El fútbol ha sido siempre un espejo de la sociedad. Al largo de los años ha expresado los avances y los problemas del mundo dentro de su terreno de juego y alrededor de sus gradas. Como lenguaje internacional que es, el fútbol ha querido ayudar a los más necesitados con la pelota como excusa. Desde recogidas de alimentos hasta fundaciones para discapacitados, también combatiendo con fuerza el racismo. Pero una de las asignaturas pendientes de este deporte, como de muchos otros, es la lucha contra el machismo.

Cuando el fútbol femenino sigue en línea ascendente, a muchos aún les extraña ver a una mujer arbitrando un partido masculino u otros se hacen los sordos cuando se escuchan cánticos machistas en las gradas. Incluso hay quien sigue idolatrando a futbolistas acusados de violencia contra las mujeres. En 2015 se inició el procedimiento judicial contra el futbolista Rubén Castro por maltratar a su pareja, finalmente fue absuelto. Sorprendentemente, en las graderías del Benito Villamarín se escuchó: “Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”.

Del delantero canario, hasta el último y sonado caso de los cuatro jugadores del Arandina acusados de violar a una menor, son muchos los ejemplos de violencia machista en el fútbol español. Como lo fueron los del holandés Rafael Van der Vaart en 2012 o el del defensa del Atlético de Madrid Lucas Hernández denunciado por maltratarse mutuamente con su pareja en febrero de 2017.

La grada como frente de lucha

Uno de los principales problemas que se encuentran para luchar contra el machismo es que se tratan estos casos como puntuales, y no como a un problema enquistado. El historiador Carles Viñas, experto en gradas de animación, apunta que “a menudo se banaliza el machismo y se lo reduce a categoría de anécdota. Sin una reflexión profunda previa dirigida a reconocer el alcance del problema, las medidas que se tomen serán estériles”.

Para visibilizar el problema, algunos grupos de animación han decidido dar un paso al frente y hacer pedagogía al respeto. Lara Morgado forma parte de la Barricada Albinegra, seguidores del CD Castelló, y explica como durante el 2016 decidieron crear una sección exclusivamente femenina dentro del grupo con otras peñistas albinegras: Dones Albinegres. El principal objetivo, detalla, es “mostrar que las mujeres también toman parte activa dentro del fútbol, que pueden organizarse y potenciar su presencia”. Desde el grupo, más allá de las campañas en días puntuales como el 8 de marzo, Día de la mujer, y el 25 de noviembre, contra la violencia machista, “se intenta hacer pedagogía contra el machismo”. Ésta se dirige, explica, principalmente, “para erradicar los cánticos machistas tan integrados en el mundo del fútbol”.

Aunque dentro de Barricada Albinegra todos los seguidores han apoyado la iniciativa, la sección femenina ha sufrido alguna agresión por parte de aficionados del club de ideología fascista. Lara Morgado recuerda como “justamente durante el acto del 25 de noviembre, un grupo de chicos empezó a insultarnos y a tirarnos cerveza”; lo peor de todo, para ella, fue que “el club no actuó, nos dijo que lo lamentaba pero que no podía hacer nada al respeto”.

 

“El objetivo es mostrar que las mujeres también toman parte activa dentro del fútbol, que pueden organizarse y potenciar su presencia”

 

El deporte también es política

Agresiones como la sufrida por Dones Albinegres reflejan como los comportamientos y los cánticos que se dan en espacios deportivos no dejan de ser política. Además, la grada es un buen frente de lucha. Andrea Sánchez forma parte del grupo Rudes Lleida de la UE Lleida, colectivo que siempre se ha posicionado como catalanista y antifascista. Sánchez reivindica que “mucha gente sigue el fútbol y, por tanto, las gradas pueden ser un buen altavoz”.

El colectivo se da a conocer dentro el estadio gracias al apoyo al equipo, las banderas y los tifos. Pero es fuera de éste donde se encuentra la principal lucha. “Dentro el campo podemos sacar pancartas reivindicativas, pero fuera organizamos charlas y campañas para hacer pedagogía política y social”, relata Sánchez. Para ella, lo más importante es hacer llegar este mensaje. “La gente de la grada ya está implicada políticamente, se ha de encontrar la forma para hacer llegar este discurso a personas alejadas de ese lugar, ya que el machismo está en todos lados y deriva en cualquier ámbito de la sociedad”.

Desperdicis es el grupo de animación de la UE Sant Andreu y, aunque el equipo milita en Tercera División, este colectivo siempre irrumpe con fuerza en cualquier estadio para animar a los suyos. Mireia Martínez ha sido seguidora del equipo y explica que “durante muchos años el objetivo del grupo era ser un referente en el barrio”. Durante esa época, entre 2012 y 2014, el centro neonazi Tramuntana causaba problemas en Barcelona y Martínez recuerda que “si conseguíamos atraer a jóvenes apolíticos a Desperdicis era una forma para evitar que simpatizaran con los nazis y de hacer pedagogía antifascista”.

Dentro de este discurso entra, evidentemente, la lucha feminista. Mireia Martínez comenta que “en la grada se tiene que luchar como en la resto de ámbitos y esto se consigue no callándose nunca ante situaciones de machismo”. A parte de intentar educar en este sentido, la aficionada del Sant Andreu menciona que una de las acciones más importantes es “alzar la voz y ser ejemplo de rebelión para llevar la lucha a un primer plano”.

Siguiendo la línea mencionada por Lara Morgado y Andrea Sánchez, Martínez opina que “política y deporte son una simbiosis difícil de separar. Los estadios son espacios de ocio donde se difunden valores y actitudes y éstos van impregnados de ideologías”. En este sentido, los gritos de “maricón” hacia un jugador que se cuida mucho, “marimacho” a una futbolista corpulenta o acosar una mujer árbitro es machismo. Sin embargo, estos comportamientos no indignan a aficionados y directivos y a menudo se toleran con normalidad en muchos estadios.

Las mujeres encienden las bengalas

Algunos grupos han creado una sección femenina propia, como Desperdicis o Barricada Albinegra, otros han preferido no hacerlo pero se unen igualmente a la lucha, como Rudes Lleida, pero un caso sorprendente es el de Indar Horibeltz del Barakaldo CF. Ane Kurtijo es la única chica de esta grada de animación. “Intento traer a las amigas e incluso con el grupo animamos al equipo femenino del Barakaldo, pero no hay manera de atraer más mujeres a Indar Horibeltz”, explica Kurtijo.

Aunque es la única mujer, el grupo se preocupa para visibilizar su papel y mostrar que el suyo es un espacio inclusivo. “A parte de las campañas contra el machismo del 8 de marzo y del 25 de noviembre, soy yo quien enciende bengalas u ondea banderas”, para así mostrar la mujer como actor principal. Por otro lado, lamenta que “el hecho de ser la única chica aleja a otras de entrar en el grupo”.

“Es fútbol, pero es otro espacio donde mostrar el empoderamiento de las mujeres”, explica Mireia Martínez. En este sentido celebra que “desde la creación de la sección femenina, se pueden ver chicas de 17 o 18 años con un coraje y unas ganar de actuar que yo no tenía a su edad”, y sigue afirmando que “estos valores de empoderamiento en el fútbol sirven para después trasladarlos a otras facetas de la vida”.

En el primer nivel del fútbol español se encuentran dos mujeres dirigiendo a dos equipos. Se trata de Amaia Gorostiza, presidenta del Eibar desde mayo de 2016 y ratificada en elecciones en junio de 2017; y Victoria Pavón, presidenta del Leganés desde julio de 2009. Representan el empoderamiento femenino a gran escala, en un mundo dirigido en un 90% por hombres. Estas dos presidencias son una gran noticia, teniendo en cuenta que no había mujeres al frente de equipos de Primera División desde Teresa Rivero en el Rayo Vallecano entre 1999 y 2011 y Ana Urquijo en el Athletic de Bilbao entre 2006 y 2007. Dos presidentas que serían tres si no se hubiese destituido a Layhoon Chan del Valencia en abril de 2017.

El Leganés ha sido uno de los clubes que más se ha involucrado en causas sociales, aunque no sabemos si por influencia de su presidenta. En diciembre de 2016 secundó la iniciativa de Panenka y su capitán lució en la jornada 14 el brazalete con los colores de la bandera arcoiris, al igual que volvió a hacerlo recientemente en un partido contra el Real Madrid. El último caso fue el 18 de noviembre de 2017. Ante el Barça, y en Butarque, lució su segunda equipación de color lila para solidarizarse con la lucha contra la violencia machista.

Por otro lado, la creciente implicación de las mujeres tanto en las gradas de animación como a primer nivel institucional, contrasta con el estancamiento del número de socias en los clubes con más socios del fútbol catalán. El Barça en 2008 logró 162.979 socios, entre ellos 37.825 eran mujeres. Diez años después, con el censo de 2017, el Barça registra 38.091 socias. El número es casi idéntico, como las 37.826 mujeres que se contaron en 2016. Mientras que el Espanyol, club con un censo entorno a los 25.000 socios, no consigue llegar a las 6.000 socias. Solo se superó esta cifra la temporada 2012/13 con 6.409 mujeres registradas. Desde entonces ha descendido y en la temporada actual hay 5.770 chicas abonadas al club.

Acabar con el estigma de “novias de”

Dentro de esta lucha, la estigmatización es el principal obstáculo. A las niñas se las etiqueta de poco femeninas cuando juegan al fútbol y a las chicas de las gradas de animación de bastas. En este aspecto, Mireia Martínez recuerda que “cuando entré en Desperdicis, muchas de las chicas que estábamos allí éramos novias de algún otro miembro”. Aunque ahora explica que “este papel de sumisión tanto dentro como fuera de las gradas se ha ido rompiendo”, ya que muchos de los grupos han creado sección femenina y las mujeres ya asisten a las concentraciones por iniciativa propia.

Si bien se puede entrar en este mundo a través de amigos, de amigas o de una pareja, Ane Kurtijo explica que algunas chicas pueden echarse atrás “porque a menudo se etiqueta a los grupos de animación de violentos”. La aficionada del Barakaldo detalla que “es cierto que es un mundo muy masculinizado pero, en este aspecto, la prensa ha tildado a todos los grupos por igual y, si no se conoce toda su realidad, es difícil sacarse la etiqueta de encima”. Sin embargo, Andrea Sánchez de Rudes Lleida remarca que “para entrar en uno de estos grupos es necesario tener un posicionamiento ideológico marcado y unas convicciones políticas y sociales claras”.

 

“En la grada se tiene que luchar como en la resto de ámbitos y esto se consigue no callándose nunca ante situaciones de machismo”

El poder de la grada

Cierto es que las acciones de los grupos de animación no se reducen únicamente a lo que se ve dentro de los estadios. Además de talleres, charlas y campañas políticas y sociales, “el colectivo es como una familia”, detalla Lara Morgado de Dones Albinegres. “No es solo ir a animar, sino comer juntos, apoyarnos en nuestros problemas del día a día e intercambiar opiniones de todo tipo”, relata.

Los testimonios detallados son de clubes apartados de la élite del fútbol, clubes de Segunda División B y Tercera. Su radio de influencia es más local, pero igualmente efectivo para hacer pedagogía dentro de sus núcleos. Al máximo nivel competitivo se conoce a una de las gradas más potentes del fútbol español: Bukaneros del Rayo Vallecano. A parte de sus campañas en el barrio de Vallecas, durante el mercado de invierno de 2017 evitaron el fichaje de Roman Zozulya porque había informaciones que vinculaban al jugador ucraniano con un movimiento neonazi de su país.

Ante esta muestra de poder relacionada con la convicción de los propios valores, la pregunta es si en un futuro los socios de un equipo podrían llegar a vetar el fichaje de un jugador con antecedentes machistas. En los últimos años, el foco mediático de la prensa ha señalado cada vez con más fuerza los casos de violencia machista. Queda por ver si el fútbol, como espejo de la sociedad que es, rechaza y castiga con más fuerza estos comportamientos. Por el momento se pueden parar partidos, incluso suspender, si un jugador escucha cánticos racistas, pero aún no se ha vista una respuesta igual cuando las consignas son machistas.