No había caricatura posible de Jesús Gil, porque Jesús Gil mismo era la caricatura. Iván Castelló propone varias definiciones para atrapar al personaje: “orondo dictador de su verdad”, “irrepetible torrente de lesa humanidad”, “villano exagerado”. Todas ellas excesivas y a la vez válidas, puesto que si algo dejó claro este constructor soriano fue eso: la sensación de que en él cabía todo, porque a todo se atrevía. El hombre de las mil caras marcó con sus suelas para siempre la memoria de atléticos y marbellíes. Tras su paso por la vida quedaron un legado sombrío y muchísimas anécdotas, que hoy flotan como peces muertos en la superficie de un pantano. La camisa desabrochada. Los insultos a la prensa. El cocodrilo que exhibió en el palco del Calderón un día de partido contra el Tenerife. Las cartas a la Casa Real. El puñetazo a Fidalgo. Los bikinis, el teléfono y el jacuzzi. El caballo Imperioso, al que a punto estuvo de darle una concejalía en Marbella. Los juicios. La uña del pulgar larga para contar billetes que no para tocar la guitarra.

¿Qué tenía Gil que no tenga Trump?

Un altavoz construido con sus propios medios. Gil mandó durante un tiempo en el que no existían las redes sociales. Y lo que no tenía Gil y sí tiene Trump es un imperio detrás. Gil tuvo que levantar uno él mismo; eso sí, sin importarle los daños colaterales.

¿El gilismo se fue con él?

Para nada. Continúa, y además en todo su esplendor. Porque la verdad es que estos últimos años al Atlético le ha ido muy bien, deportiva y económicamente. El gilismo sigue de moda. Está ahí. Se ha perpetuado hasta revelarse como un modelo válido.

¿Y cómo convive con eso la afición?

Pues, en mi opinión, malamente. Porque este club, aunque desde fuera pueda parecer que sí, sigue sin tener paz social. Un porcentaje alto de atléticos no está de acuerdo con que el gilismo, que sigue con el hijo de Jesús [Miguel Ángel Gil Marín] y Enrique Cerezo, continúe gobernando. Luego hay otro grupo, la famosa mayoría silenciosa, que vive el equipo partido a partido, sin involucrarse demasiado. Y finalmente, en tercer lugar, también existe un pequeño bloque de fieles a ese modelo que se mantiene, pero que es menor a los otros dos. Entonces podríamos decir que esto del gilismo, en general, se vive con resignación. Es que si ni la justicia pudo tumbarlo cuando en su momento se apropió ilegalmente del Atlético, ¿cómo va a ser posible imaginar un cambio?

16 años duró Gil en la presidencia. ¿Qué se pensó el día que dejó de estar?

Ya se sabe que con esto de las dictaduras dinásticas, cuando cae el jefe, siempre surge la esperanza de que entre un halo de modernidad, algo distinto, más moderno y democrático. Pero en este caso lo que siguió fue una línea continuista con el hijo. ¿Recuerda un poco a Corea del Norte, no? Puede sonar a chiste, pero es que es así. No hay tantos casos de un apellido con tal continuidad.

A medida que pasan años de su muerte, y que el tiempo va difuminando su figura, ¿toman más volumen los pecados o los matices cómicos del personaje?

La pregunta es buena, porque tanto la obra como el legado de Gil se basan un poco en eso. Su recuerdo a todos nos hace preguntarnos: ¿pero Gil me caía bien o no? ¿le tengo que pasar por alto todas las cosas malas que hizo? Esa dualidad es lo que alimenta el debate interior de los atléticos. Por un lado hay infinidad de momentos en los que nos pudo caer simpático. Pero por otro, con dos dedos de frente y un poco de sensatez, uno repasa las sombras de su etapa y se lleva las manos a la cabeza. De hecho, es un personaje tan atractivo por esos claroscuros, por esas contradicciones.

Contradicciones que se abordan en Salvaje

Yo defiendo que el periodista deportivo tiene que volver a contar lo que hay, no lo que quiere que haya. El libro es un punto de partida para que le perdamos el miedo a retratar a los personajes complejos, como el propio Gil. Porque no deja de ser nuestro trabajo contar lo que ha pasado, sea más o menos complicado o más o menos cómodo.

 

“Dudo que un personaje así hubiese podido perpetuarse en clubes como el Madrid o el Barça. Los medios no se hubieran permitido tantas bromas con él”

 

A ti ya te tocó cubrir como periodista el gilismo. En vivo. 

Aquello era una casa de locos, pero al mismo tiempo muy divertido. El Atlético, por aquel entonces, funcionaba como una pirámide invertida. La primera fuente de información, la más expuesta, era el propio Gil. Tremendo. Y luego, hacia arriba, había una serie de personas que lo que intentaban era maquillar o suavizar lo que decía el número uno. Como Antonio D. Olano [jefe de prensa del Atlético y escritor], por ejemplo, un personajazo. Era otra manera de entender la gestión comunicativa de un club. Parece la Edad Media, pero esto pasaba hace 20 años.

¿Era un riesgo tomárselo a broma?

Con Gil tenías que tomar una decisión. O te lo tomabas a chufla o te metías de cabeza en todo lo que estaba liando por detrás.

Y lo que pasó fue… 

Que la prensa, generalmente, miró hacia otro lado. Es un poco descorazonador, pero ahora que he estado recuperando información para el libro y tal… Dudo que un personaje así hubiese podido perpetuarse en clubes con la potencia de un Madrid o de un Barça. Me parece que con eso los medios no se hubieran permitido tantas bromas; hubieran ido directos a la yugular de Gil. Pero como era el Atlético, que no llegaba a tener esa trascendencia mediática de los otros dos… Pues bueno, como que se le dejó a hacer un poco.

Jesús Gil y Gil no interpretaba un papel. 

No. Jesús Gil y Gil era así. Un tipo ingenioso. Un personaje hecho a sí mismo que sabía trabajar pensando en cómo enriquecerse cada día un poco más, y que luego, por supuesto, no ocultaba sus dobleces. Podía enfadarse muchísimo o podía ser muy divertido.

Su madre, la Guadalupe. 

Le marcó muchísimo. Tenía una personalidad muy fuerte. Era lo que en la actualidad sería una conseguidora. Se movió una barbaridad para ayudar a sus hijos, y con Gil consiguió nada menos que lo indultara el franquismo [15 de junio de 1969. El recién inaugurado restaurante del complejo turístico Los Ángeles de San Rafael se derrumba y mueren 58 personas. Gil, propietario del complejo, es condenado a cinco años de prisión por un delito de imprudencia temeraria. Dos años después el régimen le perdona la pena].

El Gil joven. ¿Es verdad que no sabía fumar pero que hacía como que sí?

Durante un tiempo fue su manera de divertirse, sí. Un detalle de la época. Supongo que eso de aparentar, durante el posfranquismo, era algo que estaba más arraigado socialmente. Al parecer se exhibía por Madrid, soltero, con dinero… Sería una especie de Mayweather quemando billetes por la Gran Vía.

El Gil curtido. El Gil que se hace construir una ducha en el Calderón porque siempre se siente “sudado y sucio”. 

Eso me lo contó Radomir Antic, un hombre muy intenso en cuanto a sentimientos. Me impactó que tuviera el recuerdo tan vivo. Según él, Gil la usaba porque era alguien que había quedado marcado para siempre por la tragedia de Los Ángeles de San Rafael. Y eso que el personaje parecía invitar a pensar todo lo contrario.

 

 

Vayamos al campo. 29 entrenadores durante su mandato. Difícil saber qué fútbol le gustaba a Gil. 

Es que no le gustaba ninguno. Ni le gustaba el fútbol ni lo entendía. Se notó mucho en sus diseños del equipo temporada tras temporada. Arrancó bien, con Menotti como entrenador, con López Ufarte o Salinas, con estrellas internacionales, como Alemao o Futre, un proyecto excelente, pero no hay Dios que entienda cómo lo destrozó, cómo lo dinamitó él mismo. Porque parecía claro que ese era el tiro bueno. Parecía claro que, con algo más de paciencia, ese podía llegar a ser un equipo campeón. Allí se demostró de primeras que Gil no tenía ni idea de fútbol, algo que se acabaría confirmando con el tiempo. Con su hijo pasa igual. Pero, por otra parte, ellos también han demostrado que comprender el juego no es una condición indispensable para dirigir un club.

¿Cómo es posible que lograran soportarse con Aragonés?

La relación de Gil y Luis Aragonés fue especial, sí, pero también distante. Siempre lo fue. Luis fue prácticamente el único que se atrevió a decirle al presidente: ‘tú te quedas en el palco, el vestuario es mío’. Pero, ojo, que cuando aún no se conocían el uno y el otro, llegaron casi a la agresión física en más de una ocasión. Creo que al final los dos entendieron que para convivir, no debían ni tratarse.

¿Y qué habría pasado si hubieran coincidido con el Simeone entrenador? 

Me lo he preguntado muchas veces. Tiendo a pensar que sí que podría haber encajado esa pareja. Seguramente Gil, como ya hizo con Antic, habría entendido que ‘si este funciona, lo dejo tranquilo’. Y el Cholo también le habría dejado claro que la puerta del vestuario ni tocarla.

Jugadores, técnicos, árbitros, periodistas, jueces. ¿Quién provocó más dolores de cabeza al mandamás?

Contra la pared solamente se puso el propio Gil. Así de claro. Y eso es bastante definitorio del personaje. Fue una fuerza de la naturaleza que pudo con todos. Por que los jueces… Bueno, al final sí que ya estaba muy acorralado por ellos, pero es que sobrellevó una lucha judicial de casi veinte años, día a día, con el desgaste que eso supone. Entonces yo creo que nadie, nadie pudo con Gil. Solamente él mismo.

 

“Contra la pared solamente se puso el propio Gil. Así de claro. Y eso es bastante definitorio del personaje”

 

Si le hubieran dado a elegir entre el Atlético y Marbella…

Por desgracia los hechos demuestran que a él le interesaba más lo segundo que lo primero. Porque si no, no se entiende que se metiera en el fregado político. Ese follón interminable de la alcaldía le fue minando. Supongo que era porque quería más y más. Porque Marbella era el gran negocio, en realidad. Su negocio global.

¿El Atlético fue solo un trampolín?

Hubo gente del club, entrenadores y jugadores, que acusaron a Gil de vivir realmente en Marbella, no en Madrid. Durante bastantes etapas estuvo más pendiente de la alcaldía que del equipo. A lo mejor en algún momento se arrepintió. Tal vez se diese cuenta de que estaba más a gusto solo como presidente de una entidad de fútbol. Marbella le devoró. Pero con sus hechos y con sus actos, él demostró que prefería la política antes que el Atlético. Es lo que puedo concluir.

Fue el primero en decir abiertamente que un club era una empresa. Quizá el fútbol moderno comenzó con él.

Es que en realidad Gil fue un adelantado a su tiempo. Tenía una visión moderna del negocio futbolístico. Lo de convertir a los clubes en sociedades anónimas fue él quién lo abanderó en España, y luego a ese carro se subieron muchos. Otra cosa es que después descubrimos que eso seguramente le interesaba a Gil para apropiarse del Atlético sin poner el dinero. Claro, es que estas cuestiones también tienen que marcar el recuerdo de su gestión. Aquí están, una vez más, los contrasentidos.

Con la cantera pasa igual. Él interpreta que no tiene sentido y que deben ser otros organismos, como la Federación o la propia Liga, los que apoyen al fútbol de formación. Decía que no entendía por qué tenía que pagarlo él. Eso, que también podría ser leído como una idea moderna, y por lo que podría haber abierto una negociación para buscar soluciones, él lo resolvió con su método, que no fue otro que cargarse las categorías inferiores del Atlético de un día para otro, cosa que lo empujó a cometer un error histórico que marcaría a la institución para siempre. Sí, estoy hablando de cómo acaba Raúl González Blanco en el Real Madrid por un infantil puñetazo en la mesa de Gil. Es que esa fue muy gorda también.

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