28 escritores, periodistas, poetas, cineastas, profesionales y futbolistas sevillanos, o residentes en Sevilla, igualados en una balanza -14 por cada equipo y de forma alterna-, escriben sobre la máxima rivalidad de la ciudad: Betis-Sevilla. Cada relato tiene el mismo motivo: el derbi futbolístico local. Recuerdos y presente, razón y sentimiento, crimen y castigos, pasión y familia, “guasa” y regates, tradición y modernidad, todo se conjuga en una dialéctica de alto voltaje literario. Buenas letras en torno a un deporte que siempre ha generado literatura de calidad. Esto es lo que puede encontrarse en ‘El derbi final. Relatos sobre la rivalidad del fútbol sevillano’, un libro editado  por El Paseo, y del que a continuación publicamos un pequeño avance. El texto que sigue se corresponde con el primer capítulo de la publicación, ‘Declaración de seleccionadores’, que actúa en la obra a modo de prólogo. 

 

Dice el escritor argentino Eduardo Sacheri en su delicioso libro de cuentos sobre fútbol La vida que pensamos, que un niño puede cambiar varias veces de equipo de fútbol, sobre todo si abundan tíos y primos mayores dispuestos a comprar con balones y camisetas la fidelidad de un corazón novato, pero que el día en el que se llora por uno, ya no hay vuelta atrás, puesto que de la alegría se puede volver, pero no de las lágrimas.

Ser de un equipo como el Betis o el Sevilla es algo de lo que es imposible regresar. Nuestros equipos nos han dado muchas ocasiones, aunque uno más que otro, para las lágrimas y quizás por eso los sentimientos que profesamos hacia ellos sean muy fuertes, aunque también por esta causa disfrutamos mucho más de las alegrías que aquellos otros para los que la victoria no es más que una obligación.

Cuando surgió hacer un libro sobre nuestra rivalidad, pensé también en la oportunidad de demostrar que la rivalidad entre nuestros equipos de fútbol es, por lo general, mucho más sana, civilizada y divertida que en otros lugares. En cualquier ciudad del mundo los hinchas de un equipo lo son por la mano que les llevó un día al estadio y por las lágrimas que alguna vez derramaron, pero la forma de ver al otro tiene que ver con la cultura que nos enraíza a la tierra y en esto, perdonen los demás, somos un pueblo sabio.

Manuel Machuca

 

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La relación entre hermanos es, en sí misma, un conflicto. Iguales padres, la misma casa, una historia compartida viéndonos las caras. ¿Por qué a uno le va mejor que al otro? En un enfrentamiento, ¿quién prevalecería? ¿Cuál es el preferido de su gran familia? ¿Quién es más popular? ¿Quién es más exitoso? ¿Cuál es mejor?

Vemos en nuestro hermano los defectos invisibles, conocemos los puntos débiles, pasamos por alto sus virtudes, sobre todo si nos son ajenas. Compartimos dormitorio, nos vemos celebrar, nos escuchamos llorar en la oscuridad. Nadie nos saca más de quicio. No hay peor enemigo que el que tenemos dentro.

Una victoria con un rival desconocido y lejano nos deja un gusto tibio, ganarle un partido a tu hermano te da una dimensión real de la importancia de lo conseguido, conocemos sus gestos, entendemos su lenguaje, volvemos al mismo origen. En el arte es imposible perder y es milagroso ganar.

Seremos testigos de una batalla entre hermanos, dos entidades que se necesitan. Son mejores cuando chocan entre sí. Son peores cuando no se miran a la cara. Están encerrados en la misma ciudad. Los detalles los definen. Algo tan absurdo como el color de una camiseta nos pone de un lado o de otro. Se llenan de palabras y frases hechas para disfrazar lo iguales que son.

Joaquín DHoldan


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Una vez le pregunté a mi abuelo por qué decidió ser del Betis. Mi abuelo respondió: «Porque me dio la gana». De modo que, por impulso o una especie de capricho, mi abuelo se hizo del Betis y transmitió esa elección a sus ocho hijos, entre ellos mi padre, quien nos otorgó la condición bética a mí y a mis dos hermanos, y ya la cadena llega hasta mi sobrino.

Pero ser del Betis para nosotros ya no resulta una elección impulsiva. Desde que mi abuelo cogiera de la mano a mi padre y a mi tío Antonio y los llevase a vender refrescos al Villamarín andando desde la carretera de Su Eminencia, somos del Betis como filosofía de vida. El Betis, como a mí me lo han enseñado, es reflejo del pueblo obrero, y en mi familia, hasta el día de hoy, no ha existido otra clase que la obrera. Somos, como el Betis, eternos aspirantes a cambiar de suerte.

Casi al mismo tiempo que somos adiestrados en el amor a las trece barras verdiblancas se nos enseña a identificar al enemigo. El Sevilla aparece desde la cuna como ese equipo al que hay que vencer siempre. Se nos educa en la rivalidad (pasa igual del otro lado) y desmerecemos al otro hasta que un día concluimos que el Betis no puede existir sin el Sevilla ni el Sevilla puede continuar sin el Betis.

Por eso este libro, por demostrar que Betis y Sevilla son contingentes, pero enfrentados resultan necesarios. Necesarios para Sevilla y para España, que moriría de pena si no nos tuviese.

José Ibáñez

 

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Sevilla es una ciudad polarizada: los «rancios» contra los «progres», los «señoritos» versus los «siervos», aquéllos que se enorgullecen de las fiestas tradicionales, y aquéllos que se avergüenzan de las fiestas tradicionales. A mi juicio, la única pasión que allana todas las demás diferencias de esta ciudad es la pasión por el fútbol. En mi intento de fichar talento tanto para el equipo bético como para el equipo sevillista de este libro, he intentado reclutar a escritores con una gran variedad de creencias sociales y políticas. Me satisface ver en el mismo equipo a escritores que, en cuestiones supuestamente de más peso, andarán a la greña. Igualmente gratificante es ver jugar en equipos distintos a aquellos que son correligionarios en casi todo lo demás. Quizá por ser de fuera, y por haber encontrado la felicidad en la que para mí es la ciudad de nunca jamás, soy incapaz de querer que uno de sus equipos pierda. Cuando los dos grandes equipos de la ciudad se enfrentan, aliento al Betis, o sea, al equipo que amo por una mezcla de naturaleza y azar, pero siempre con la espina clavada por no poder alentar a ambos. Con este libro, con este derbi, los dos equipos ganan, por estar juntos, jugando en nombre de las buenas letras. Que vivan las buenas letras y el fútbol de Sevilla.

John Julius Reel