Hay dos formas de imaginar un partido.

En una, el entrenador se concentra en visualizar que su equipo va a hacerse con la pelota casi en exclusividad, que tendrá un bloque defensivo tupido frente a sí, que deberá fragmentar determinadas relaciones entre sus piezas mientras circula el balón. Ese podría ser perfectamente el Bayern de Múnich de Pep Guardiola.

En otros cerebros las cosas se conjeturan de distinta manera. Se requiere precisamente de un equipo que necesite armarse a través del pase para inventar las circunstancias de recuperación y transitar a toda velocidad sobre los espacios que quedaron desocupados por un adversario que a medida que avanza suma sujetos por delante de la línea del balón. Este podría ser el conjunto de Simeone.

CHOQUE DE ESTILOS

Los alemanes, siempre y cuando sea el entrenador de Santpedor el que construya el plan de partido, jamás traicionarán sus máximas, así como pretender que el Atlético de Madrid quiera avasallar a sus opositores alargando los momentos de posesión es síntoma de mentes trastornadas.

Seguro que Simeone propondrá una presión asfixiante sobre aquellos jugadores que resultan determinantes en la construcción de las situaciones de progresión.

Quizás Alonso no disponga de los tiempos necesarios para activar a los siguientes, que David Alaba no podrá ser el beneficiario en el inicio de las acciones, es decir, que verá restringidas sus posibilidades de soltarse en conducciones profundas, y las interacciones directas sobre los extremos quedarán selladas con el trabajo de los laterales y las ayudas defensivas de interiores y centrocampistas.

PEP ESCONDE UN AS

Está por ver qué tipo de pases priorizará desde su línea de fondo, quiénes serán los protagonistas de las recepciones entre líneas, si saldrá con tres para generar superioridades, o cómo les llevará el balón a los de fuera para así cargar el área con opciones de éxito.

Los del Manzanares viven cómodos alrededor de su punto de penalti, pero el Bayern, tal y como demostró en la eliminatoria frente a la Juventus, es un conjunto que invade dichos espacios con jugadores precisos en el remate. Ahí puede estar el problema para los españoles, porque salir avanzados en busca de recobrar el esférico cerca de Manuel Neuer es tan peligroso como vegetar junto a Jan Oblak.

Para un equipo experto en el juego de posición, la presión alta del rival es una bendición, ya que los desplazamientos y los ritmos de los que acosan son esa fuente inspiradora que les va señalando y guiando hacia las zonas de desequilibrio.

Los bávaros tienen un contexto complicado puesto que los rojiblancos no se doblegan nunca, jamás se impacientan y rara vez se desabrigan. Cualquier error de medida del riesgo puede ser decisivo porque los que organizarán el contraataque no son los futbolistas que tienen en sus plantillas la gran mayoría de los equipos de la Bundesliga. Griezmann, Carrasco o Torres no necesitan segundas oportunidades. Morata ya les avisó.

 

Los bávaros tienen un contexto complicado puesto que los rojiblancos no se doblegan nunca, jamás se impacientan y rara vez se desabrigan

 

Por su parte, los madrileños tendrán delante el desafío de detener a varios de los extremos de mayor calidad a nivel mundial. La determinación de Douglas Costa, Coman, Ribery o Robben es ganadora, así como es vencedor cada desplazamiento entre unidades defensivas de Lewandowski, Müller o Arturo Vidal.

Entre el uso del balón y la utilización de los espacios ampliados está el juego. Ambos entrenadores sospechan el partido en función de las capacidades de relación de sus jugadores, verdadero manantial de los conceptos de ambos estilos de juego.

Ojalá gane el fútbol, así ganamos todos.