Con un año se trasladó a vivir a Ferrol donde estudió en un colegio de curas y donde no soñaba con ser actor, sino con ser misionero, detective privado o futbolista. Asturiano, nacido el 17 de enero de 1971, justo un día antes que su admirado Josep Guardiola, su Champions League particular llegó en 2015 conquistando el Goya al Mejor Actor por La Isla Mínima. Intérprete en comedias futboleras como Días de fútbol o El penalti más largo del mundo, reivindica el trabajo bien hecho del cine español y su buen momento a pesar de la ”intoxicación de los políticos”.


Soy muy futbolero. Con ocho años me regalaron una camiseta de Rexach y me provocó tanta ilusión que me hice del Barça. Maradona ha sido mi gran ídolo. Recuerdo que, de pequeño, pasé una hepatitis en la época en la que él también la tuvo y para mí era como un dios. Hice mis pinitos de becario como locutor deportivo, me recorrí todos los campos de Tercera y disfrutaba mucho. Me encanta la radio deportiva: disfruto más escuchando un partido que viéndolo. Cuando jugaba lo hacía de extremo y era muy rápido. Lo dejé cuando, con 16 años, me enfrentaba a tipos que me amenazaban a la mínima. Yo no estaba hecho para sufrir eso cada fin de semana.

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Soy muy aficionado del Racing de Ferrol. En 2013, me hicieron embajador oficial de la entidad y eso me llenó de orgullo. Representa aquel tipo de club modesto que a base de tesón y trabajo se ha conseguido mantener. Mi sueño es algún día poder verlo en Primera. Lo tiene todo para ello: un estadio precioso con capacidad para 13.000 espectadores y una ciudad, aunque pequeña, muy futbolera. Me parece un caso similar a Vallecas o Villarreal. El presidente tiene mucha pasión y lo está haciendo muy bien. La prueba es que hay jugadores que deciden venir al Racing aun cobrando menos porque saben que es un club pagador y serio.

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Mis mejores amigos son madridistas y suelo llevar la rivalidad sin fanatismos, aunque me pasa como a Gerard Piqué; siempre quiero que pierda el Madrid. Últimamente, con el tema del soberanismo catalán se ha mezclado todo, pero creo que, siempre que haya una rivalidad bien entendida y sin violencia, es muy necesaria.

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Los actores solemos posicionarnos más que los futbolistas- social o políticamente. Es positivo cuando un deportista lo hace porque trasciende más y son ejemplos para muchos jóvenes. Me gusta que saquen los pies del tiesto. Ante todo, somos ciudadanos y podemos y debemos manifestar nuestras opiniones. Lo que quizá pasa es que los actores no somos esclavos de patrocinadores y, en este sentido, los futbolistas tienen que estar muy atentos a lo que dicen.

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El fútbol se puede considerar cultura, pero hoy en día está demasiado decantado al negocio, con intereses alejados del aficionado. Echo de menos la pasión con la que yo veía los derbis. Actualmente se ha convertido en un show business más descafeinado. El cine y el teatro españoles, como el fútbol, han dado mucho dinero al Estado. Lo que pasa es que al Gobierno no le interesa este tipo de cultura y se nos ha maltratado. Tanto que les gusta a nuestros gobernantes mirarse en el espejo de Alemania o Francia, el modelo galo es un claro referente de cómo se deben hacer las cosas en el mundo de la cultura.

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Es verdad que en el cine español no hay muchas producciones sobre fútbol fuera del género de la comedia. Se me ocurren ideas muy cinematográficas que podrían funcionar como la soledad de un entrenador o historias de trasfondo social. Supongo que no se apuesta por ello por el riesgo a que no funcionen o porque, simplemente, no está de moda. Ojalá se hicieran más producciones sobre fútbol. Durante los rodajes cinematográficos no solemos organizar partidillos porque no hay tiempo para nada. Pero en épocas de teatro sí se juegan pachangas. Pérez-Mencheta o Dani Guzmán, por nombrar algunos, son de los actores que mejor le dan al balón.

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A un niño que dude entre ser actor o futbolista no sabría qué aconsejarle. Quizá que trate solo de disfrutar y que huya de esa aureola de la fama que puede percibir de nosotros. El mundo de la interpretación es un sector muy cruel, con una tasa de paro del 75% y con solo un 5% de los actores trabajando habitualmente. Y los que llegan a la élite en el fútbol son solo unos elegidos. Así que hay que trabajar por lo que uno quiere con el único objetivo de disfrutar.


Esta entrevista está extraída del interior del #Panenka45, un número que sigue disponible aquí