No es periodista, afirma que se aprovecha del fútbol para hablar de sus chorradas y no esconde sus colores. Sin embargo, su pluma ya hace tiempo que se pasea por algunos de los medios de comunicación más leídos de España, y para muchos aficionados (o no) al deporte, sus columnas semanales son algo así como la misa de los domingos, la comida en casa de la abuela de los miércoles o la cerveza de los viernes. Una cita ineludible.

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Rafa Cabeleira se revela, junto a otros escritores de su misma generación, como un ‘rara avis’ en el plano comunicativo actual. Huye de lo políticamente correcto, aparece más (por el momento) en las páginas de los periódicos que en las estanterías de las librerías, agita las redes sociales con su sentido del humor y utiliza el balón a su antojo, ofreciéndolo a modo de excusa para explicarnos historias personales que a él le interesan mucho más. ¿Resultado del combo? Textos rompedores, frescos y agudos que, paradójicamente, huelen mucho más a césped y a cuero que algunas de las exclusivas futbolísticas que sueltan la grandes cabeceras del país.

En esta entrevista (también la podéis escuchar en audio en nuestro podcast Boleyn Sound) le pedimos a Rafa que nos hable de su Galicia natal y del Barça, de Cruyff y de Guardiola, de los directivos y de los periodistas. Que nos descubra sus cartas. Y él se presta encantado.

Suelen presentarte como no-periodista, gallego y aficionado del Barça. Vamos por partes. ¿Por qué del Barça? 

Supongo que es un poco por herencia familiar. Aunque yo me crié en un entorno madridista, sí que es cierto que mi padre era barcelonista, o más que barcelonista, cruyfista, e imagino que yo me hago del Barça por solidaridad con él, porque en el pueblo solo eran cuatro gatos los que se sentaban en una mesa para ver sus partidos.

En un articulo, sin embargo, escribías que tu madre asegura que primero fuiste del Real Madrid. ¿Era más fácil entonces ser aficionado del equipo blanco?

Sí, en mi entorno segurísimo. Supongo que si alguien nace en Catalunya o en la propia Barcelona es más fácil ser culé, pero si lo haces en un pueblo gallego, pequeño y, sobre todo, muy muy madridista, lo sencillo es ser del Madrid. Pero bueno, lo sencillo muchas veces no es lo más bonito, ¿no? No es lo que más satisfacciones te da. Y el haber recogido el camino de mi padre con el Barça, y después haber acabado viviendo esta última época dorada, que yo creo que muy pocos nos la imaginábamos, pues también tiene su punto.

¿Qué recuerdos tienes de tus primeras veces en los estadios? 

Unos amigos de mis padres me llevaron a ver jugar al Celta, creo que contra el Valencia. No me acuerdo de casi nada, pero retengo sobre todo el camino al estadio, porque el que nos llevaba era un fanático de los coches, y fuimos casi haciendo rally de aquí a Vigo. La que si tengo más marcada es mi primera vez en el Camp Nou, que es prácticamente como una primera vez con una mujer. Y recuerdo que fue un Barça-Real Sociedad, pitado por Soriano Aladrén, en el que Kodro marcó el empate a poco del final, que ya es triste que uno de los pocos goles que veas de Meho Kodro en el Camp Nou sea justamente con otra camiseta a la azulgrana.

 

“El periódico cuenta lo que el lector quiere leer, el club tiene muy claro qué quiere transmitir, los periodistas han dejado de tener un acceso tan directo como el que tenían antiguamente a las fuentes… Se hace todo como muy cerrado y muy viciado”

 

Con Cruyff y, sobre todo, con Guardiola, cambia la autoestima culé. ¿Por eso divides los entrenadores entre Pep y el resto?

Con Guardiola puedo decir que tengo una relación especial. Ya era mi futbolista favorito, y entonces hay un punto de admiración que es muy difícil de borrar. Cruyff, por ejemplo, era el futbolista favorito de mi padre, y creo que de ahí también se hereda una parte de esa admiración. Y efectivamente el Barça cambia con Cruyff como entrenador y acaba de romper todos los moldes con Guardiola en el banquillo.

El final de la era del ‘Pep Team’ coincide con la época de Rossell y Bartomeu en el palco del Camp Nou, con los que eres especialmente crítico en tus artículos. Dices que eso de que el Barça es más que un club, hoy en día, “es la más maravillosa de las mentiras”, y que en realidad el club azulgrana es “el listo que se ha saltado las reglas”.

Sí, yo creo que cualquier culé que se precie como tal a día de hoy no debería estar orgulloso de la directiva que està gestionando esta época. Hace unas semanas, sin ir más lejos, se acabó de oficializar el acuerdo con la fiscalía que estipula que el club pasará a tener antecedentes penales como cualquier criminal, mientras que los dirigentes que montaron toda la operación del fichaje de Neymar se van a quedar exonerados. No sé, a mí, que lo veo desde lejos, me extraña que todo esto todavía no haya saltado por los aires y que el culé no se haya puesto más serio y haya exigido más responsabilidades.

A menudo se escucha que esta gestión de la que estamos hablando, y todas las polémicas judiciales en las que se ha visto envuelto últimamente el Barcelona, han contado con la protección de ciertos sectores de la prensa azulgrana…  

Hace poco estuve en Barcelona y escuchaba en una charla a Ernest Folch, director del Sport, explicar que muchas veces los periódicos de fútbol no deben caer en el error de ser muy críticos con los clubes, porque ellos consideran que el lector, el que compra ese periódico, no está dispuesto a escuchar demasiadas críticas sobre su equipo. Entonces entramos en un círculo un poco vicioso: el periódico cuenta lo que el lector quiere leer, el club tiene muy claro qué quiere transmitir, los periodistas han dejado de tener un acceso tan directo como el que tenían antiguamente a las fuentes… Se hace todo como muy cerrado y muy viciado. Y cuando eso pasa, pues nos encontramos con cosas como que un ídolo como Guardiola sea probablemente el entrenador más contestado y casi diría que más odiado de la historia del Barcelona. Es un poco delirante.

¿Por cosas como estas tú no eres periodista? 

Siempre digo que no me gusta que me llamen periodista, para empezar, porque yo no soy periodista. No he estudiado Periodismo. Y le tengo bastante respeto a la gente que sí lo ha hecho y que de verdad ama esta profesión. Yo me acerco los medios desde una visión un poco alejada. Además, tampoco es que hable específicamente sobre fútbol. Lo utilizo un poco como excusa para hablar de otras muchas cosas.

Os habéis juntado bajo el paraguas de un mismo periódico, El País, algunos autores gallegos que concebís el fútbol como un relato. Manuel Jabois, Juan Tallón o tú mismo. 

Pienso que la literatura es tan amplia que sería un poco ridículo pensar que en ella no iba a haber cabida para el fútbol, ni que sea un pequeño cajoncito. Los que nos hemos juntado, y no solo desde Galicia, sino que esto es mucho más amplio, y se podrían dar muchos más nombres, somos gente que buscamos en el fútbol no solo los 90 minutos del partido, no solo la táctica establecida por los entrenadores, no solo la gran jugada del genio de turno, sino cualquier cosa que nos sirva de excusa para hablar de otros temas. En mi caso, básicamente, para hablar de mis chorradas, como suelo decir. Soy muy de escribir desde el ‘yo’ y el fútbol me sirve como vínculo para hacer una pequeña autobiografía.

Y se tenía que dar la casualidad que los tres gallegos de los que todo el mundo habla (Jabois, Tallón, Cabeleira) fuérais uno del Madrid, uno del Atlético y uno del Barça…

[Risas] Eso es bastante curioso, sí. En realidad yo los conozco a los dos a través de Twitter. Tengo que reconocer que entonces aun no era un buen lector, y que por supuesto no había escrito nunca nada en mi vida. Pero una noche quedamos los tres para cenar, nos conocimos, y allí me empezó a picar el gusanillo de si no podía dedicarme yo a lo mismo que esos dos gandules. Y bueno, pues el intento se ve que no ha salido tan mal.

 

X9wNpnok“Damas y ‘cabeleiras’: con ustedes una de las plumas más agudas y perezosas del periodismo español”. Así presentamos al bueno de Rafa Cabeleira la vez que, con motivo de nuestro #Panenka43 dedicado a la Copa de Europa, nos escribió para el papel una contra-crónica de la final de Berlín que el Barcelona le ganó a la Juventus. Colaborador habitual en medios como El País o el Diario de Pontevedra, Cabeleira promete seguir deleitándonos durante muchos años con su prosa lúcida a la par que tronchante. Eso sí, ayudemos a que su talento literario crezca sin ataduras: que nadie le exija que se levante temprano.