Me gusta pensar en la derrota como una simple consecuencia, un desenlace al que se llega después de aciertos y errores. Pensar así hace que pierda mucho peso y que, sin restarle la tristeza que provoca, se haga algo más llevadera. Más allá de lo que puedas llevarte para intentar que no se vuelva a repetir, de ver en qué eres débil, de quejarte de lo que no has podido hacer, a veces, simplemente, pierdes.

Entender las derrotas como algo que te ayuda a crecer es un aprendizaje, una herramienta didáctica, pero no deja de tener un punto oportunista, porque cuando el árbitro ya ha pitado el final no hay nada que puedas hacer para cambiar lo hecho hasta entonces.

 

Mi experiencia con compañeros indios me ha iluminado también en este sentido. Nada más terminar lo hecho, sea para bien o para mal, siempre son capaces de sonreír. Aceptan el resultado

 

Recuerdo que hace muchos años, en el vestuario del Rayo Vallecano, después de un partido en Córdoba donde perdimos, un compañero puso música con el altavoz nada más acabar el partido. Aquello provocó instantáneamente el cabreo de nuestro entrenador, al que le pareció que aquel no era un buen momento, justo depués de haber perdido. Pero al día siguiente, el míster nos reunió a todos en el entrenamiento y le pidió disculpas. Aceptó aquel hecho como una lección. La mejor manera de pasar página lo antes posible después de algo negativo es simplemente eso, pasarla. Y siempre que se pueda después de haberla leído. No hace falta decir que no siempre es sencillo, porque además hay páginas que pesan mucho. Y otras que cuestan mucho leer. Pero hasta que no pulsas el botón el crono no arranca.

Supongo que es por costumbre, porque para su desgracia han tenido y tienen que pasar muchas páginas a lo largo de su vida, pero mi experiencia con compañeros indios me ha iluminado también en este sentido. Nada más terminar lo hecho, sea para bien o para mal, siempre son capaces de sonreír. Aceptan el resultado porque, como siempre, ganar o perder solamente forma parte del juego.

Es verdad que esa filosofía, o el no tener que sufrir tanto después, tiene como consecuencia que a veces no pongan todo lo que se les puede pedir para lograr la victoria. Pero también tengo la sensación de que han ido desarrollando un “tarannà” (expresión que utilizamos en Catalunya para referirnos a “una forma de ir por la vida”) de curarse en salud de disgustos a base de esfuerzos en balde y no por su falta de actitud. Muestra de ello es cualquier encuentro de nuestra competición, donde siempre, en cualquier momento, de cualquier manera, cualquier equipo puede ganar a cualquier rival en cualquier partido.

Estamos a dos encuentros de terminar la Liga regular y, aunque no matemáticamente, ya no tenemos opciones de jugar las semifinales. Ayer por la noche en la cena todas las caras estaban serias, perdimos y nos quedamos fuera. La decepción era obvia. Y esta mañana en el entrenamiento algunos de los compañeros extranjeros seguían con la cara larga; uno incluso me ha comentado que le molestaba que hubiera jugadores a los que parecía no importarles nuestra situación. Y yo le he preguntado cuál era la mejor manera de superarla, de olvidar el partido de ayer. Su respuesta a venido a ser un “pasar página”. Ellos ya lo habían hecho. De nuevo, otra cosa en la que los indios son mejores que nosotros.