente, le pidió a Eidur que quería que se quedara. ‘Te necesito’, le dijo. Jugó mucho el primer año con él, y luego, Guardiola vio que Eidur ya no encajaría en el equipo, así que lo dejó marchar.

¿Qué ha cambiado en el fútbol islandés?
Organización, disciplina, creencia en las propias posibilidades. ¿Quién es más fuerte físicamente que un islandés? Nadie. Como islandés, siempre serás al menos tan fuerte como tu rival.

¿La posibilidad de entrenar durante el invierno es el mayor cambio?
Todos los futbolistas de la actual selección empezaron desde niños a entrenar en campos cubiertos. Y a poder hacerlo todo el año. Yo tenía que jugar en la nieve. La primera vez que entrené sobre hierba tenía quince años.

¿Dónde estabas durante la Eurocopa?
En Islandia, pero viajé para ver el partido contra Inglaterra.

Lo viviste desde casa y desde fuera, de las dos maneras.
Nunca había vivido un partido desde la grada, con los aficionados, sin estar en el palco. Pero cogí una entrada, me vestí con los colores del país y me fui a Niza para vivirlo como un aficionado más. Por primera vez en mi vida.

3¿Y cómo fue la experiencia?
De verdad, nunca me había dado cuenta, hasta ese momento, de lo divertido que es. Cómo se disfruta el fútbol y lo feliz que te hace cuando lo vives como aficionado. Las canciones, los gritos, todo. Es muy especial. Además, había una emoción general muy grande. Cuando marcamos el primero, todo el mundo se volvió loco. Un tipo delante de mí no podía dejar de llorar y me abrazó. Me empapó con sus lágrimas. Luego marcamos el segundo. Y otra vez lo mismo.

¿Y qué pasaba, mientras, dentro del país?
La Eurocopa nos ha unido a todos. Después de la recesión económica, los problemas políticos, gente que lo había pasado muy mal. En ese momento, todo cambió. Todo parecía posible.

¿El fútbol ha cambiado al país?
Al menos durante unos meses, lo cual es mejor que nada. Luego pasa el tiempo y todo vuelve a la normalidad. Pero nos dimos cuenta de que todo era posible.

¿Hay presión para volver a repetirlo en Rusia’18?
Me gustaría ver esa presión. Porque el riesgo es que, después de la Eurocopa, todo se quede en algo que solo pasa una vez. Hay que aprovechar la oportunidad y esforzarnos para mejorar nuestro fútbol, desarrollarnos, desarrollarnos y desarrollarnos sin parar para alcanzar al resto del continente europeo. Tenemos todas las instalaciones necesarias para ello. No somos mucha gente, pero tenemos el interés puesto en el fútbol. Si no logramos clasificarnos para el Mundial, estaré muy decepcionado, pero no será una catástrofe. Aunque sí deberíamos lograr clasificarnos para la próxima Eurocopa.