El 5 de mayo de 1996 la Unión Deportiva Aspense y el Orihuela Deportiva estaban citados en el Campo de Las Fuentes. Esa tarde, el equipo local consiguió una de esas victorias tristes que nadie quiere conseguir. Aquel domingo, después de meses de tensión por las deudas acumuladas y las promesas vacías, los jugadores del Orihuela Deportiva habían decidido quedarse en su ciudad y no viajar para disputar el partido. Fue su primera incomparecencia en la categoría, su primer paso a ciegas hacia desaparición. Los aficionados de la Unión Deportiva Aspense se fueron a casa con un 3 a 0 a favor y los puntos en el bolsillo, pero con la extraña sensación de que el fútbol, ese deporte que te saca de casa a la hora de la siesta, tenía que ser otra cosa que no tener rival al que enfrentarse. Sólo dos años después de aquel partido que no pudo disputarse, en Aspe también conocieron de cerca esa oscuridad: la Unión Deportiva se extinguía y les tocaba a ellos irse a pique en el mar de las deudas.

Cuando un equipo desaparece, desaparecen también los domingos por la tarde, las empanadillas del descanso no vuelven a saber igual, se pierde el sabor heroico de las victorias a domicilio y el calor fraternal de la grada local se escapa por las cuatro esquinas del campo. Todavía queda la tele y el transistor para los aficionados, pero eso sólo es fútbol a medias. Algo así debieron pensar los jóvenes aspenses que dieciocho años después se arremangaron para poner en pie un nuevo proyecto en el pueblo y el pasado 25 de febrero dieron a conocer su iniciativa, que basada en los principios del Fútbol Popular, pretendía recuperar los orígenes de la Unión Deportiva bajo los valores de ese fútbol que regatea al negocio. Tutelados por el CAP Ciudad de Murcia, uno de los clubes pioneros en Europa,  pronto descubrieron que paralelamente, a muy pocos kilómetros de Aspe, un grupo de oriolanos se había reunido para reorganizar al Orihuela Deportiva, el mítico equipo alicantino que militó hasta dos veces en Segunda División. Quizá porque han vivido en sus propias carnes el drama de tirar la toalla, hoy, ambas formaciones son los dos primeros equipos de toda la Comunidad Valenciana en llevar orgullosos la bandera del fútbol popular. Por eso, a los socios del Aspense se les ha ocurrido que no hay mejor declaración de intenciones que presentarse ante sus aficionados para jugar el partido que nunca se jugó.

En el pueblo ya está todo preparado para que se dispute el encuentro. Entre Aspe y Orihuela hay apenas cuarenta y cuatro kilómetros, una distancia que ambos equipos han tardado veinte años en resolver. El sábado, la Unión Deportiva Aspense y el Orihuela Deportiva se han citado para resolver sus deudas con el balón y los dos equipos tienen un único objetivo: Subir. Pero subir a Las Fuentes para animar a sus plantillas, porque el accionariado popular ha llegado a la Comunidad Valenciana para quedarse. Porque cuando algunos viejos futbolistas, que se dejaron las espinillas por el Aspense y el Orihuela, acudan el sábado al estadio con sus hijos ahora accionistas, al ver rodar el balón en el campo y a las aficiones en la grada podrán pensar por fin: el fútbol es otra cosa.