Poco a poco vamos conociendo el libreto utilizado por Ernesto Valverde en el FC Barcelona. Aunque sea en pequeñas dosis y variando por momentos los ingredientes, el equipo empieza a interiorizar las ideas del extremeño, lo que permite conocer sus recetas y comenzar a degustar algunos aperitivos que anticipan lo que puede ser este nuevo Barça. Tras un verano convulso, marcado por la inesperada –o no tanto– marcha de Neymar, y las complicaciones para cerrar fichajes que ilusionaran a la afición, sus jugadores empiezan a enseñar las primeras consignas demandadas por el técnico. Además, el infortunio de la baja de Dembélé ha querido que el equipo deba rearmarse, buscando variantes a un juego que, aunque sin ser brillante, por el momento está trayendo buenos resultados a los del Camp Nou.

La primera premisa parece clara. La solidez defensiva está siendo una de las bases sobre las que se sostiene el equipo. Si no concedes goles, y con la calidad que se le presupone al Barça, es muy difícil no ganar. Esta lógica casi cruyffista parece haberse instalado como una semilla en el vestuario de un equipo que solo ha encajado tres goles en lo que va de temporada –Supercopa de España al margen–. Valverde parece haber detectado el problema. Su solución: un equipo más junto, más solidario y efectivo en la presión tras pérdida, que a la espera de la brillantez que atesoraba, ha empezado concediendo pocas ocasiones en base a un juego pragmático y sin grandes alardes. En este apartado, mención aparte merece la solvencia que está mostrando Samuel Umtiti en el centro de la zaga, asentado como un indiscutible en el esquema azulgrana. A la espera de la mejor versión de Piqué, el central galo ha asumido con naturalidad un rol principal en el sistema defensivo y no parece acusar su escaso año de bagaje en el club.

Un equipo menos brillante, menos virtuoso y menos espectacular, pero también más efectivo, más pragmático y más coral

El segundo punto innegociable es el protagonismo del centro del campo. Una franja con más hombres y menos distancia entre ellos que hace que los Busquets e Iniesta vuelvan a sonreír. En los fogones del equipo, donde se cocina el juego, Valverde ha diseñado un esquema con un dibujo asimétrico. El extremeño plantea un centro del campo con un triángulo escaleno que se aleja del pivote con los dos interiores que siempre habían caracterizado al Barça en los últimos tiempos. Este aparente desorden equilibrado ha tenido su impacto directo en hombres como Rakitic, más protagonista que en años anteriores. Más cerca de Busquets, el croata ha elevado su número de intervenciones por partido, y al trabajo táctico elogiado en el pasado le ha sumado una mejor interpretación de la asociación, ayudado por la presencia de un Messi centrado, ejerciendo de ‘10’. Aproximándose a Iniesta para dar luz a los azulgranas, el argentino campa libre y lo hace sin la rémora de tener que pensar en quién cubrirá su puesto a la hora de defender, algo que también ha beneficiado a Rakitic. Valverde parece haber explotado la versión más anárquica y soberana del rosarino, en un camino hacia el centrocampista total que muchos ya vaticinaban hace tiempo. Más cerca del manchego, el otro gran faro de este Barça, los aficionados culés han podido disfrutar de los mejores momentos de juego en lo que va de temporada.

A pesar de la lesión de Dembélé, que lejos de sustituir a Neymar en la izquierda se había instalado en el perfil contrario, el técnico sigue apostando por poblar la banda derecha, consciente de la debilidad que suponía la presencia del astro argentino en esa zona cuando el equipo defendía. Ya sea con Deulofeu, Aleix Vidal, André Gomes o incluso un polivalente Sergi Roberto, la presencia de un hombre cerca de la cal asegura fortificar una zona que Semedo está conquistando a base de exhibiciones de poderío físico y concentración en lo táctico. Con esta distribución, aparentemente desordenada pero efectiva, el equipo ha recuperado el equilibrio y la organización, con un Jordi Alba libre para volar por la izquierda, más incisivo y profundo que nunca tras concentrar la atención y el mayor número de efectivos en el otro lado.

El último gran punto a destacar, a la espera de nuevos capítulos, es la versatilidad y alternancia en los nombres. Algunos de los beneficiados están siendo Denis Suárez, el propio Sergi Roberto o Paulinho. El brasileño ha mostrado sus virtudes en solo un puñado de partidos, exhibiendo su conocida llegada y explotando su fortaleza física. Unas capacidades que Valverde está sabiendo potenciar en tramos de juego oportunos, a la vez que esconde algunos de los defectos que generaban dudas en el entorno. Sin embargo, la utilización de un perfil como el suyo en determinados partidos puede ser una buena herramienta para desatascar encuentros teñidos por la previsibilidad y la falta de movilidad que ha vivido con frecuencia el Barça en los últimos tiempos. El ex de Corinthians, entre otros, es el fiel reflejo de lo que son en este momento los azulgranas. Un equipo menos brillante, menos virtuoso y menos espectacular, pero también más efectivo, más pragmático y más coral. Una lista de pros y contras que, a pesar de mostrar un Barça poco preciosista y bastante terrenal, por el momento está trayendo resultados positivos que apaciguan la ansiedad que amenazaba con instalarse en el barcelonismo.